31 mayo, 2015

Desde niña, Yunieth López amaba cantar y decía a su madre, Magdalena Aguilar, que quería estudiar música. "Yo le decía 'mi amor, yo no tengo plata para pagarte una escuela de música, tú sabes que no tenemos'", cuenta Magdalena, pero Yunieth insistía en su sueño.

Tratando de complacer a Yunieth, esta madre de origen nicaragüense que habita en Libertad 1 en Lomas de Pavas, llegó hasta el Sistema Nacional de Música (Sinem) en su sede de Pavas, donde le dieron la oportunidad de inscribir a su hija con beca total. "Con la música uno puede expresar si está feliz, si está triste, enojado. Para mí la música es un medio que tenemos para expresar nuestros sentimientos", asegura Yunieth, quien sin falta asiste a sus clases de canto en el programa Música con Accesibilidad para Todos (MAT). Su madre la acompaña pues su parálisis cerebral no le permite movilizarse sola.

Magdalena Aguilar cuenta que cualquier cosa puede pasar pero nada impide a Yunieth ir a su clase de canto. Esta adolescente jamás pierde sus clases a las cuales, usualmente, se van ella en su silla de ruedas y su madre con ella caminando, ya que no tienen dinero para pagar un taxi que las lleve.
Magdalena Aguilar cuenta que cualquier cosa puede pasar pero nada impide a Yunieth ir a su clase de canto. Esta adolescente jamás pierde sus clases a las cuales, usualmente, se van ella en su silla de ruedas y su madre con ella caminando, ya que no tienen dinero para pagar un taxi que las lleve.

El caso de Yunieth es solo uno entre cientos de historias de superación y esperanza que lleva el Sinem a padres que hacen realidad el sueño de sus hijos de aprender a tocar un instrumento musical y participar, incluso, en orquestas nacionales.

Para el 2014, el Sinem tenía 7.140 alumnos distribuidos en las 26 sedes del país, algunas de las cuales ya cuentan con edificio propio. Sin embargo, la mayoría aún no tiene instalaciones por lo que recurre al espacio que brindan escuelas e iglesias de las comunidades. Pese a la falta de recursos y profesores, el programa continúa llevando ilusión y progreso a la vida de miles de jóvenes.

Nicole y Martha González Díaz pasan toda la semana entre el colegio y el Sinem. Su amor por el violoncello las motiva a viajar en autobús desde su casa en el asentamiento Florida Sur en Hatillo hasta Pavas.

La falta de espacio y de un lugar cómodo para ensayar en su casa no es obstáculo para Nicole y Martha. Sin embargo, muchas veces ellas prefieren practicar en casa de su abuela -que está junto a la suya- pues allí cuentan con más espacio para acomodar sus violoncellos.
La falta de espacio y de un lugar cómodo para ensayar en su casa no es obstáculo para Nicole y Martha. Sin embargo, muchas veces ellas prefieren practicar en casa de su abuela -que está junto a la suya- pues allí cuentan con más espacio para acomodar sus violoncellos.

La misma experiencia de vida es la de Kenneth y Kevin López Otero, quienes dedican muchas horas al estudio de clarinete y violín respectivamente, así como a los ensayos de la orquesta de León XIII.

"Yo no entiendo por qué hay personas que tienen la mentalidad tan pequeña al pensar que la buena música, la música clásica, es solamente para la gente que tiene plata (...) No. La buena música, la música clásica, es para gente que tiene buen gusto", sentencia Marta Otero, la madre de estos dos chicos.

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