Tres son suficientes Un recital polifacético

Por: Arturo Pardo V. 11 octubre, 2014

Jazz Café tiró la casa por la ventana con motivo de su décimo quinto aniversario, con una serie de conciertos protagonizados por artistas internacionales de renombre.

El festejo es más que merecido, en honor a un trabajo ininterrumpido dedicado a darle casa a exponentes del extranjero que, antes de la existencia de este espacio en el este y el oeste de San José, difícilmente tenían cabida justificada en un escenario nacional.

La ocasión, además, es un festejo para la escena musical local, que ha tenido las puertas abiertas de Jazz Café para presentarse en un calendario tan amplio como variopinto desde hace más de una década, cada vez con mayor apertura de géneros y propuestas.

Este fin de semana , los invitados del aniversario son tres músicos cuya labor brilla suficientemente por separado, pero, en conjunto, resulta una bomba de tiempo... y para bien.

La terna la conforman Mendoza, Heredia y Neto –o bien– el bajista y vocalista Marco Mendoza (Thin Lizzy, White Snake, Dead Daisies), el baterista Joey Heredia (Tribal Tech, Stevie Wonders) y el tecladista brasileño Renato Neto (Rod Stewart, Prince).

Dentro del trío, Mendoza se convierte en un gran entretenedor más allá de la faceta musical.
Dentro del trío, Mendoza se convierte en un gran entretenedor más allá de la faceta musical.

Esta es tercera ocasión en que el trío visita el país. Fue uno de los primeros conjuntos que Jazz Café trajo a Costa Rica, mientras que su segunda visita ocurrió hace nueve años.

La formación integrada por bajo, batería y teclado reta al oído de quien asuma que la guitarra eléctrica es indispensable en toda ocasión donde se quiera interpretar rock. El trío inglés Emerson, Lake & Palmer catapultó este formato a inicios de los años 70. Previamente, servía más como un respaldo a quien llevara la voz cantante.

Con Mendoza, Heredia y Neto, los límites de posibilidades entre estos tres instrumentos no existen y, por el contrario, las responsabilidades de los instrumentistas se reparten con justicia entre las seis manos involucradas. Cada quien llena con éxito el espacio de sus socios, logrando además matices en conjunto, donde todos los remos jalan el agua de manera pareja.

El respeto que se ha ganado la fusión de los tres nombres involucrados en el mismo afiche para este espectáculo, se respalda con cada compás interpretado.

El jueves pasado, en un concierto de más de dos horas el trío hizo gala de su versatilidad, con una gama de ofertas sonoras que iba del jazz fusión con largos tramos de improvisación, al R&B o a la balada rock de estructura convencional, así como diferentes ritmos movidos de origen brasileño (con la evidente influencia de Neto) y una salsa sabrosa que parecía provenir de las manos de una gran orquesta latina.

Está de más querer comparar a tres artistas, ya que son complementarios, pero hay que destacar a Mendoza como gema brillante. Además de poner sus manos sobre el bajo y cantar simultáneamente, tiene la virtud de ser un gran showman que hasta baila en tarima.

Posee un registro vocal muy amplio así como una selecta variedad de timbres, cada uno ajustado a diferentes intenciones. Es capaz incluso de convertir su aparato fonético en un set de percusión que hace juego con la batería intrépida de Heredia, cada vez que se le antoja.

Vale resaltar la invitación hecha al percusionista alajuelense César Espinoza , “El timbalero del barrio”, para tocar en un par de temas durante el concierto. Su habilidad asombrosa en la timbaleta hizo amalgama perfecta con la batería –ya de por sí bastante latina–.

Este sábado, el grupo dará su tercer concierto consecutivo. Sobra decir que vale la pena escucharlo.