La cantante española complació al público costarricense, durante la noche del pasado miércoles, en un concierto en el que se mostró cercana, divertida y con un vigor inagotable sobre las tablas.

Por: Alessandro Solís Lerici 22 mayo, 2015
Rosario Flores no consiguió quedarse quieta durante el concierto del miércoles. / Fotografía: Jorge Navarro.
Rosario Flores no consiguió quedarse quieta durante el concierto del miércoles. / Fotografía: Jorge Navarro.

La reina de la rumba no viste con alta costura ni sigue protocolo alguno. Le agrada el contacto cercano con los suyos, pero también busca sacarlos de sus zonas de confort. Como parte de la realeza, Rosario Flores no tiene límites en directo.

Acompañada de siete músicos –cuyos instrumentos iban desde cajón peruano hasta guitarra flamenca–, la artista española le extendió la mano, la voz y el alma al Teatro Popular Melico Salazar, en San José, la noche del miércoles 20 de mayo.

A las 8:05 p. m., luego de una ascendente introducción, Rosario puso en el escenario su cuerpo y toda la tradición musical que en él resguarda. Usando botas hasta las rodillas, un short , una blusa y una chaqueta, la cantante estaba lista para hacer piruetas y cantar al mismo tiempo, como si la suya fuera la música más enérgica en la faz del planeta Tierra.

“¡Costa Rica, olé, buenas noches! No saben la emoción que me hace que cada vez que vengo, y se venden las entradas, y la gente viene a verme, y se saben las canciones. ¡Muchísimas gracias por estar aquí!”, exclamó Rosario justo después de terminar de cantar Yo me niego , primera pieza de la velada.

La audiencia se mantuvo casi en reposo durante las primeras canciones del repertorio, sin ser tacaña con el aplauso, pero tampoco demasiado involucrada.Por mientras, ella hacía gala de sus pasos de flamenco y cantaba tonadas como Oye dime luna , Mi gato , Al son del tambor y Comenzamos a flotar .

No obstante, la quietud del público llegó a su final de la mano de Te quiero, te quiero , clásico de Nino Bravo que ella versionó en Parte de mí (2008), uno de sus discos más relevantes. Los coros del público se hicieron sentir por primera vez ese día con esa pieza.

Rosario conversaba con el público después de casi todas las canciones; hablaba de su familia, de sus deseos de seguir cantando y, especialmente, de la gracia que siente con el calor del público.

Su banda sonaba tallada, pero su voz de vez en cuando se perdía entre el movimiento que involuntariamente le provocaron las canciones elegidas para la velada. Algo de mí , Qué bonito , Algo contigo (incansable himno de Chico Navarro), Mi son y Quiero cantar formaron parte de la selección.

Tras poco más de una hora de concierto, Rosario dijo adiós por primera vez, pero regresó a cantar Los tangos de mi abuela , Aquí aquí , Tu boca y Muchas flores . El aforo se puso de pie, y ella cerró la noche a las 9:45 p. m., diciendo: "Me voy llena de vosotros". El sentimiento era recíproco.