Anselmo Navarro Para el director del FNA 2013, el evento fortaleció lazos entre artistas de la zona y dejó profundas lecciones para el futuro

 16 abril, 2013

Removidos los toldos, desmontadas las tarimas y quieto el polvo en las plazas de Santa Ana y Mora, Anselmo Navarro se sienta a reflexionar sobre las lecciones del Festival Nacional de las Artes (FNA) .

El director del décimo encuentro de arte nacional conversó con Viva acerca de los puntos altos y los obstáculos de la celebración.

¿Cuál es el balance general del festival?

Tenemos una sensación de éxito. El público viene a los espectáculos, a la fiesta, a los espacios sociales , pero, para que eso suceda, nosotros tenemos que estar cuidando permanentemente aspectos logísticos como la comunicación, la limpieza, la seguridad, la puntualidad; ese tipo de aspectos que, si fallan, todo lo demás empieza a verse menos bonito.

” Los escenarios han estado llenos, los teatros han estado llenos, con excepción de danza, donde no alcanzamos la meta de espectadores que esperábamos, pero, aún así, todos los espectáculos estuvieron bien y en un excelente lugar.

Experimentos como el Café Concert (Mercado Viejo de Ciudad Colón) resultó magnífico, más de lo que esperábamos. Había gente esperando desde una o dos horas antes. Ayer (domingo) terminó en un acto emotivo porque la misma ciudad sentía que algo se perdía al terminar. Resultó ser un espacio muy humano, muy cercano a la gente, con una dotación técnica suficiente, casi que se podía tocar al artista.

”Ambas municipalidades están considerando ampliar el presupuesto, mejorar sus propios eventos. Aprendimos mucho y aprendieron mucho de nosotros y de nuestros procesos de producción. Articulamos a artistas de la zona que no se conocían entre sí; ahora se conocen, están censados y documentados. El festival dejó un potente enlace químico entre las dos municipalidades que benefician a ambas. Tienen una manera de pensar muy parecida en cuanto a la cultura como desarrollo”.

¿Cómo fue el trabajo con las dos municipalidades?

No cabe duda de que, con tiempo, los resultados son mejores. Las municipalidades solicitaron el festival hace dos años. Habían pasado tres días del cierre del FNA 2011 cuando ya teníamos la carta de los dos alcaldes con la aprobación del Concejo Municipal solicitando ser sede. Esos dos años nos permitieron trabajar en áreas estratégicas como presupuestos municipales. Ellos pudieron presupuestarlo a tiempo, hacer procesos de contratación normales... Además del tiempo, está el interés real, la vocación.

”El presupuesto de las dos, cercano a los ¢50 millones cada una, más el presupuesto del Ministerio de Cultura, más el patrocinio, dio un presupuesto global de ¢800 millones, que para 2000 artistas y 300 espectáculos me parece muy barato”.

El festival tuvo la cualidad de estar muy cercano a la gente.

Estamos intentando, cada vez más, hacer que la calle sea un escenario. No siempre tenemos los espectáculos adecuados, entonces hacer esa adaptación cuesta. Queremos que haya cada vez más espacios de acción artística callejera con el producto adecuado. Logramos implicar a gran cantidad de artistas del circo, un gremio que está creciendo con rapidez. En este festival, prácticamente todos los cirqueros organizados han participado. El cine al aire libre también es una opción para que el festival se haga en la calle.

¿Por qué no hubo tanta asistencia a espectáculos como danza? ¿Hacen falta más procesos de educación en el FNA?

A la tarima de danza, en su día de mayor aforo, llegaron 250 personas; nosotros esperábamos a 300 por día. No lo logramos. Hicimos todo lo posible, teniendo excelentes condiciones y una programación de alta calidad. Tal vez el gimnasio quedó un poquito alejado. Tal vez había muchos otros eventos compitiendo simultáneamente. Es un análisis que habrá que hacer: si es una cuestión de formatos, si habrá que hacer un espectáculo al aire libre, en la calle; volver a la danza, digamos, tango o flamenco, que capturan a mucha gente. Hacer mezclas sobre eso para que el público que no vaya a una, vaya a la otra. Que exista la opción. (...).

Es un ejercicio de ida y vuelta. Hace falta más acercamiento del público a un modelo de artes escénicas que puede ser complejo de leer, pero también creo que los hacedores de danza deben revisar su semántica. Si uno trabaja para el público, a pesar de que toquemos temas álgidos, duros, debe reflexionarse en cómo se hacen cosas para llegarle a más público. Estoy hablando de, sin perder la razón de fondo que inspira a un bailarín ni pedirle que modifique su tesis, encuentre una sintaxis de mayor calado para un público que no ha aprendido a leerla.

¿Cuáles fueron las principales quejas?

En Santa Ana, la dificultad con el parqueo porque teníamos resuelto un gran parqueo de casi una hectárea y no logramos obtener el seguro de riesgos. Eso hizo que fuera incómodo descargar equipos; eso tuvo como resultado una concentración de vehículos en el centro. No hubo ni una sola tachadura de autos ni una sola denuncia de asaltos. Otra queja fue el volumen a las 10 de la noche, por eso hay que explorar más el formato de Café Concert. Recibe menos gente, pero podemos hacer más espacios, en vez de uno.

¿Se incorporó lo suficiente a la juventud en el FNA?

El festival tiene un diseño muy atractivo para la gente joven. Llegaron muchas familias, pero esas personas venían a lo que querían ver. El festival es muy abierto etáreamente. La educación es necesaria para ser consumidor de arte (...), así que nosotros invertimos gran parte del presupuesto en programación para el sector escolar.

¿Qué se puede esperar del FNA en dos años?

En principio, abriremos nuevamente la oferta a los cantones que deseen recibir el festival. A mí me gustaría que fuera en un lugar bien lejos. Hemos aprendido mucho y podemos esperar hacerlo mejor.

Esta nota fue editada el miércoles 17 de abril a las 20:16 p. m. Se incluyen párrafos omitidos en la edición impresa del martes 16 de abril.