La banda de Chicago tocó más de 20 piezas que hicieron vibrar las paredes del Club Pepper’s, Curridabat.

Por: Andrés Díaz P. 19 mayo

Rise Against sabe muy bien la receta que vende, un punk contestatario e insurrecto acompañado por piezas que apelan al sentimiento de un público juvenil e incansable. La noche del jueves tembló en Curridabat y el Club Pepper's fue el epicentro de un terremoto causado por la energía que liberaron cientos de jóvenes que saltaron, sudaron, gritaron, sangraron pero sobre todo resistieron al ritmo de las canciones del cuarteto formado en Chicago.

La banda de punk nacional Bufonic, que se volvió a juntar para la ocasión, inició el movimiento con sus mejores temas. Fue agradable ver el regreso de los talentosos heredianos, que con piezas como Tiempo en contra y Cosas innecesarias derramaron las primeras gotas de sudor de la noche.

Rise Against saltó al escenario diez minutos tarde pero a nadie le importó, quizá porque de fondo sonaba la inigualable garganta de Chris Cornell en la pieza Show me How To Live de Audioslave. Todos los presentes corearon la canción en honor al cantante que se quitó la vida si acaso unas 20 horas antes. El luto estaba muy fresco y detener la canción a la mitad hubiera sido como soltar un alarido o una vulgaridad en medio de un minuto de silencio.

Tras el improvisado homenaje, por fin salió Rise Against y lo hizo con la fuerza de un huracán pero con el sonido reventadisimo, detalle que bajó los bríos, pero no incomodó. Es un concierto de punk rock después de todo.

El cuarteto abrió el chivo con Ready To Fall, canción que critica el abuso de los recursos naturales y la enorme huella ambiental que ha dejado el ser humano en el planeta. Esta es la salsa que ofrece la banda norteamericana, que se formó en el 2001 en medio de las guerras contra el terrorismo en Afganistán y los tiroteos en el colegio de Columbine.

Los integrantes de Rise Against no solo predican este mensaje de resistencia sino que también lo viven en carne viva. Los cuatro miembros –Tim McIlrath, Zach Blair, Joe Principe y Brandon Barnes– son activistas, vegetarianos y además forman parte de un movimiento conocido como Straight- Edge (cuyos miembros no consumen alcohol, drogas ni fuman).

Este contestatario e insurrecto discurso se repite en Re-education (Through Labor), Blood, Red White and Blue, State of the Union y Prayer of The Refugee, piezas inamovibles de un setlist que casi no tuvo sorpresas..., casi.

Costa Rica fue la última parada de la gira de Rise Against por Latinoamérica, en 10 días los estadounidenses tocaron siete veces en Chile, Argentina, Brasil y México. La rutina de concierto - aeropuerto - hotel - concierto tuvo que ser demoledora, de hecho el vocalista salió al escenario sin saber que día marcaba el calendario.

"Es bueno estar aquí en Costa Rica una noche de viernes", gritó emocionado Tim Mcilrath, al que corrigieron de inmediato. "Bueno no importa, los jueves también son geniales, son el underdog (el equipo chico) de la semana", bromeó antes de seguir con la siguiente canción, Give it All.

Lo que no se le olvidó a Mcilrath fue su primer concierto en el Club Pepper's, en noviembre del 2012 y hasta lanzó guiño a la belleza de la costa de Malpaís, la cual visitaron después de su debut en Costa Rica. Con esa referencia el cantante de 38 años ya tenía a todo el público en la palma de la mano. Tanto así que la banda se dejó tocar dos canciones de su próximo álbum, Wolves, que saldrá a la venta el 9 de junio.

Tras una hora seguida de reventar gargantas, fatigar pantorrillas y derramar litros de sudor a un ritmo violento, la banda tomó un respiro para bajar los decibeles. Tim sacó la guitarra acústica para tocar baladas, mientras que Zach, Joe y Brandon se tomaban un fresco en el segundo piso en un "cuarto" apenas cubierto por una manta negra, el improvisado camerino del local c urridabatense .

En medio de las baladas Mcilrath hizo una pausa para celebrar la memoria de Chris Cornell. El vocalista de Rise Against rememoró una anécdota en la que él y su homólogo de Soundgarden y AudioSlave compartieron el escenario en Australia.

"Me acuerdo que conversando con el legendario Chris Cornell me dijo que si quería cantar con él Hunger Strike de Temple Dog (dúo entre Cornell y Eddie Vedder)".

"Él me preguntó que si quería hacer su parte o la de Vedder, yo de inmediato le contesté que la de Eddie porque nadie en este mundo puede cantar como Chris Cornell", recordó Tim antes de dedicarle Swing Life Away a la memoria de su amigo e ídolo.

Tras el homenaje, Rise Against retomó la velocidad con piezas como Survive, Audience of The One y la sorpresa de la noche Behind Closed Doors, que, según el portal setlist.fm (sitio que recopila el repertorio de varias bandas en los conciertos), esta pieza solo la tocaron en Costa Rica.

Como lo hizo hace cuatro años, la banda de Chicago cerró el chivo con su pieza más popular, Savior  ,  que ironicamente, es una de las pocas en el repertorio que no tiene nada que ver con revolución ni crítica social.

Tim empapado en sudor –todos estábamos sudados– tomó el micrófono, agradeció a la audiencia y prometió volver. Probablemente lo haga, al fin y al cabo, Rise Against ha demostrado que actúa acorde a lo que dice y canta.