14 agosto, 2014

La actriz panameña Daphne Rubin-Vega, amiga de Philip Seymour Hoffman desde los años 90, defiende al actor fallecido en febrero de este año a causa de una sobredosis: "Tenía una enfermedad mental grave", dijo.

Sin herencia. Philip Seymour Hoffman tuvo tres hijos; sin embargo, el dinero de su herencia pasará a manos de Mimi O'Donnell. AP.
Sin herencia. Philip Seymour Hoffman tuvo tres hijos; sin embargo, el dinero de su herencia pasará a manos de Mimi O'Donnell. AP.

"Llevaba sobrio más de 22 años, eso hace falta que la gente lo sepa para que entiendan que tenía una enfermedad grave; lo que ha pasado no tiene que ver con la clase de persona que era, él quería muchísimo a su familia, a sus hijos, a su pareja. No importa qué clase de inteligencia o éxito tengas, no depende de ti", aseguró.

"Cuando uno llega a los 40 años -reflexiona la actriz, bailarina y cantante hispana- cree que ya puede dominar las cosas que le pasan, piensas que, con todo lo que has vivido, no te va a volver a pasar. Él era muy perfeccionista, se torturaba mucho (...). Pero hablamos de una enfermedad mental grave; mira qué le pasó a Robin Williams, esto le pasa a mucha gente acá".

Rubin-Vega habló por teléfono con la agencia EFE desde Nueva York, donde vive y trabaja, con motivo del estreno de este viernes en España de la única película dirigida por Philip Seymour Hoffman, Jack Goes Boating, que se rodó sobre la obra de teatro del mismo título que protagonizaron Ortiz, Hoffman y ella y que estuvo en cartel cerca de dos años en el off-Broadway.

"Al igual que hace Jack, su personaje en la obra, Phill visualizaba las cosas que quería conseguir; era como una cebolla, sacando capas del ser humano, hurgando para encontrar la verdad de la condición humana, tratando de averiguar cómo se comporta la gente honestamente, cuando actúa sin prejuicios", recordó la panameña.

"Era perfeccionista y autocrítico, y su peor enemigo", añadió John Ortiz, desde Los Ángeles.

"Su nivel de exigencia era tan alto que era difícil que nunca quedara satisfecho, pero eso también le hacía muy bello como artista", afirmó el actor estadounidense de origen portorriqueño.

Seymour Hoffman y Robin Williams, fallecido recientemente, tenían varias cosas en común; aparte de ser ambos "artistas, y con esto quiero decir -aclara Ortiz- que eran mucho más que unos geniales actores", los dos tapaban con humor lo peor de su existencia.

"El humor estaba siempre al mismo lado del dolor; el dolor era la gasolina y el humor era la máscara. Ambos tenían la sonrisa del clown", finalizó.

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