Carlos Lafuente es la mente detrás de la emisora que nació un 12 de mayo de 1966 y que hoy, cinco décadas después, se mantiene en la preferencia de los oyentes que gustan de la música del recuerdo

Por: Manuel Herrera 4 septiembre, 2016

En un local con más cara de galerón que de cabina de radio, donde las goteras amenazaron por cinco años la funcionalidad de un modesto transmisor de construcción casera, de un micrófono, de dos viejos tocadiscos y de unos cuantos discos, salió al aire el 12 de mayo de 1966 Rumbo, la emisora en la frecuencia AM que marcaría el camino para el nacimiento –en el FM– de Sinfonola.

"La idea es heredar a mis cuatro hijos un buen nombre y una empresa sana para que puedan vivir decentemente, pero que no les sobre mucho para que no cojan malos caminos", Carlos Lafuente, dueño de radio Sinfonola.

La historia entre una y otra emisora van de la mano, de ahí que en mayo pasado, el empresario cartaginés Carlos Lafuente, festejara con sus oyentes las cinco décadas de una pequeña pero exitosa compañía que hoy opera con importantes resultados: la frecuencia 90.3, estación de la popular radio Sinfonola.

Del antiguo local –que se ubicó en barrio Molino, al oeste de Cartago– solo sobreviven recuerdos, todos presentes en la memoria de don Carlos, quien se encargó de moldear una radio con los valores de antaño y fiel a los gustos y necesidades de la época.

Radio Rumbo fue un golpe de suerte, cuyo sorprendente éxito puso en jaque a la competencia, muy a pesar de los pocos recursos económicos y técnicos con los que contaba Lafuente para sostener el proyecto.

Maestro. Don Carlos tiene 72 años, muchos de los cuales se los dedicó al negocio de la radio. Él fundó y gestó el proyecto de Sinfonola, emisora que hoy tiene gran popularidad. John Durán.
Maestro. Don Carlos tiene 72 años, muchos de los cuales se los dedicó al negocio de la radio. Él fundó y gestó el proyecto de Sinfonola, emisora que hoy tiene gran popularidad. John Durán.

“Transmitíamos de todo: bailes, procesiones, discursos del 15 de setiembre, fútbol… Todo lo que se nos atravesara en el camino lo transmitíamos para darle variedad a la programación. Diez meses después (de estar al aire) vino una encuesta y salimos entre las 10 emisoras con más oyentes. En ese tiempo estar entre las mejores 10 significaba que se tendría publicidad, porque así funcionaban las agencias en aquel entonces”, recuerda Lafuente, el fundador de la emisora y quien heredó la fascinación por la radio de sus padres.

Los primeros números de Rumbo fueron alentadores, más las condiciones hostiles de transmisión y recursos persistían. Un aguacero destruyó el techo del paupérrimo local justo en el momento en el que don Carlos pensaba comprar un transmisor moderno, por lo que las prioridades cambiaron en cuestión de pocas horas.

“Antes de un transmisor necesitaba buscar un terreno, y apareció este. Comenzamos a construir lo básico que ocupábamos: la cabina, una oficina y la salita donde estaría el transmisor y así nos vinimos”, contó Lafuente desde una sala de reuniones de un edificio que construyó a inicios de los años 70, en la pura entrada del centro de Cartago y que es sede de la radio desde noviembre de 1971.

La edificación, diseñada bajo estándares modernos pero sin mayores lujos, albergó el creciente éxito de Rumbo hasta mediados de los años 90, cuando se dio el auge del FM y los oyentes migraron hacia esa banda. El impacto fue letal: la publicidad comenzó a desviar sus presupuestos a las nuevas estaciones y Rumbo comenzó a perder su poder.

“Le hacía trabajos a Televisa (empresa mexicana) y ellos me facilitaron a un equipo de gente para que hiciera un estudio de mercado y analizaran la factibilidad de trasladar Rumbo al FM, pero ellos la consideraron una emisora típica del AM con un popurrí de programaciones que no se adaptaba al momento. La sugerencia fue hacer una emisora nueva en el FM”, rememoró Lafuente.

Visionario. Rumbo acabó transmisiones a finales de la década de los 90 y con su “apagón” nació Sinfonola siempre comandada por Lafuente, considerado un visionario y precursor de la radio costarricense.

La emisora no contó con el mismo golpe de suerte que su predecesora. En sus primeros meses fue víctima de las críticas de la competencia, que juzgaron hasta el nombre que don Carlos eligió para su nuevo proyecto, inspirado, por cierto, en las rocolas, aquellas máquinas en las que se programaba música en los 60.

Don Carlos hizo oídos sordos a sus detractores, y siguió adelante con Sinfonola, a la que sometió a varios ajustes hasta encontrar a un público predilecto.

Un rostro. Rodrigo Rodríguez es uno de los siete locutores con que cuenta Sinfonola. A excepción de él, los otros seis muchachos fueron formados por don Carlos Lafuente. John Durán.
Un rostro. Rodrigo Rodríguez es uno de los siete locutores con que cuenta Sinfonola. A excepción de él, los otros seis muchachos fueron formados por don Carlos Lafuente. John Durán.

Primero cautivaron a los adultos mayores, luego se enfocaron en seducir a un público de entre 30 y 60 años, a quienes se dirigen con una particular estrategia basada en más música que locución e, incluso, que publicidad.

“El promedio diario de nuestra audiencia es de 235.000 personas de los tres sectores socioeconómicos del país, aunque el 40% de nuestros oyentes son de clase media por el tipo de música”, afirmó don Carlos, quien agrega que la fórmula del éxito de Sinfonola no solo radica en programar temas del recuerdo –también hay producción más reciente como Sin Bandera, por ejemplo– sino en saber balancear la oferta que diariamente sacan al aire.

“Siempre hemos tratado de evitar los extremos. Evitamos la música demasiado escandalosa pero también aquella muy aburrida y esta ha sido una política que nos ha funcionado muy bien; otra cosa que siempre le digo a los locutores es que nunca pierdan el respeto por los oyentes. También evitamos hablar lo menos durante la programación, porque la gente enciende la radio para escuchar música. En Sinfonola, el locutor sí interrumpe la programación, pero para dar la hora o enviar un saludo, solo para que la gente sepa que alguien la acompaña y que no es una máquina la que pone la música”, contó.

Pero Lafuente va más allá. Él también interviene en materia publicitaria: un anuncio en la radio no se transmite hasta que él lo escuche y lo apruebe. Sobre eso alude a una experiencia reciente: le negó la pauta en su emisora a un anunciante que promovía una pastilla para la impotencia sexual en la que comparaba al hombre con un caballo.

“Siempre he comulgado con la riqueza de Platón: con solo que nada te falte es suficiente. Uno no necesita que le sobre nada, con solo que nada le falte uno vive tranquilo. A nosotros nos dicen que somos delicados porque rechazamos mucha publicidad, pero yo tengo que respetar a los oyentes; aquí la publicidad entra a cabina hasta que yo la oiga”, refirió don Carlos, tras comentar que los anunciantes de Sinfonola son los mismos que tienen la competencia, con la excepción de dos fieles anunciantes brumosos.

Operaciones. Carlos Lafuente resume que hay más satisfacciones que malos sabores de boca en estos 50 años de historia (él tiene 72 de vida): una de ellas son las encuestas de sintonía que se realizan en Costa Rica trimestralmente desde el 2002, y cuyos resultados de los últimos 57 estudios ubican en 21 oportunidades a Sinfonola en el primer lugar de sintonía a nivel nacional.

“Esos índices de audiencia se los debemos a nuestros oyentes”, resumió durante la entrevista.

Lafuente echa una mirada al pasado para precisar algunos de los números de su empresa, principalmente los de la planilla, que pasaron de dos nombres, en 1966, a 41 hasta hoy (siete de ellos locutores); además cuenta con 14 transmisores enlazados por microondas y distribuidos en casi todo el país, alcanzando una cobertura por encima del 75% de todo el territorio nacional.

Carlos Lafuente conoció la radio desde niño.
Carlos Lafuente conoció la radio desde niño.

También precisa los innumerables discos que logró coleccionar desde 1966, cuando tocó la puerta de sus vecinos y amigos para recolectar música. Los cálculos de hoy son de al menos 950.000 grabaciones de discos de todo tipo y con contenidos desde musicales hasta de novelas completas. Todo el material lo mantiene cuidadosamente distribuido entre la antigua cabina de radio Rumbo y una bodega, a la espera de ser ordenados en un archivo musical que pronto clasificarán según género musical, sexo y tipo de producción.

Cincuenta años después, el señor de la radio hizo de Sinfonola un imperio musical para enamorar, recordar y vivir; una radio ni muy vieja, ni muy nueva.

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