Encuentro musical El Sexteto de Jazz Latino volvió a los escenarios con la Orquesta Sinfónica Nacional y Éditus, en dos noches llenas de ritmo

Por: Fernando Chaves Espinach 14 junio, 2014

Desde las primeras notas, el retorno del Sexteto de Jazz Latino a los escenarios se sintió como un viaje, un paseo por tiempo y espacio. Paisaje abierto , de Edín Solís, fue la pieza elegida para celebrar el retorno de la agrupación a los escenarios, tras 16 años de separación.

El sexteto se presentó este jueves en el Teatro Nacional, acompañados por Éditus y la Orquesta Sinfónica Nacional. El director invitado fue Marvin Araya, titular de la Orquesta Filarmónica.

Clásicos. Durante casi dos horas, los músicos repasaron algunas de las composiciones más reconocidas de los miembros del sexteto que acompañó a Rubén Blades.

Interpretaron algunas reconocidas piezas de Walter Flores ( Malecón , Alma y corazón ), Edín Solís ( Tambito josefino , Tocú ), Lalo Rojas ( Son de aquí ), Fidel Gamboa ( Viento y madera ) y Alon Yavnai ( Una vez más ).

Con esta variada paleta de ritmos y recuerdos, deleitaron a un recinto prácticamente lleno. Las butacas del Teatro Nacional quedan mal como pista de baile.

No alcanzó el espacio para los pies que había que mover. El ritmo era insistente y algunos cedieron, bailando con los hombros y las piernas en sus asientos como en una pequeña fiesta.

Sobre el escenario, nada era pequeño: ni la agrupación completa de los músicos ni los elaborados arreglos que permitieron exhibir los talentos de los múltiples artistas sobre el escenario.

Una de las ventajas del repertorio elegido es que permitió subrayar las distintas texturas de jazz y ritmos latinos que los músicos han explorado con los años. Cálidas percusiones en Malecón se entretejieron con un voluptuoso saxofón, y luego, en Una vez más , fue la guitarra la protagonista. ¿Cómo dejar de bailar con esta variedad?

Una generación de músicos y estudiantes de música nunca escuchó al Sexteto de Jazz Latino en vivo. Gran parte del público era joven, de modo que no pudo asistir a su último concierto en el desaparecido Bar La Maga (San Pedro), celebrado en 1998.

Por ello, este recital fue como descubrir una energía nueva – porque sigue inspirando – y una lección de historia reciente. Es una fuerza imparable: el fin de la primera parte del recital fue con Baquine , cuya energía se desbordaba en cada nota.

Al cierre, con Arrecife , el público agradeció de pie y los hizo volver para una pieza más. Aunque fuera tan abundante, el público quedó con ganas de seguir disfrutando.