Un artista que pinta imágenes con la potencia de su voz

Por: Allan Andino 1 junio, 2015

“¿Quién sostiene mi voz? Dios mío sostenga mi voz. Es Joel, Joel la clavó... ¡Gol de Costa Rica! ”. Con esa frase, hace casi un año, Mario McGregor relató el primero de los dardos mundialistas de la Selección Nacional, en su aventura por Brasil 2014.

Aunque tiene toda la pinta de un artista de jazz, el relator deportivo dijo que lo suyo es la salsa y la música romántica. Confesó que le gusta jugar lotería y siempre busca el 73, por ser la edad en que murió su madre, y este año el 84, la edad que tendría ella hoy. El próximo año lo cambia por el 85. Jorge Navarro.
Aunque tiene toda la pinta de un artista de jazz, el relator deportivo dijo que lo suyo es la salsa y la música romántica. Confesó que le gusta jugar lotería y siempre busca el 73, por ser la edad en que murió su madre, y este año el 84, la edad que tendría ella hoy. El próximo año lo cambia por el 85. Jorge Navarro.

Pero esta institución de las transmisiones futbolísticas se ha dado el lujo también, de describir en vivo y en directo el primer gol de la Sele en un mundial. Fue en Italia 90, con Juan Arnoldo Cayasso.

Estas son solo parte de las anécdotas del narrador de radio Columbia 98.7 FM , y uno de los consentidos del país. En este mes está alcanzando 37 años de trayectoria tras los micrófonos, cuando hizo sus primeras armas en radio Casino, en Limón.

Fue el locutor comercial Jorge Marín el responsable de apodarlo La Doble M, y hoy, a sus 58 años, afirma que le queda mucha garganta para cantar goles.

Sobreviviente de dos infartos, querido por unos, odiado por otros y próximamente padre de un nuevo retoño (sí, a los 58), el popular narrador nacional nos confesó esto y más.

¿Cómo fueron sus inicios en la narración de partidos?

Fue mi madre. Vivíamos en finca Paraíso, en Sixaola. En una zona cacaotera campesina. Con ganado y un río caudaloso que sigue comiéndose la tierra. Tenía como 5 o 6 años y me llamó mi mamá para escuchar un partido de Limón. Era una radio color celeste; narraba Ruperto Bonilla.

”Cuando fui creciendo iba al campo a ordeñar y, de regreso, venía narrando partidos imaginarios. Es un don de Dios. Yo quería ser narrador y uno de los mejores. Tuve que romper ciertos paradigmas para lograrlo”.

Cuando dice eso, ¿a cuáles paradigmas se refiere?

No me gusta hablar mucho de eso, pero se decía que un negro no podía narrar fútbol porque no hablaba bien español. Recuerdo que en San José, me recomendaron a una radio y el director de esa emisora me dijo que no podía, por ser negro. Luego, me terminó contratando. Contra ese tipo de paradigmas tuve que luchar.

Quería ser futbolista, ¿qué pasó en el camino?

Sí, quería ser centro delantero de Limón. Tenía el problema de mis arterias obstruidas, me cansaba mucho al correr, pero no era bueno tampoco (risas).

¿De qué forma define su estilo para relatar partidos?

Mi estilo es para todo el mundo. No tengo ego en la narración. No soy de palabras o verbos rebuscados. Yo le narro al pueblo. Soy más populacho.

Su voz es su herramienta de trabajo, ¿cómo se cuida?

Miel y limón. Nada de tomar bebidas con hielo. Si uno está con la garganta mal, (entonces se debe) tomar mucha agua, y si del todo está con gripe mejor no ir.

¿Cuántos países ha visitado gracias a las transmisiones?

He estado en más de 40 países, creo. Visité todos los continentes, y el país que más me ha asombrado fue Gales. Estuve para un partido de fogueo de Costa Rica antes del Mundial de Italia 90 . Esa gente habla como lo hacían mis abuelos. Ahora me encantaría conocer Luxemburgo, pero ir no por trabajo, sino de vacaciones.

¿Cuál gol fue el que más le dolió relatar y el que más le alegró?

El más triste fue la eliminación 2-2 de Costa Rica contra Estados Unidos, en Washington. Ya estábamos en el Mundial (de Sudáfrica); solo había que sostenerla. Me acuerdo bien de la jugada. Yo siempre canto los goles que nos meten. Soy imparcial. Uno tiene que ser profesional y cantar. Fue durísimo. Por su parte, el más bonito para mí siempre será el de Cayasso, en Italia 90. Era el primer gol de Costa Rica en un mundial.

Estuvo programando música un tiempo en los 90, ¿cierto?

Sí. En radio Sabrosa y Emperador. Se llamaba Pólvora musical del Caribe ; poníamos reggae roots y dancehall . Mi salario no estaba bueno con Javier Rojas, entonces busqué otros ingresos. Todavía la gente me dice que retome el programa, pero eso ya es una etapa superada.

¿Si no fuese narrador a qué se hubiera dedicado?

Yo creo que diplomático. Aunque no sé, soy muy quitado para hablar. No me gusta dar entrevistas, soy muy quitado (risas). No sé como haría.

”Estudié un tiempo Relaciones Internacionales, pero no seguí. Me casé, la señora mía trabajaba en el Ministerio de Hacienda. No había plata para pagar empleada y yo cuidaba mis hijos. Me salí de estudiar y mejor vivo del fútbol”.

La radio es un medio que permite imaginar lo que sucede en el terreno de juego, y las cuerdas vocales del limonense, han sido las responsables de contar acontecimientos históricos del fútbol costarricense. Los goles en el estadio Luigi Ferraris de Génova contra Escocia y Suecia, y los de la hazaña en el Mundial de Brasil 2014, engrosan su largo expediente. Jorge Navarro.
La radio es un medio que permite imaginar lo que sucede en el terreno de juego, y las cuerdas vocales del limonense, han sido las responsables de contar acontecimientos históricos del fútbol costarricense. Los goles en el estadio Luigi Ferraris de Génova contra Escocia y Suecia, y los de la hazaña en el Mundial de Brasil 2014, engrosan su largo expediente. Jorge Navarro.

¿Cómo es Mario cuándo no está en coberturas deportivas?

Me gusta ver televisión, noticias, Discovery Channel y ese tipo de canales. Además veo fútbol. En el día, digo la verdad, voy a tomarme un whiskito con señores mayores. Me gusta conversar con ellos. Después de los partidos no salgo, sobre todo tras un clásico.

”No me gusta ir por las discusiones. El manudo me dice morado, el morado me dice manudo. El cartago igual. Ninguno piensa que yo soy limonense”.

En este medio hay gente que lo odia o no simpatiza con usted. ¿Por qué cree que un sector no le cae bien Mario McGregor?

El finado Pilo Obando me dijo que los que no me querían era por ser bueno, por narrar bien, por salirme del montón. La mayoría que no me quieren están en el medio. Hay gente fanática, te insultan cuando llegas al estadio, te gritan. Pero cuando juega la Selección esa misma gente te escucha. Pero donde realmente hay odio es en el medio deportivo.

¿Lo han traicionado allí?

Sí. He ayudado a muchos y me han dado la espalda. Yo creo que soy el más odiado en el gremio periodístico deportivo y sin hacerles nada. Cuando yo llego al estadio soy un tipo serio porque llego a trabajar. Pero veo gente de prensa escrita, incluso jovencitos que no me conocen y es como que vieran al diablo. Llegan asustados conmigo porque hay gente vieja en el medio que los agarran y les hablan mal de mí.

”Ya cuando me tratan se dan cuenta de otra cosa. En Monumental me pasó que me tenían miedo y luego me dijeron: ‘Mae, pero usted es buena gente, no sé porque dicen otras cosas’. Yo sé de dónde viene eso. Tengo mi carácter y cuando tengo que defenderme lo hago. Pero hay envidias”.

En mayo del 2013 recibió un cateterismo por un problema en el corazón. ¿Cómo está actualmente y cómo se cuida?

Yo he tenido dos infartos. El primero en el 95, y después en el 2000. Esta última vez, en el 2013, fueron piedras en la vesícula, y llegué con tanto dolor que me hicieron un electrocardiograma, y descubrieron que tenía dos arterias obstruidas. Ahorita me cuido con medicamentos, consumiendo poca grasa y con ejercicios, caminando poquito.

¿Es padre de cuántos hijos?

Son seis, más una que crío siete, y viene otra niña en camino.

¡Otra niña en camino!

(Risas) ¡Sí! Está para octubre. Se va a llamar Alayah. Bienvenida sea. Es una primicia porque me la tenía calladito. No lo quería decir por la edad. Yo creí que ya había cerrado la fábrica. La mujer quería, ella está joven, tiene 34 años y bueno, ¡a echar pa’ lante! Es una bendición y confieso, fue una gran sorpresa para mí. Soy un papá muy alcahueta.

¿Hasta cuándo estará McGregor frente a los micrófonos?

Hasta que el cuerpo diga basta, pero sí quiero pensionarme. Mi plan es en unos tres años, para luego seguir por servicios profesionales. Y cuando me canse pongo un negocio propio. Me siento ‘pochotón’ (para narrar) todavía.