Una presentación de lujo; inolvidable

Por: Arturo Pardo V. 10 mayo
El repertorio de Sting incluyó justas dosis de material solista y de The Police.
El repertorio de Sting incluyó justas dosis de material solista y de The Police.

El término que le da título a este texto es un invento. Como tal, la definición de impecabilidad musical es antojadiza; digamos entonces que es esta: “Sting”.

Que si el Estadio Nacional era el lugar indicado o no para este show en época de lluvia es otra discusión. Estas líneas no se dedicarán a hablar de lo que pudo haber sido, sino de lo que pasó, y lo que pasó fue maravilloso.

A su presentación en Costa Rica no le hizo falta nada. Tuvo como protagonista un sonido perfecto, contó con un repertorio amplio, diverso y complaciente. Además, la energía no decayó nunca; el artista (con pocas palabras de por medio) siempre se mantuvo afable y supo hacer partícipe al público.

Diría sin miedo a equivocarme que este ha sido uno de los espectáculos de rock más nítidos (en todo sentido) que ha vivido el país en los últimos tiempos, al mismo nivel de los que ofrecieron no hace tanto los también británicos Elton John (2012) o Paul McCartney (2014).

La presencia de esta otra leyenda inglesa es un lujo y esto no solo se explica en términos de lo que conlleva su aporte a la música desde sus días en The Police, sino que se ratifica con su ejecución en directo.

Únicamente en Roxanne Sting modificó la parte más aguda del coro para evitar hacerla, siendo este el único cambio de una melodía en función de su voz. De resto, su garganta sigue incólume.

En el bajo, sus líneas magistrales suelen ser sencillas, pero están cargadas de un ingenio particular, es decir, siempre se salen con la suya, a veces con tan solo sutiles adornos que sobresalen y se roban la atención.

La calidad del frontman se replica también en los músicos que lo acompañan. Es entonces cuando se agradece aún más la pulcritud sonora con la que se apreció el concierto. Sobresalen en este apartado su eterno compañero en la guitarra, Dominic Miller, y el monstruoso baterista Josh Freese. Además, destaca la inclusión de un acordeón y de los coristas masculinos, entre los que aparece su hijo, Joe Sumner.

Sting hizo lo propio en una puesta en escena sobria. Era todo lo que requería. ¿Para qué más?

Su música tampoco estuvo cargada de muchas sorpresas, pero no hacía falta. De hecho, algunos temas sonaron tal y como se les ha escuchado en discos y eso es todo un mérito.

En otras piezas sí aparecieron variaciones que enriquecieron la interpretación. Para citar un solo ejemplo, Desert Rose mantuvo su beta influenciada por la música de la India pero a la vez se convirtió en un tema cargado de fuerza, con solos armonizados de dos guitarras distorsionadas y una batería que emulaba la tabla (instrumento de percusión usado en la música indostaní) pero a la vez se escuchaba con furia roquera.

¡Había tanto que escuchar! Y esto se apreciaba tanto en los clásicos como en las canciones del reciente álbum 57th & 9th.

Tras un concierto así, resulta fácil entender porqué a Sting nunca se le borró la sonrisa durante el espectáculo. Él sabe qué es todo eso que hace bien, y –lo más importante– todavía lo disfruta.

EL CONCIERTO

Artista: Sting

Lugar: Estadio Nacional

Fecha: 9 de mayo 2017

Productora: SD Concerts

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