Un trío italiano de jazz selló su concierto con energía y dinamismo

Por: Arturo Pardo V. 10 septiembre, 2016
El trío italiano de jazz Alessandro Lanzoni, selló su concierto con energía y dinamismo.
El trío italiano de jazz Alessandro Lanzoni, selló su concierto con energía y dinamismo.

El valor de los artistas foráneos que han dado conciertos en El Sótano es tanto cualitativo como cuantitativo. En este espacio hay invitados internacionales prácticamente todas las semanas, pero además no son intérpretes que pasen fácilmente desapercibidos. De hecho, algunos hasta podrían considerarse inolvidables.

El pianista italiano Alessandro Lanzoni, quien se presentó por dos noches en San José con el trío que lleva su nombre, cabe dentro de esa categoría de artistas y/o conciertos cuya calidad merece un espacio especial en la memoria.

Da pesar que haya habido una escasa asistencia de público a sendas presentaciones, por lo que, en esta ocasión, este texto pretende hacer al menos un recordatorio en caso de que dichos músicos regresen algún día. Si no, al menos puede funcionar como motivación para recurrir a las diferentes plataformas donde se pueden escuchar sus álbumes.

Lanzoni, además de ser un gran intérprete tiene un evidente don para la composición. En concierto se escucharon varios standards y otros temas propios, de un jazz moderno y, principalmente, libre e intenso.

Su alianza con el sólido bajista Matteo Bortone y el sorprendente baterista Enrico Morello es realmente agradable. Cada uno de los músicos parece tener integrado su instrumento. En conjunto, además, se ordenan con facilidad, a pesar de que en muchas de las piezas cada quien toma un camino distinto que curiosamente llega a calzar a la perfección.

Wine and Blood, un tema de Lanzoni que sonó en el segundo set del concierto, es el mejor ejemplo de esa convicción inquieta que caracteriza a la música del italiano y a la ejecución del trío.

La pieza, de constantes cambios rítmicos y métricos, presenta muchas cosas ocurriendo simultáneamente en la partitura. Si bien es evidente que hay mucha improvisación en el medio, los momentos cumbre se dan cuando hay una sincronía entre el contrabajo y el bombo, o entre la melodía juguetona del piano y el dinamismo del resto de la batería.

Morello es un baterista enérgico que llama la atención por su ingenio para salirse de los ritmos básicos de acompañamiento y convertirse en líder sin tapar a sus colegas. Su sonido tiene una característica muy interesante, por el protagonismo que tienen sus platillos en el sonido general.

El hi hat se escuchó reiteradamente entreabierto, mientras que los ribetes en los otros dos platos sirvieron para prolongar el sonido posterior a cada golpe. Así se sumaron detalles para extender los momentos más intensos, o para simular susurros en las frases delicadas.

Además el músico ejecuta la batería con un estilo que a ratos se codea con el rock, con fraseos fuertes muy interesantes.

En el concierto el bajo de Bortone también llamó la atención de manera permanente, esto debido a su interpretación pero también al excelente sonido con el que resonó en el Sótano.

Lanzoni, por su parte, aunque en tramos le cedía el papel protagónico a sus compañeros, también tuvo numerosos momentos de brillo. En el segundo set interpretó una extensa introducción en solitario, con hermosos matices y elementos como aplicar la sordina con una mano, presionando directamente las cuerdas del piano destapado.

Su versatilidad va de los matices de "baladas" que enamoran, a piezas como las ya mencionadas, donde la armonía de su mano izquierda es impredecible. En cada faceta musical, él y su trío valen la pena.