Cinco balas de un demente mataron al exbeatle la noche de un día maldito, hace 35 años, justo cuando acababa de volver a hacer música

Por: Arnoldo Rivera J. 8 diciembre, 2015

El policía James Moran le preguntó al hombre que agonizaba: “¿Usted es John Lennon?”. Según el oficial, como respuesta escuchó un gemido, la persona asintió y dijo que sí.

A gusto. John Lennon estaba contento en Nueva York, donde se radicó en 1971 pues sentía que podía caminar como una persona normal por sus calles. En 1975, obtuvo su residencia ( green card ) y no pensaba regresar a Inglaterra. Archivo.
A gusto. John Lennon estaba contento en Nueva York, donde se radicó en 1971 pues sentía que podía caminar como una persona normal por sus calles. En 1975, obtuvo su residencia ( green card ) y no pensaba regresar a Inglaterra. Archivo.

Al malherido, lo pusieron en el asiento trasero de la patrulla, para llevarlo al Hospital Roosevelt, muy cerca del sitio del ataque, ocurrido a las 10:45 p. m. (hora del Este en Estados Unidos; 9:45 p. m., en Costa Rica, del 8 de diciembre de 1980), en las afueras del lujoso edificio de apartamentos Dakota en el West Side, de Nueva York.

Llegó sin signos vitales al hospital. Al principio, los doctores no saben de quién se trata. Como parte de la rutina, buscan una identificación y esta dice: “John Lennon”. Una de las enfermeras dice que no se le parece. “No puede ser”, agregó de seguido, con ese desconcierto que solo se siente cuando se sabe que está pasando lo imposible.

Los doctores, encabezados por Stephan Lynn, luchan durante 20 minutos para resucitarlo.

“Tratamos de encontrar un lugar en el que pudiésemos detener la hemorragia. Literalmente, tuve el corazón de John Lennon en mis manos; pero sus vasos sanguíneos estaban destruidos... No había nada que pudiéramos hacer”, recuerda Lynn.

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“Pienso que quienes estábamos en ese cuarto, de repente nos dimos cuenta el momento que vivimos, lo que estuvimos haciendo y quién era el paciente. Mucha gente empezó a llorar”, añade.

La noticia. En el certificado de defunción se apunta la hora oficial del fallecimiento, 11:15 p. m. (10:15 p. m., hora tica), y el motivo, hipovolemia por la pérdida del 80% del volumen de sangre.

Su asesino disparó cinco veces con un revólver Charms 38 Especial y acertó en cuatro ocasiones.

Las balas son de punta hueca, las cuales provocan un enorme daño en los tejidos.

Dos de los tiros impactan al antiguo beatle en el hombro. Una de ellas, rebota y le separa la arteria subclavia de la aorta. Las otras dos, le perforan el pulmón izquierdo.

Lynn le da la noticia a Yoko. Ella grita, se niega a creer lo que le acaban de decir y empieza a golpearse la cabeza contra el suelo.

Solo cuando le traen el anillo de bodas de su esposo, Yoko acepta la tragedia.

Pide el favor de que no divulguen nada por unos 20 minutos pues su hijo Sean, de cinco años, aún está despierto y ella quiere explicarle a él lo que sucedió con su padre, antes de que el pequeño se entere por la televisión.

Finalmente, Howard Cossel, el celebérrimo narrador estadounidense, anunció la noticia durante el partido de fútbol americano de los Patriotas de Nueva Inglaterra y los Delfines de Miami.

“Esto tenemos que decirlo; recuerden que esto es solamente un juego de fútbol, no importa quién gane o pierda. Una inexpresable tragedia nos fue confirmada por ABC News en la ciudad de Nueva York: John Lennon, en las afueras de su edificio en el West Side de Nueva York, el más famoso, quizá, de Los Beatles, fue disparado dos veces en la espalda, llevado rápidamente al Hospital Roosevelt, y murió al llegar".

En Costa Rica, el rostro grave de Danilo Arias Madrigal tomó un tono sombrío al comunicar la noticia en la edición de las 11 p. m. de Notiseis , en canal 6.

Una llamada despierta al otro lado del Atlántico a la tía Mimi, quien se encargó de criar al hijo de su hermana, Julia.

Cuando le dicen que es para hablarle de John, piensa lo mismo que cuando la llamaban del colegio para darle quejas de su sobrino: “¿Qué hizo esta vez?”.

Regreso. Ese 8 de diciembre de 1980 tuvo una mañana inusualmente cálida.

No cumplió con su rutina de ir por las mañanas al Café La Fortuna, pues este no abría los lunes. Así que fue a cortarse el pelo en Fifties Teddy Boy.

A eso de las 11 a. m. recibió a la joven fotógrafa Annie Leibovitz de Rolling Stone.

Lennon sabe que la revista lo quiere en la portada; sin embargo, quiere que Yoko salga con él.

John se saldrá con la suya y de esa sesión surgirá una fotografía icónica, que se publicará en enero de 1981: John, desnudo, en posición fetal, abrazado a su mujer, completamente vestida. “Capturaste exactamente nuestra relación”, le dirá a Leibovitz.

Por la tarde, es entrevistado por Dave Sholin, de la RKO Radio de San Francisco. “Hola, ¿cómo están? ¿No fueron horribles los 70?”, es su saludo.

Los medios de comunicación solicitan hablar con John, debido a que este rompió con cinco años de retiro voluntario.

Durante ese tiempo alejado del ojo público, se dedicó a cuidar a Sean y a hornear pan; mientras tanto, Yoko Ono se dedicaba a los negocios.

La entrevista con Sholin concluyo de esta forma: “Considero que mi trabajo no estará terminado hasta que esté muerto y enterrado, y espero que eso sea dentro de mucho, mucho tiempo”.

Destino. A las 5 p. m., John y Yoko salen del Dakota rumbo al estudio The Hill Factory, para trabajar el tema Walking On Thin Ice . Mark David Chapman lleva alrededor de cuatro horas esperando por el exbeatle. Estaba en la ciudad de Nueva York desde el sábado 6.

Chapman se acerca a él y le extiende una copia de Double Fantasy . “John Lennon, 1980”, es el autógrafo que recibe el hombre que será aborrecido por millones de personas a partir del final de ese día (aún guarda prisión).

“¿Es todo lo que quieres?”, le pregunta John al exguardia de seguridad, a la sazón de 25 años y admirador de Los Beatles. Este solo asintió.

“Nadie me va a creer en Hawái”, le comentó al portero del edificio, José Perdomo.

Final. Son las 10:45 p. m. de ese lunes 8 de diciembre de 1980. Es una noche templada.

Lennon decide no cenar fuera ese día, ya que desea llegar a su casa a darle las buenas noches a Sean, entonces de cinco años.

Yoko es la primera en bajarse de la limusina. Segundos después, lo hace John.

Quien será el asesino de una de las leyendas más grandes del rock se acerca a él, por segunda vez en el día. Aún sostiene su álbum autografiado...

Lo llama: “Señor Lennon”, y, antes de que se voltee, dispara cinco veces (en el 2008, cambia su versión y dice que nunca le habló, que solo disparó).

John camina unos 10 pasos y se desploma. Su victimario suelta el arma y se sienta a esperar... El portero Perdomo patea el revólver y le grita: “¿Sabe qué acaba de hacer?”. “Sí, le acabo de disparar a John Lennon”.

Una primera pareja de policías, Steve Spiro y Peter Collin, llega a la escena en menos de un minuto. Spiro escuchó por la frecuencia acerca de un hombre baleado en el Dakota.

Cree que fue un asalto; por eso siente alivio al saber que solo hay un sospechoso, quien, además no pone resistencia al arresto.

El sospecho se despojó de su sombrero y su abrigo, para que la policía no sospechara de que portaba más armas.

Solo sostiene una edición de bolsillo de El guardián en el centeno , de J. D. Salinger.

El portero Perdomo le grita a Spiro: ¡Le disparó a John Lennon! Incrédulo, el policía le espeta a su detenido: ¡Usted hizo qué!

Una segunda pareja de policías, Bill Gamble y James Moran, decide trasladarlo al hospital, por la gravedad de sus heridas. No sobrevivirá... El sueño se acabó.