El concierto del 119.° aniversario del Teatro Nacional estuvo a cargo de la Orquesta Sinfónica de Heredia

 27 octubre, 2016
Los músicos de la Orquesta Sinfónica de Heredia participan de muchas maneras en el transcurso de la interpretación. Diana Méndez.
Los músicos de la Orquesta Sinfónica de Heredia participan de muchas maneras en el transcurso de la interpretación. Diana Méndez.

Es encomiable que la nueva administración del Teatro Nacional haya escogido a la Orquesta Sinfónica de Heredia para presentarse el viernes pasado en el concierto de celebración de su aniversario 119.°, como preámbulo, además, de una serie de conciertos de la agrupación en el 2017.

La Sinfónica de Heredia, bajo la estimulante batuta de Eddie Mora desde el 2003, se ha convertido en una de las instituciones musicales más importantes del país y, sin embargo, la agrupación, en toda su historia (desde 1962), solo se había podido presentar en cuatro ocasiones en nuestro máximo escenario.

Lamentablemente, desde hace años las administraciones del Teatro han estado más interesadas en cobrar el alquiler de la sala para financiar sus propios desvaríos que en protagonizar la vida artística del país.

Significativo, además, fue que se decidiera para esta ocasión elevar el piso del lunetario, acción contraria a la que normalmente estilan las instituciones de cultura con los artistas y productores nacionales.

En este programa de aniversario, y como ya es costumbre con la OSH, se incluyó una pieza de autor costarricense: la excelente obra concertante para violín y orquesta de cámara de Alejandro Cardona El camino de los cantos , en la que conviven retazos de músicas de muy diferente origen imbuidos en una atmósfera ritual primitivista y algo caótica rítmicamente.

Además del hilo conductor del violín solista, varias estructuras musicales del barroco (la forma tripartita, el bajo de passacaglia y el fugato , entre otras) contribuyen a conformar una partitura de proporciones muy bien logradas. Por especialmente sugestiva, disfruté mucho de la atmósfera modal del primer movimiento, así como de la inteligente relación entre las formas barrocas y la música del Caribe del tercero.

Admirable también me resultó la facilidad y sinceridad con la que el compositor se mueve en el cuarto tiempo entre dos culturas violinísticas que podrían parecer incompatibles entre sí: una del Mediterráneo oriental y la otra del violín huasteco de México.

Erasmo Solerti, por su parte, nos ofreció una lectura limpia y precisa, aunque un poco fría para mi gusto personal, de una parte de violín solista no exenta de dificultades.

Desde hace más de un siglo, dos tal vez, los compositores españoles han estado tirando lo indecible del folclor andaluz. Razón no les falta, es uno de sus mejores productos de exportación, éxito seguro en cualquier rincón del planeta y combustible emocional de primer orden para el nacionalismo patrio de consumo interno. Algo así como el papel que juega la música guanacasteca en nuestro país, guardando, claro está, distancias y proporciones.

Nocturnos andaluces (1996), de Lorenzo Palomo, es una obra bien estructurada con no poca imaginación orquestal y buena factura guitarrística, de la cual sacó provecho la solista cubana del instrumento Rosa Matos. No obstante, esta música nos recuerda tanto a Manuel de Falla y Joaquín Rodrigo que no podemos sino considerarla como otra españolada extemporánea más del repertorio.

Como cierre del programa se incluyó Música para teatro , de Aaron Copland, pieza relativamente temprana del autor compuesta al regreso a su país luego de una estadía de varios años viajando por Europa en donde estudió con la famosa Nadia Boulanger y tuvo contacto con varios compositores de la época. Es también uno de sus primeros intentos de aplicar ritmos sincopados del jazz e intervalos del blues en su música.

En general la orquesta se desempeñó de forma apropiada y coherente durante todo el concierto bajo la dirección siempre eficiente y emotiva de Eddie Mora, con mención especial para los contrabajos y violonchelos, así como de los solos de clarinete y corno inglés.

Otra buena noticia de la velada fue el anuncio de que el escenario del Teatro Nacional contará el año próximo con una concha acústica apropiada. Deberían, sin embargo, los encargados vigilar el material con el cual será construida: no vaya a ser que la hagan de “platina”.