Internacional En la actividad se disfrutó de una tarde de música, acompañada de una carrera atlética y venta de comidas del mundo

Por: Melvin Molina 20 julio, 2014

Una fiesta singular en la que en menos de 200 metros se podía disfrutar de una arepa colombiana, ver animales de granja y, al mismo tiempo, disfrutar de un reggae contagioso de una banda costarricense.

Esa fue parte de la oferta con la que la Feria Internacional del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie) recibió a los visitantes este 2014.

Las gotas de sudor eran visibles en los rostros; los lentes oscuros parecían obligatorios. No obstante, la amenaza de lluvia estaba latente, pero ni a las jovencitas con pantalones cortos, muy cortos, ni a los muchachos con camisetas sin mangas parecía importarles.

Ellos estaban ahí para disfrutar de la oferta musical, la que comenzó a las 2:30 p. m. con el ska de los nacionales de La Milixia .

A Donovan Camacho, voz de La Milixia, y sus compañeros les tocó la ingrata tarea de ser lo primeros en salir, calentar el ambiente y hacerlo ante poco público.

No obstante, los de Sol latino son unos guerreros de la escena y salieron a tocar como si ante ellos tuvieran 30.000 almas.

Energía hecha música, así fuera para interpretar Recuerdo río , tema de cosecha propia o Lamento boliviano , cover de los suramericanos Enanitos Verdes, los músicos nunca dejaron de brincar, tocar y motivar a la gente para que gozara antes de que la lluvia apareciera.

Conexión. El público que asistió al Catie nunca se cansó de apoyar a los artistas Adrián Soto
Conexión. El público que asistió al Catie nunca se cansó de apoyar a los artistas Adrián Soto

Al frente de la tarima se ubicaron los más entusiastas, los que bailan, hacen una rueda y giran entre saltos y patadas. Un poco más lejos, algunos padres y niños sorprendidos por la euforia comentan lo particular que les parecía esa danza.

Cuando apareció Nubes , cover de los mexicanos Caifanes, se evidencia la distancia entre generaciones existente en el público. Los de más de 30 años la cantaron entusiasmados; en casi todos los casos están acompañados de uno o más hijos. Por otra parte estaban los jóvenes que se dejaron seducir, sin saber la larga historia que hay tras esa canción.

Dura tarea. La zona ferial también se pobló de uniformados, jóvenes y adultos en tenis, pantaloneta y camiseta que decidieron retar el bochorno y la humedad, para recorrer los 10 kilómetros de la IV edición de la carrera Catie Natura, dedicada a César Lizano.

La lluvia apareció en su faceta más intensa cuando los entusiastas del asfalto recorrían la ruta en la campiña turrialbeña; mientras tanto, en la meta, esposas y esposos, novias e hijos corrían en busca de un lugar en el que pudieran ganarle la partida al agua.

Passiflora. El grupo despertó pasiones entre los asistentes al concierto. Adrián Soto
Passiflora. El grupo despertó pasiones entre los asistentes al concierto. Adrián Soto

Para las 4 p. m., la zona de arribo de los atletas era una mezcla de barro, sudor y niños bailando en una tarima como parte de la oferta.

Los turrialbeños saben cómo es de caprichoso el clima y conocen la manera de lidiar con los elementos de la naturaleza: les basta con unos zapatos cerrados, sombrillas y con eso nada los detiene para seguir disfrutando.

Para su buena suerte, la madre natura fue benévola y para las 3:50 p. m., cuando Un Rojo Reggae Band apareció en escena, las gotas de lluvia eran pocas, apenas las necesarias para que la fiesta continuara.

Los de Survival saben hacer un ingreso a escena impactante, de eso dieron muestra María Laura Castro y Kumary Sawyers, coristas que entraron a la tarima bailando al ritmo del reggae rocker que tocaba Jaguar (Esteban Chavarría) y el resto de la banda.

Are you ready for the reggae ; dicen que a Turrialba le gusta el reggae ”, dijo Jaguar acompañado de su guitarra. Tras el llamado del artista, el público respondió dejándose mover por la vibra de esta música que caribeña que contagia.

Sabores. La zona de concierto era un pequeño hormiguero de fans, pero muy cerca en la zona de comidas se vivía una euforia distinta: eran los cientos de personas que se dejaban seducir por los sabores del mundo.

Como ya es tradicional, los estudiantes del Catie preparan platillos de sus países, lo que les permite a los asistentes a la feria probar una arepa con hogao de Colombia; una fritada de Ecuador; una parrillada o choripán argentino, unos tacos acompañados de un tequila mexicano, ceviche al estilo del Perú, vigorón nicaragüense y cerrar con un trozo de picaña y un caipirinha brasileño.

En total están representadas 13 naciones y su gastronomía. El dinero que recaudan los estudiantes lo donan a instituciones de ayuda social o centros educativos del cantón turrialbeño.

Muy cerca también se exponen artesanías y productos alimenticios hechos por productores de la zona en su mayoría. Y mientras los padres deciden si compran algún recuerdo, los niños se entusiasman viendo los terneros de ganado holstein , jersey y senepol , sumado a gallinas, cabras y conejos.

Despedida. Cuando la tarde le daba paso a la noche, Passiflora y su gypsy folk seducía al público. Ambos se profesaron amor eterno y la música fue el sello en el que basaron ese pacto.

Reencuentro. Malpaís volvió a verse las caras con el público turrialbeño. Adrián Soto
Reencuentro. Malpaís volvió a verse las caras con el público turrialbeño. Adrián Soto

A las 7:22 p. m. una multitud cantaba a todo pulmón “una gota de agua, una gota de agua” estribillo de Presagio . Así dieron la bienvenida a Malpaís y al mismo tiempo fue el comienzo del final de las actividades sabatinas.