El cine reciclado es fácil: nada más copiar y pegar.

Por: William Venegas 8 septiembre, 2014

Los estudios Disney son terriblemente predecibles cuando se trata de cine con adolescentes o niños. Esa industria es repetitiva hasta el hartazgo. En general, poco cine bueno sale de ahí.

Sin temor alguno, podemos afirmar que la cofradía Disney lleva lo cursi a un nivel casi de culto y que esto tiene su público, sobre todo en términos familiares, eso sí, ligados a lo tradicional y conservador.

Ahora, la escudería Disney trae su enésima versión sobre el valor de la amistad entre adolescentes, con una copia descarada del clásico de Steven Spielberg, ese que todos conocemos: E.T.: El extraterrestre (1982). Dirigido por Dave Green, el filme Disney de hoy se titula Llamando a Ecco (2014).

Es lo mismo: la historia de unos muchachitos, con bicicletas incluidas, quienes se proponen ayudar a un pequeño extraterrestre para que regrese a su hogar, allá en algún sitio del espacio universal, mientras son perseguidos por autoridades y andan a escondidas de sus descuidados padres.

En Llamando a Ecco , tenemos tres varoncitos y a una jovencita que se les une luego. Son Tuck, Munch y Alex. La muchachita se llama Emma y el pequeñísimo alienígena se llama Ecco.

Con ironía, alguien dijo por ahí que todas las generaciones tienen derecho a tener su extraterrestre abandonado. Disney ofrece el de estos días, pero lo hace con tanto desgano, con tan poca creatividad y sin mayor talento, que a Ecco lo olvidamos pronto.

Lo peor es que el diseño del visitante es muy atractivo y sugerente, agradable a la vista, pero hasta eso se desperdicia en el filme: son pocas las ocasiones en que a Ecco lo vemos en tomas cerradas y, si sucede, casi siempre está envuelto en una especie de coraza que lo esconde.

Hasta ahí la inoperancia del realizador de la película y de quienes tuvieron que ver con el asunto. Es como mirar a una seductora mariposa, pero encerrada en un capullo que debió abandonar mucho antes.

Es así como el filme pierde su propia voz y desencanta en lugar de fascinar. Para tener oxígeno propio, dentro de su condición poco novedosa, la trama se llena de cuanta tecnología los adolescentes manejan hoy con mucha celeridad, reconocida eficacia y poca inteligencia social.

Así, los celulares inteligentes –con mensajes gráficos– van siendo los conductores de esta historia que los personajes viven y que a nosotros, los espectadores, termina por aburrirnos.

Para contrarrestar la escasa singularidad del filme, el tratamiento de la historia recurre a ese artificio llamado por muchos como “falso documental”. Para justificarlo, uno de los adolescentes es cineasta en ciernes.

De ahí el mareante exceso de cámara en mano, el descuido imperdonable del plano y del encuadre, las fallas en la continuidad visual de muchas secuencias, la falta de un ritmo preciso y el abandono del diseño de personajes.

Eso sucede con el pretexto de que los espectadores vemos aquello que los niños van filmando con sus cámaras o celulares. Estilo mal manejado. En fin, Llamando a Ecco es película que no llama a nada gustoso o importante. Prescindible.