En su tercera cita del año, la orquesta ofrece un recorrido musical que irá del minimalismo de Arvo Pärt a la fogosa energía de Stravinski

Por: Fernando Chaves Espinach 25 julio, 2015

En el tercer concierto de temporada de la Orquesta Sinfónica de Heredia , la música fluirá de un poético silencio a un cuento impetuoso, y del frío Báltico al dramático paisaje boliviano. Con tres estrenos y un clásico del siglo XX, la cita en San Pedro y Heredia promete evidencia de la variedad que busca la orquesta.

La primera presentación se realizará el domingo, a las 11 a. m., en el Teatro Eugene O'Neill (Centro Cultural Costarricense Norteamericano, tel. 2207 -7561 para reservar espacios). La segunda será el lunes, a las 7 p. m., en la Parroquia de la Inmaculada Concepción, Heredia. Ambas citas son gratuitas.

Al frente. “Nosotros hemos hecho de la excepción, la regla”, dice Eddie Mora, director de la orquesta. Mayela López.
Al frente. “Nosotros hemos hecho de la excepción, la regla”, dice Eddie Mora, director de la orquesta. Mayela López.

El repertorio reúne a tres obras europeas con una latinoamericana . “Sentimos que es necesario que, a la par del trabajo que venimos haciendo en la música latinoamericana, contextualizarlo con el pensamiento musical en otras partes del mundo”, comenta el director de la orquesta, Eddie Mora .

Así, el programa incluye piezas como Psalom para cuerdas , del estonio Arvo Pärt, considerado uno de los compositores vivos más influyentes, y el Concierto para trompeta y orquesta , de la letona Ilze Arne, quien arregló la pieza para la orquesta.

Se añadirán el estreno nacional de Transformaciones del fuego y el agua en las montañas , de Alberto Villalpando, y la Suite de la historia del soldado , de Igor Stravinski.

Tal combinación es representativa de la orquesta, que en los últimos años ha destacado por su voluntad de explorar nuevas músicas y enfoques distintos del mundo clásico.

Exploración. El viaje de la Sinfónica de Heredia empezará con una pieza corta que ha sido descrita como “casi evanescente”. Compuesta entre 1985 y 1991, Psalom , de Arvo Pärt, expone la claridad del minimalismo que ha explorado el compositor estonio.

La pieza fue escrita para cuarteto de cuerdas y, en esta versión, la voz de los violonchelos será duplicada por los contrabajos, como explica la música de la orquesta Catherina Tellini, en el video de presentación del concierto.

El académico Dominic Aquila ha escrito sobre la música minimalista del autor: “Pärt no ve el silencio como algo estéril y vacío. En el silencio, existe la promesa de que todo puede ser recreado”.

Joven. Diego Cruz es uno de los músicos de la OSH. Mayela López.
Joven. Diego Cruz es uno de los músicos de la OSH. Mayela López.

En el Concierto para trompeta y orquesta , el solista será también lituano, el trompetista Janis Porietis, quien ofreció clases maestras en la Universidad de Costa Rica, esta semana.

Porietis aprecia los contrastes en la obra: “Su primer y tercer movimientos tienen una idea similar: algo heroico, pero a la vez dulce; el segundo, por su parte, es dramático, muy oscuro”.

A su modo, este acercamiento le parece a Porietis un ejemplo muy general de tendencias de la música de la región báltica. “Siento que mucha de la música de allá, al menos de Letonia, tiene esa cierta tristeza”, comenta.

“No sé si eso tiene que ver con nuestra historia difícil, de luchar por ganar nuestra libertad. Incluso, hace mucho tiempo, nuestras canciones folclóricas son tristes y dramáticas. Muchas, claro, son alegres y joviales; nuestra mentalidad es feliz”, añade Porietis.

Similarmente, las Transformaciones del fuego y el agua en las montañas , de Villalpando, está íntimamente relacionada con la geografía de Bolivia, según el maestro Mora, con ciertas alusiones al desierto, al frío y a lo seco del paisaje del altiplano. Será la tercera pieza que graben de Villalpando, parte del proyecto de registros sonoros que la orquesta ha acometido.

Al cierre, la Suite de la Historia del soldado , de Stravinski, será un contraste en tono e historia. Estrenada en 1918, explota al máximo las capacidades de un septeto y exige dominio pleno.

“Tiene mucho ritmo; la constancia es estar cambiando de tempo, de velocidades. Eso hace que los músicos deban tener alta preparación”, explica el director.

No es usual para una orquesta costarricense interpretar este tipo de repertorio, del siglo XX hasta ahora. “Nosotros hemos hecho, de la excepción, la regla. Hay muchísima música que lamentablemente no forman parte del repertorio de nuestras orquestas”, afirma Mora.