Dos solistas La orquesta se acompaña de dos jóvenes violinistas, Simone Porter y Daniela Arley, para lucir el alto nivel que se exigió este año

Por: Fernando Chaves Espinach 30 noviembre, 2013
Atento. Marvin Araya dirige la Orquesta Sinfónica Juvenil. Ministerio de Cultura y Juventud para La Nación.
Atento. Marvin Araya dirige la Orquesta Sinfónica Juvenil. Ministerio de Cultura y Juventud para La Nación.

Música emocional, partituras retadoras y solistas sorprendentes: eso promete la Orquesta Sinfónica Juvenil para su concierto de cierre de temporada. Hoy, a las 7 p. m., la agrupación espera lucir todo lo que aprendió durante el año en el Teatro Nacional, en compañía de dos jóvenes violinistas.

“Los resultados se van midiendo y estoy muy satisfecho”, declara el director de la OSJ, Marvin Araya. La orquesta es una institución académica, no hay que olvidarlo: forma a sus músicos y los pone a prueba. “Las obras son difíciles técnicamente e implican mucha madurez musical. Muchos de los muchachos son aún muy jóvenes, y han asumido muy bien esto”, dice.

Dos violinistas jóvenes se unirán a los miembros de la orquesta: la estadounidense Simone Porter y la nacional Daniela Arley. Tocarán obras de Piotr Chaikovski, Édouard Lalo y Gustav Mahler.

Exigencia. La velada empezará con una pieza amada por la solista que la interpretará. Daniela Arley describe el Concierto para violín en re mayor, Op. 35 de Chaikovski como “hermoso”, y procurará que el público se enamore de nuevo del conocido primer movimiento. “Es una obra muy retadora para el intérprete y también para el orquesta”, considera.

¿Cómo darle nuevo aire a una pieza tan popular? Con la vida del intérprete, dice Arley. “Siempre he pensado que los artistas somos como la voz del compositor. Es un honor para mí tratar de transmitir lo que Chaikovski quiso decir”, dice.

Por su parte, Simone Porter se prepara para una obra vibrante y “con algo para cada uno”: cuatro movimientos de la Sinfonía Española , de Lalo. “Habrán momentos de gran energía, y también muy delicados”, explica la violinista.

“El primer movimiento es determinado y poderoso. El segundo es un scherzo , así que es más ligero y coqueto”, describe Porter. Según ella, el cuarto se enfoca en la belleza y complejidad del sonido, mientras que el quinto es libre y salvaje, un recordatorio de cómo “dejarse ir y del simple disfrute de la vida”.

La orquesta se despedirá con un monumento: la Sinfonía n.° 1 , de Mahler. “Es una obra que implica una interpretación muy fiel a los estados de ánimo de Mahler”, explica Araya. Densas, abrumadoras y con picos emocionales variados, Mahler exige un compromiso de sus intérpretes. “Uno tiene que meterse en el personaje y tocar para sentir esas emociones”, añade.

La promesa de la OSJ es un torrente de emociones para un público de mente abierta. La entrada vale ¢7.000. Tel. 2010-1111.