18 abril, 2016

Brisbane

La esposa de Johnny Depp, Amber Heard, se declaró culpable este lunes ante un tribunal australiano por falsificar documentos para introducir de forma ilegal a ese país a sus dos yorkshire terriers en su avión privado.

Este caso salió a la luz en mayo de 2015, cuando el ministro australiano de Agricultura Barnaby Joyce amenazó con sacrificar a las mascotas de la pareja si no se "largaban a Estados Unidos".

El tribunal de Southport, en la costa oriental de Australia, había decidido abandonar los cargos contra la actriz por ingreso ilegal de animales al país.

Pero Amber Heard se declaró culpable de un tercer cargo, el de haber falsificado el formulario de inmigración que toda persona que entra a Australia debe llenar, en el que se pregunta entre otros si se transporta animales o plantas.

Según los medios de comunicación, omitió declarar que llevaba consigo a sus perros, Pistol y Boo.

La pareja llegó al tribunal en una limusina negra, ante una multitud de periodistas, constató un fotógrafo de la AFP.

Johnny Deep y su esposa Amber Heard salen del tribunal de Southport en Australia, en el cual Heard se declaró culpable.
Johnny Deep y su esposa Amber Heard salen del tribunal de Southport en Australia, en el cual Heard se declaró culpable.

Según Australian Broadcasting Corporation, Amber Heard entregó al tribunal un video en el que presentaba "disculpas públicas" y acusaba del error a los empleados de Depp, que estaban a cargo de los trámites administrativos.

"Fue un error terrible, terrible", dijo su abogado, Jeremy Kirk. "No hubo ninguna intención de engañar", aseguró.

La sentencia será comunicada en la jornada.

Deep, que interpreta en el cine al personaje del capitán Jack Sparrow, rodaba en la región de Gold Coast, una zona muy turística, la quinta entrega de Piratas de Caribe: Los hombres muertos no cuentan cuentos.

La presencia de los dos perros de la pareja fue revelada cuando fueron llevados a una peluquería canina, mucho después de su llegada al país.

Pero abandonaron el país rápidamente tras las amenazas de las autoridades.

Australia tiene un reglamento muy estricto en lo que concierne la entrada al país de animales, para evitar la propagación de enfermedades.

A los gatos y perros provenientes de Estados Unidos se los somete a diez días de cuarentena.

Los infractores se enfrentan a fuertes multas o incluso a penas de prisión de hasta 10 años.

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