La legendaria banda Helloween dio un repaso de un extenso repertorio que les robó el aliento a más de 3.500 personas que abarrotaron el BN Arena, Hatillo.

Por: Andrés Díaz P., Carlos Soto Campos 23 octubre
Helloweendeleitó a la BN Arena en Hatillo. Melissa Fernández
Helloweendeleitó a la BN Arena en Hatillo. Melissa Fernández

Helloween llegó, tocó y conquistó Costa Rica con la misma potencia que sus cuatro visitas anteriores. Aún está muy palpable el primer concierto de los alemanes en el Planet Mall en el 2003, y desde entonces, los metaleros ticos se han convertido en los consentidos de los abanderados del power metal .

No hay quinto malo, mucho menos cuando la agrupación recupera a Michael Kiske y a Kai Hansen, quienes abandonaron Helloween a inicios de los noventa por diferencias artísticas.

Aún más, esta gira internacinal, bautizada Pumpkins United ( Calabazas unidas ), reunió a estas dos leyendas del género con los miembros de la banda para embarcarse en un recorrido que atravesará tres continentes en siete meses. Este tour se puede catalogar como legendario desde ya; Costa Rica fue la tercera parada.

Como cualquier cuento épico hay adversidades e incertidumbre, Pumpkins United no fue la excepción. Tras las dos primeras presentaciones en México, hubo dudas sobre el estado de salud de Kiske, incluso se rumoró que el teutón no iba a estar presente en Costa Rica.

Michael Weikath, Kai Hansen y Sascha Gerstner hicieron una repartición más amplia y diversa de solos de guitarra.
Michael Weikath, Kai Hansen y Sascha Gerstner hicieron una repartición más amplia y diversa de solos de guitarra.

Sin embargo, la potencia que mostró ayer la voz del vocalista derrumbó cualquier duda o crítica. Kiske saltó al escenario con la potencia de un obús que estalló los amplificadores.

Su inexistente cabellera y su barriga evidencian el paso de los años, pero la energía y entrega aún son las de ese rubio de 18 años que asumió los micrófonos de Helloween hace tres décadas

La primera canción de la noche fue Halloween, una de las predilectas del disco Keeper of The Seven Keys . Con los primeros acordes de la guitarra de Michael Weikath, los fanáticos se lanzaron sobre el filo del escenario.

Lo del planché era un festival de camisetas con los nombres Iron Maiden, Slayer, Iced Earth, Gamma Ray estampados. Había sudor, alaridos y banderas de toda centroamérica entre los miles de asistentes, no era para menos, después de aquí los teutones viajarán a Colombia, así que Costa Rica fue la única parada de la banda en el Istmo.

Los presentes disputaban un estrecho espacio para poder ver mejor a sus ídolos. Los 11 minutos que duró la canción fueron sofocantes, sin tregua y gloriosos, una digna introducción para tres horas de concierto que exprimieron hasta la última gota de los metaleros.

Hay que detenerse en la BN Arena de Hatillo, brillante decisión de la productora Black Line producciones de llevar a los alemanes a este reducto que estuvo a la altura de las composiciones El concierto prosiguió con una de las favoritas de la fanaticada, Dr. Stein.

“¿Cómo está Costa Rica, de puta madre?”, gritó el cantante Andi Deris con un español fluido antes de introducir a Kiske.

Deris tomó el micrófono para presentar Doc y Seth, dos personajes de una caricatura de dos minutos que introdujo la tercera canción I’m Alive , también del Keeper of the Seven Keys .

¿Costa Rica te gusta el metal ? Después de las primeras tres canciones, los alemanes tocaron temas del nuevo milenio. Kiske tomó un descanso en los vestidores y Deris se encargó de proseguir con el espectáculo.

“Vamos al año 2000 al disco The Dark Ride que tiene una canción que comienza con un piano y el título tiene la palabra volar”, continuó Deris, quien se ganó el corazón de los ticos por su calidez y energía sobre escenario.

Posteriormente, continuaron los temas Are You Metal? , Waiting for The Thunder y Perfect Gentleman , en este último Deris salió con un sombrero de copa.

Michael Kiske y a Kai Hansen compartieron el escenario del BN Arena.
Michael Kiske y a Kai Hansen compartieron el escenario del BN Arena.

A la mitad del concierto, el guitarrista Kai Hansen tomó el micrófono para dar un repaso de las piezas del primer disco de la agrupación, Walls of Jericho , el cual se lanzó en 1985. En una ráfaga, y sin,interrupciones, Helloween tocó Walls of Jericho (Ride The Sky) , Heavy Metal is the Law , Judas y Starlight .

Fueron quince minutos que evocaron a aquel gigante que ilustraba el casete con el que los alemanes debutaron en la escena.

Una reunión para toda la eternidad. Posteriormente, Andi y Kiske salieron al escenario para conversar sobre esta reunión.

“Salí de la banda en 1994, y bueno en ese momento estaba enojado”, dijo Michael Kiske. “Esta será la primera vez en este tour y bueno, esta es una de las que me gustó”, agregó el vocalista a modo de broma.

Los vocalistas prosiguieron la balada Forever and One (Neverland) , la cual debutó en el setlist de la gira. Este momento encendió todos los celulares para inmortalizar el dueto entre las dos leyendas del metal .

La audiencia en el BN Arena de Hatillo. Melissa Fernández.
La audiencia en el BN Arena de Hatillo. Melissa Fernández.

Kiske siguió con una de las piezas de antaño, A Tale That Wasn’t Right y para ese entonces, Hatillo estaba a los pies de los metaleros.

Posteriormente, hubo un solo de batería de Daniel Löeble. Detrás de Löble la pantalla proyectaba las presentaciones del primero percusionista del grupo, Ingo Schwichtenberg, quien falleció en 1995. Fue uno de los momentos más emotivos de toda la presentación.

Tras el homenaje, la banda regresó con Andi Deris y Michael Kiske al frente para interpretar Why? y Sole Survivor del álbum Master of the Rings.

“Son las 9:30,tengo que irme a comer, tengo que irme a la cama…”, dijo Andi Deris en broma al terminar con esas canciones. Salió del escenario, pero la pausa fue breve; todos los miembros de Helloween regresaron a escena para interpretar Power. Aún quedaba una hora de concierto y terminada la canción, Deris tomó de nuevo el micrófono para conversar con el público. “¿Está todo bien?”, preguntó.

“¿Están borrachos? Yo estoy un poco borracho, pero no tanto. Voy a cambiar a inglés porque tengo el español jodido”, agregó y el público entero se rió al oír la honestidad del hombre.

“Esta que sigue la canción que empezó todo y creo que es la canción perfecta para terminar la noche… Puede ser. Para hacer la historia corta, esto es How Many Tears”, señaló Deris y de inmediato la banda arrancó con potencia.

Las voces de Hansen, Deris y Kiske se fundieron en una sola con el público que cantaba el nostálgico coro, para luego abrir paso a otra explosiva ronda de solos entre los guitarristas.

La canción finalizó con un gran estruendo, y luego la banda salió del escenario. Así, se anunció que pronto los teutones estarían abandonando el escenario.

Un largo adiós. Helloween regresó al escenario cerca de las 9:50 p.m. para multiplicar toda la energía que ya había derrochado. Michael Kiske ingresó a escena para interpretar el clásicos Eagle Fly Free y luego, Keeper of the Seven Keys.

Esta última, que le da el nombre a sus dos discos más exitosos, se extendió por unos 14 minutos, para ofrecerle así un adiós extendido, extendidísimo al público tico. Palabra por palabra, los ticos le ofrecieron sus gargantas y fuerzas al grupo.

En el escenario caían banderas de Costa Rica y de Guatemala y hasta chonetes que el público le ofrecía a los músicos. Michael Kiske tomó la guatemalteca y la extendió con orgullo al público, solo para ir a guardarla al fondo del escenario segundos después.

Al final de la canción, Andi Deris apareció para cantar junto a Kiske y hacer que el público entero cantara con ellos. Durante el segmento acústico que finaliza la canción, el baterista Daniel Löble dejó su asiento para caminar por la plataforma y lanzarle al público sus bolillos. Uno por uno, los miembros del grupo caminaron por esa misma pasarela para despedirse del público.

Salieron del escenario y dejaron al público acompañado de la última animación de la noche. el descanso duró unos tres minutos y luego regresaron para tocar Future World y la esperada I Want Out. Para esta última se liberaron cuatro globos gigantes con forma de calabaza que el público empujó por todos los rincones del lugar.

El público sabía que era la última oportunidad para cantar con sus héroes y por eso lo dieron todo en esa última canción. Al ser las 10:30 p.m. Helloween abandonó el escenario por última ocasión. No quedaron sinsabores ni tristezas, el concierto fue todo lo esperado y quizá hasta más. Lo único que podía apagar las sonrisas de todos los seguidores del grupo sería pensar que, una reunión como esta, quizá no volvería a suceder.

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