El 23 de abril se cumplirán cuatro décadas desde el lanzamiento de uno de los discos más trascendentales del punk y del rocanrol en general. Su legado aún se puede tocar

Por: Alessandro Solís Lerici 20 abril, 2016
CBGB, la casa de los Ramones y de todas las bandas afines de la época. Aquí, el cuarteto en directo en 1976. // Fotografía: Roberta Bayley/The New York Times para LN.
CBGB, la casa de los Ramones y de todas las bandas afines de la época. Aquí, el cuarteto en directo en 1976. // Fotografía: Roberta Bayley/The New York Times para LN.

¿Cuántas camisetas con el logo o el nombre de los Ramones circularán en las calles? Es probable que esa pregunta eternamente se mantenga sin respuesta. No es posible lanzar un dato exacto, pero el cálculo es que anda por los cientos de miles de ítems. A falta de cálculos, un dato curioso: cuando el cantante Joey Ramone murió, hace 15 años, se dijo que una tienda de ropa mandó a hacer 10.000 camisetas más.

Eterno símbolo de pertenencia para todo tipo de roqueros alrededor del mundo, la camiseta de Ramones trascendió –evidentemente– a la música y se convirtió en un ícono representativo para quien tenga lazos con el rocanrol de antaño, por encima del punk o la cantidad de acordes.

Pero, ¿trascendió la música de aquellos hermanos falsos tanto como sus aportes a la estética de lo alternativo? La interrogante acaece en un momento en el que los Ramones regresaron a los titulares, de cara al cuadragésimo aniversario de su disco debut Ramones , lo que paralelamente impulsó una exposición de afiches y memorias de la banda en el Museo de Queens, en Nueva York.

40 años después de que el mundo conociera y escuchara aquel impetuoso grito de “ Hey ho, let’s go! ” que cantaba Joey en el coro de Blitzkrieg Bop , los Ramones parecen seguir en todas partes.

Lo no virtuoso. En un especial preparado por The Guardian para celebrar el aniversario del álbum homónimo, Danny Fields –quien fuera el mánager de Ramones durante sus años mozos– resumió el vacío que vinieron a llenar las 14 canciones –que juntas no llegan a los 30 minutos– que conforman ese disco debut.

“La gente estaba ya cansada de Deep Purple y Emerson, Lake and Palmer y toda esa pretenciosidad de los años 70”, dijo Fields. “Querían conocer el secreto detrás de la fama de Ramones. Les dijimos que no era acera del virtuosismo, sino del ‘simplemente hacerlo’. La banda comenzó toda la ética de ‘hazlo tu mismo’ y de ‘no es necesario tocar bien’”.

Tocar bien sus instrumentos claramente no era una prioridad para Joey Ramone ni para sus “hermanos” Johnny, Dee Dee y Tommy (por si no ha quedado claro: en realidad no eran familia). Tampoco es que tocaban todo mal, pero Ramones tenía música exageradamente sencilla con letras cuasi infantiles y tontas, que no exigían mayor uso de las neuronas pero sí contagiaban con placer, diversión y desenfado.

Prostitución masculina, uso de drogas, nazismo, violencia y desenfreno fueron algunos de los tópicos comunes en las letras del disco. Los acordes eran tres o cuatro. La energía, por otro lado, se sentía calcada de sus enérgicos conciertos en el mítico local neoyorquino CBGB, a pesar de que tenía trucos de estudio imposibles de traspasar al escenario.

Afiches en la exposición de Ramones en el Museo de Queens, en Nueva York. // Fotografía: Willie Davis/The New York Times para LN.
Afiches en la exposición de Ramones en el Museo de Queens, en Nueva York. // Fotografía: Willie Davis/The New York Times para LN.

No solo la música era rápida, como la banda sonora de la combustión espontánea, sino que todo alrededor del disco fue convulso e inmediato: en febrero de 1976 el cuarteto ingresó al estudio con dinero de Sire Records, disquera que los había firmado cuatro meses atrás. Con un presupuesto de $6.400 (en una época en la que ya se grababan discos por $500.000), Ramones quedó listo en seis días.

El 23 de abril salió a la venta y el impacto fue menor de lo que nos podríamos imaginar hoy: entró al puesto 111 de la lista de los discos más vendidos de Billboard y la mayoría de críticos ni siquiera revisaron el material, dando por sentado un movimiento musical y social que décadas después sería celebrado como infalible en el desarrollo del punk (Ramones fue pionero de la escena al mismo tiempo que pares como The Clash y Sex Pistols).

No obstante, los críticos que sí se fijaron en el material no escatimaron en piropos. El venerado Robert Christgau escribió que algunos de los temas tratados en las letras lo incomodaban, pero aseguró que el buen rocanrol tenía que incomodar al oyente, y que Ramones hacía justo eso.

La Rolling Stone , por su parte, señaló el error que cometían los programadores de radio al no ponerle atención al punk en la época, especialmente a los Ramones, y manifestó: “Esperamos que estos tipos vendan más discos que los centavos de Elton John”.

Aquello no sucedió de esa forma: no fue hasta hace dos años que Ramones fue certificado con un disco de oro, por finalmente vender la copia número 500.000, 38 años después de su lanzamiento y a pesar de que el disco incluye un par de éxitos radiales que todavía suenan en todo el mundo.

Influencia. Muchas veces, el impacto de una obra artística no puede medirse a través de ventas o reproducciones, sino de lo que generó en otros artistas. Ese es, justamente, el caso de Ramones .

Si bien el álbum está lejos de ser uno de los más vendidos de la historia, fueron las personas que lo escucharon las que a la postre le rindieron el culto que se merecía. Por ejemplo, la mayoría del punk que surgió después de 1976 lo hacían músicos obsesionados con la música de Ramones. Incluso, bandas contemporáneas y que compartían los mismos espacios que el cuarteto manifestaron influencia inmediata cuando salieron esas primeras 14 piezas.

Johnny Ramone en el CBGB, en 1976. // Fotografía: Roberta Bayley/The New York Times.
Johnny Ramone en el CBGB, en 1976. // Fotografía: Roberta Bayley/The New York Times.

Black Flag, Green Day y Misfits, tres de las agrupaciones más trascendentales del punk , existieron impulsados por Ramones. Dead Kennedys, Bad Religion, Descendents, Social Distortion, Ministry, Nirvana y Dream Theater son solo otros de los grupos que han responsabilizado a los Ramones de haberlos influenciado.

Incluso, la banda de metal Motörhead le dedicó una canción a los Ramones, y el tema se convirtió en uno de los más aclamados de su repertorio.

El legado no muere, y eso es evidente con la exposición que se lleva a cabo actualmente en Nueva York, cuyo curador Marc Miller se refirió a la banda en una entrevista con The Guardian , en la que manifestó: “Lo especial de Ramones es que presentaban las cosas con la simplicidad más grande, y hacían lo mejor que podían para encontrar la verdad más básica”. Y es cierto: nadie necesita 70 notas musicales para animarse a hacer algo; con “Hey ho, let’s go!” basta y sobra.

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