El director de la Orquesta Filarmónica asegura que la clave del éxito del grupo está en su honestidad

Por: Yendry Miranda 5 enero, 2015

Ustedes han encontrado nicho en los tributos a artistas. ¿No se cansan de esta dinámica?

En la Orquesta Filarmónica no somos compositores, somos intérpretes. En el país ya hay gente que lo hace (interpretar música original) y lo hace muy bien, así que no veo por qué tenemos que hacerlo nosotros. No hay nada malo en interpretar la buena música, el pecado sería hacer una mala versión de ella. En mis 11 años como director nadie me ha dicho que nos paseamos en las canciones de alguien.

Marvin Araya suele mantener un estilo relajado en la conducción del espectáculo. | ARCHIVO
Marvin Araya suele mantener un estilo relajado en la conducción del espectáculo. | ARCHIVO

¿Lo han criticado por enfocarse en los tributos?

Ninguna orquesta toca música creada por ellos mismos, tienen compositores a quienes les comisionan obras. Lo que pasa es que hay gente que quiere que toquemos lo que ellos hacen, pero si no me gusta su trabajo, ¿ por qué tengo que hacerlo? Yo me dedico a hacer música popular, no me meto a hacer música clásica.

¿Qué hace de la orquesta un producto tan exitoso?

Porque somos honestos con lo que hacemos, si no lo fuéramos sencillamente la gente no iría a nuestros conciertos. Nuestras presentaciones no se toman a la ligera: las preparamos con mucho tiempo, podemos decir que cada una de ellas es un estreno porque hacemos arreglos a la medida de la orquesta para cada tema. La gente nos tiene cariño, sienten que la orquesta se preocupa por ellos. Yo no hago la música que me gusta a mí, lo que hago es porque estoy seguro que a la gente le va a gustar.

Como director usted rompe protocolos: cuenta chistes, anécdotas. ¿Qué lo motiva a tener este intercambio con el público?

Yo soy así: no soy de los directores que toma poses para hacer su trabajo. Es como cuando alguien tiene un restaurante: atiende a la gente como en su casa, lo mismo me pasa a mí: quiero que la gente se sienta en su casa cuando viene a vernos; no me muestro de otra forma y, cuando soy así, la gente se siente cómoda. No trato de ser simpático por negocio.

¿Es consciente de que hay personas que no gustan de ello?

Hubo una época de mi vida en la que se me iba la mano hablando porque quería que la gente entendiera lo que estábamos haciendo. Soy consciente de que he cometido errores, pero siempre estoy dispuesto a escuchar a la crítica.