No podían pronunciarlo, pero miles de estadounidenses entendieron ayer lo que significa psicotropical. Los ticos de Sonámbulo marcaron a quienes los oyeron en el festival Austin City Limits

Por: Víctor Fernández G. 14 octubre, 2012
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Austin, Texas. “Íbamos para el baño pero, cuando pasamos por el escenario Zilker, oímos muy buena música. Tuvimos que quedarnos y fue increíble. ¿Cómo dices que se llama la banda? ¿Es cierto que son de Costa Rica?”.

Sarah Wilson es texana de pura cepa, se le nota en el acento. La señora (no reveló su edad) no había oído hablar en su vida de Sonámbulo ni sabía cómo se come eso de psicotropical. Sin embargo, desde ayer, se cuenta entre los seguidores del pegajoso ritmo.

Sonámbulo Psicotropical le aportó al festival Austin City Limits uno de los episodios más movidos de su actual edición... y cuidado y también de todas las pasadas.

Los 11 músicos nacionales cumplieron las expectativas puestas en ellos por la productora C3 Presents y, por espacio de poco más de una hora, armaron un bailongo que congregó a varios miles de personas en su escenario.

Aquel revoltijo de funk , cumbia, salsa y reggae fue demasiada tentación y, a juzgar por la ropa empapada de sudor con la que terminó la audiencia, la faena se cumplió al pie de la letra.

Al frente, la barra tica. Bajo el toldo del escenario Zilker, la muchachada empezó a congregarse mucho antes de que Sonámbulo iniciara con lo suyo.

Ganadores de promociones, familiares, ticos residentes en Texas, periodistas y fiebres sin mayor vínculo que el amor por la música, se apelotaron al frente de la tarima, cobijados por la bandera tica y gritos propios de la gradería de sol.

Para los sonámbulos, aquel calor de hogar fue un ánimo adicional. A las 2:30 p. m. en punto, la agrupación empezó lo suyo, con una intro instrumental que despertó a quienes retozaban en el acogedor césped del parque.

Lo que siguió fue pura adrenalina: con múltiples voces, con un espacio para que cada ejecutante se luciera, con gente bailando a ambos lados de la barricada.

Los fotógrafos de medios estadounidenses tuvieron dos canciones para retratar a los ticos y fue gracioso verlos apuntados al zapateo. Mientras tanto, todos los movimientos del grupo eran registrados por dos secuaces frecuentes de la escena del rock tico: el fotógrafo Pablo Cambronero y el realizador Marlon Villar.

Pronto tanto pie en movimiento levantó una polvareda, mientras el sudor les bajaba a chorros a todos. Así fue por culpa de canciones ya clásicas dentro del repertorio de la banda como Chusma funk , Agua , Jabalí montuno y Zona roja , que para la ocasión incluyó un extracto del célebre El pipiribao , éxito eterno de Jaque Mate y el chiqui-chiqui ochentero.

Además, la sonambulada aprovechó para mostrar temas nuevos, como Maraca , Manifiesto y Cumbia , que vendrán en su próxima producción (aunque, claro, todo lo que tocaron sonó a estreno para el público de la tarde sabatina).

El baile llegó a tal punto que varios ticos se las ingeniaron para burlar a la seguridad y unirse a la fiesta sobre la tarima.

Quien más miradas se robó ayer fue una joven en especial, para quien aquel concierto tuvo una fuerte carga emocional. Se trataba de Nora, hermana de Daniel (cantante) y David Cuenca (guitarrista), quien reside en Estados Unidos. La hermandad en su máxima expresión.

Para cuando Sonámbulo se despidió de Austin, la gente tenía los ojos abiertos, los oídos felices y los pies agotados.

La jornada musical estaba lejos de terminar y por delante estaban presentaciones muy esperadas como las de The Roots, Crystal Castles, el popularísimo Gotye, Jack White y el veterano Neil Young.

A ellos, los sonámbulos los verían entre el gentío, como uno más. Sin embargo, identificarlos entre la masa era sencillo: sus enormes sonrisas los delataban.