El 18 y 19 de febrero la banda guatemalteca regresará para presentar su repertorio en acústico y eléctrico. Álvaro Aguilar narra la historia del grupo.

Por: Carlos Soto Campos 16 febrero
Álvaro Aguilar, líder de Alux Nahual no revela su edad, pero exhibe orgulloso su carrera de casi cuatro décadas y nueve álbumes de estudio. JOHN DURÁN
Álvaro Aguilar, líder de Alux Nahual no revela su edad, pero exhibe orgulloso su carrera de casi cuatro décadas y nueve álbumes de estudio. JOHN DURÁN

El 18 y el 19 de febrero, el grupo guatemalteco Alux Nahual regresará al país para dar dos conciertos en el Teatro Popular Melico Salazar. Han pasado cinco años desde su última visita.

“Este concierto será un encuentro entre dos amigos que tienen mucho tiempo de no verse, dos amigos muy entrañables que se encuentran y se dan un abrazo”, explicó Álvaro Aguilar, quien formó la agrupación en 1979, con hermanos, primos y amigos.

Conversamos en una visita promocional previo al concierto, en la sala principal del Melico; la última vez que pisó ese escenario fue en 1994.

Los boletos para verlos interpretar temas como Vuelve van de los ¢26.500 a los ¢ 83.600. Se compran en eticket.cr o puntos Servimás.

¿Qué lo llevó a ser músico? Usted había estudiado química...

Mi papá era químico y él quería que yo tuviera esa carrera; pero no era lo mío. La música viene en tus genes, no es algo que escojás vos. Tenés ese impulso terrible, inevitable de hacer música.

”Como químico o médico haces pisto (dinero), pero no eres feliz. En mi familia, mis dos hermanos y mi hermana y mis seis primos, sin excepción, todos tocan un instrumento. Esto no es casualidad, todo esto venía en los genes de los Aguilar”.

Haber estudiado química y matemática me ayudó a estimular el hemisferio izquierdo del cerebro, la parte menos creativa; me ayudó a ser más completo. La diferencia entre un músico exitoso y uno que no, es su conocimiento, sus herramientas intelectuales.

¿Cómo conectan esos genes musicales con el rock ?

El rock fue un movimiento literario y cultural antagonista a la guerra de Vietnam. Nosotros aparecimos tiempo después, cuando nadie estaba haciendo rock en español o, al menos, nosotros no sabíamos de músicos como Charly García o Spinetta, en Argentina.

Las radios tampoco sabían y no nos sonaban. Las emisoras de rock solo sonaban música en inglés y las emisoras en español solo sonaban a Julio Iglesias y Camilo Sesto. No cabíamos en ningún lado.

¿Cómo superan ese obstáculo y se vuelven una de las bandas más vendidas de la región?

El primer disco pasó de mano en mano y se volvió un éxito underground . La misma disquera, Dideca, estaban muy sorprendidos, ni ellos mismos creían mucho ( ríe ). Fue muy orgánico. Pegaron los primeros tres discos y el cuarto no fue tan exitoso. El quinto, Alto al fuego , fue un éxito instantáneo; como fuego, precisamente. Se volvió disco de oro y viajamos muchísimo.

¿Lo cambió ese éxito de manera personal?

No, para nada; pero sí en lo profesional. Se abrieron muchas puertas: Sony Costa Rica nos firmó y fuimos la primer banda extranjera que tuvieron.

”Creo que ni ellos ni nosotros estábamos preparados para eso; entonces, hicimos varias giras pero no se logró avanzar más allá”.

¿Cómo era la dinámica del grupo en ese momento?

Un poco problemático, porque éramos muy democráticos en todas las decisiones. Era muy difícil avanzar porque había que respetar la opinión de todos y se iba muchísimo tiempo para llegar a conclusiones. Fue muy extenuante para mí, muy extenuante. Eso llevó a la separación del grupo.

En 1999 se separan y usted trabaja como solista. ¿Qué encontró en ese espacio?

Fue muy natural, visité los mismos lugares, con un éxito similar. En El Salvador mi disco No me digas estuvo de primero en las listas durante ocho semanas.

”Seguí produciendo, porque es para lo que nací. Un pez no termina de nadar, hasta que se muere; igual yo, no voy a terminar de componer nunca”.

¿Qué lo inspira ahora?

Lo mismo de siempre, las vivencias. Para mí esto se trata de ver lo que está pasando a tu alrededor, explorar esas ideas. A veces vienen los versos primeros, a veces la música, pero todo nace de querer decir algo sobre los pájaros en la ciudad o la guerra y el amor.

Estos temas han sido parte central de su obra...

Sí, vivimos por mucho tiempo la guerra, es lo peor. La guerra transforma a un muchacho perfectamente normal en un asesino, en un violador; la guerra le da espacio a las personas de ser lo peor que pueden ser.

”Todo ese sufrimiento viene en nuestra radical convicción de que la guerra no debe existir y ningún pueblo debe ir a la guerra. Hay que gritarlo todo el tiempo, para que te escuche todo el mundo”.

¿Cómo regresa a trabajar con sus compañeros?

Yo trabajaba en el Ministerio de Cultura (de Guatemala) y tenía a mi cargo varias instituciones (al ser Coordinador General del Programa de Coros, Bandas y Orquestas). Tuve a mi cargo la Sinfónico Nacional, el Ballet de Guatemala, el Ballet Moderno Folclórico y todos los teatros.

”Cuando me hice cargo de las orquestas juveniles y las orquestas del Ministerio de Educación, y a raíz de ese trabajo, me di cuenta que no era tan complicado hacer un concierto sinfónico y quise hacerlo con Alux Nahual.

”Quedamos tan satisfechos, que dije: ‘No, no puede ser que no estemos de acuerdo con esta gente’. Les propuse regresar; en los temas artísticos íbamos a ser democráticos y los temas de administración los iba a llevar yo. Así funcionó ( ríe )”.

¿Los terminó de unir el trabajo en estudio?

Fue difícil. A cada quien le pedimos canciones para el primer disco del regreso, Murciélago danzante (2012), y fue como echar a andar una rueda que tiene mucho de no rotar. Pero, poco a poco, caminó. En cambio, en el álbum Sueños de jade (2016), fueron tantas las canciones que se hicieron que tuvimos que dejar por fuera.

¿Cómo han enfrentado los nuevos retos que tiene ahora la industria de la música?

Cuando desapareció el disco físico todos nos asustamos, pero ahora subimos nuestra música a una plataforma que se encarga de ponerla en Amazon, iTunes, Spotify, Deezer. Vos decidís qué subís y cómo lo promocionás. No necesitás que una disquera te mueva en Noruega porque para eso le podés pagar a Facebook. ¡Es como tener tu propia disquera!

Yo me resistía tener teléfono inteligente, porque de verdad que abstrae a las personas, rompe las relaciones humanas que teníamos antes; vuelve a la gente antisocial. Me costó un poco aceptarlo, pero ahora lo uso para Waze y Whatsapp.

¿Qué puede esperar su público fiel de los conciertos que vienen?

La música de Alux Nahual con cambios de dinámica. Un concierto que solo es pesado, como una conversación monotemática, aburre. En ciertos momentos dejamos de lado lo “eléctrico”, para concentrarnos en lo acústico.

Así como una conversación tiene silencios, risas o momentos altos, un buen concierto tiene todo eso; así serán estas presentaciones.