Una multitud de casi 20.000 personas se convirtió en confidente de los secretos de Alejandro Fernández

Por: Gloriana Corrales 23 noviembre, 2014

El Potrillo le mintió al Estadio Nacional, la noche de este sábado: a él no se le iba el amor; todo lo contrario, lo estaba encontrando entre las voces desgalilladas de sus fanáticas y entre las miles de pantallas de celulares que reflejaban su imagen para llevarse el más vivo recuerdo.

Un reflector blanco sobre el traje entero y la corbata negra marcaron el reencuentro de los ticos con el artista mexicano. Irónicamente, al ritmo del jazz , Alejandro Fernández recorrió con sobrada seguridad el escenario, lanzó un beso al aire, sonrió y tomó el stand del micrófono como queriendo imitar el estilo de Frank Sinatra.

En su paso por suelo nacional con la gira Confidencias, el artista se atrevió a cambiarle el ritmo a sus canciones y fue, ayer, algo más pausado y acústico que de costumbre. Eso sí, cantó con el mismo sentimiento sobre un banquillo, mientras sus seguidores, muy pronto, comprendieron que esa velada sería un relato más bien intimista.

“Siempre que he venido me he llevado un recuerdo maravilloso. Espero que esta noche no sea la excepción”, dijo el cantante, y de seguro no lo fue.

Fernández es uno de esos artistas que enamoran al cantar sobre desencuentros, corazones rotos y amores no realizados. Dijo tener una licenciatura para dedicarse a perder a la persona que más ama y, así, con las pantallas en blanco y negro, logró el unísono de las voces de 19.800 personas, el cálculo de la producción.

Nutrido. Fernández cantó 29 piezas de su repertorio. Gabriela Téllez
Nutrido. Fernández cantó 29 piezas de su repertorio. Gabriela Téllez

La barba ya canosa y desaliñada da cuenta de que el tiempo ha pasado para Alejandro Fernández, pero, a sus 43 años, canta con tanta o más sensualidad que en sus años mozos.

Fernández tiene su sex appeal y él lo sabe, es uno que va más allá de la voz heredada de Vicente, su padre. Empuña el micrófono con los ojos casi siempre cerrados y con el cuerpo arqueado hacia atrás, como buen charro.

Una sonrisa, muy de vez en cuando, arranca suspiros entre sus seguidoras. Lo sabía cuando dijo: “Vamos a ponernos como si estuviéramos en la sala de nuestra casa, y vamos a desnudarnos...”. La mente de más de una voló alto, pero de inmediato el mexicano aclaró: “...Musicalmente hablando”.

A las 9:05 p. m., el concierto dio un giro que era más que obligatorio: Fernández no sería el Potrillo sin sus pantalones apretados, el corbatín en la garganta y el sombrero que lo caracterizó desde siempre.

“¡Rico, rico, rico!”, se escuchaba desde todos los costados del Estadio; y él, un amante complaciente, dio la vuelta entera para ser admirado. “¡Ricaaaas!”, respondió finalmente, con el sentimiento de quien no puede contener más la pasión.

Pero luego, Fernández retornó a su lado serio de confidente.

“Hablar de tradiciones mexicanas es hablar de tequila, mujeres hermosas y mariachi. Hoy, Costa Rica y el mundo entero necesita de su gente, de su fuerza, de dejarle a las nuevas generaciones libertad y el pilar familiar que son y seguirán siendo esas heroínas que nos dieron la vida: las mujeres”.

Con esta frase, y acompañado por 11 charros, Alejandro recordó a los hombres cómo tratar a las damas, a esas que no se pueden resistir a los detalles, a las que estaban de pie sobre las sillas para procurar la mayor visibilidad posible.

Así llegaron en el segundo segmento los temas Mátalas , Qué lástima , Cascos ligeros , Nube viajera y Estrella ; además de un recorrido por los temas que hicieron grande a su padre, y que el público le corea y aplaude como si fueran propios.

Este sábado, el Potrillo cantó en vivo Hoy tengo ganas de ti , pero sin duda, fue Costa Rica la que tuvo ganas de él.

Colaboró Allan Andino.