El espectáculo explora el doloroso mundo del trabajo sexual

 20 julio
XpermA sigue en escena. Cortesía Jimena Valverde Chacón.
XpermA sigue en escena. Cortesía Jimena Valverde Chacón.

Estamos en la zona roja de una San José futurista. La capital es una síntesis de tiempos en la que convergen los teléfonos de moneda y las más avanzadas gafas de realidad virtual. El colón ha desaparecido para darle paso al bitcóin (dinero electrónico). El jugo de remolacha es, ahora, la panacea universal. Los recuerdos pueden implantarse en las mentes, pero no logran ocultar la miseria de quienes viven de alquilar sus cuerpos.

Por este submundo de antros y callejones vaga un trío de oferentes sexuales: una mujer, un jovencito y un travesti. Los vemos discutir entre sí, pero también apoyarse en las circunstancias de mayor necesidad. Sus vidas penden de un hilo. Las adicciones y el riesgo latente de infectarse los mantienen bajo estado de amenaza. La temible enfermedad podría arrojarlos al inframundo de la escala social.

De entrada, el planteamiento de XpermA sorprende. Su abordaje imaginativo parece sugerir nuevas formas de acercarse a un tema del que, por lo general, percibimos solo la fachada. Sin embargo, la obra se va enredando en una trama de hilos narrativos que no avanzan con claridad. Como espectador, uno descifra ciertos conflictos, pero otros se pierden por la falta de antecedentes e información precisa.

Luego de un rato, uno renuncia a comprender la anécdota y se resigna a acompañar a los personajes en sus carencias y, sobre todo, en sus vaivenes emocionales. El problema radica en un texto dramático fragmentario y oscuro en el desarrollo de los acontecimientos. Por lo demás, sí es posible identificar la abierta crítica a una sociedad hipócrita, discriminatoria y prejuiciosa contra los trabajadores sexuales.

Un aspecto que está resuelto con eficacia es el diseño espacial. Tarimas de madera y un andamio generan un dispositivo de diversos niveles que, además, integra el camerino y la cabina de control como ámbitos del juego escénico. A partir de pocos recursos y un colorido esquema de luces, el público recibe los estímulos necesarios para imaginar el bar de mala muerte, detrás de una ventana, o el búnker al otro lado de una puerta.

En el plano actoral, destaca el desempeño de Jonathan Alpízar en el rol del travesti Vicky. El intérprete corporiza a un ser que arrastra sus penurias con el garbo de quien desfila por una refinada pasarela. El contraste entre la realidad y las fantasías del personaje se acentúa en el maquillaje exagerado que difumina y deshumaniza los rasgos faciales de Vicky, casi al borde de transformarla en una especie de autómata.

XpermA cuestiona, en su cierre, el modelo de una sociedad violenta que usa y desecha los cuerpos de sus trabajadores sexuales. Al mismo tiempo, reivindica a estas personas por su resistencia solidaria ante el infortunio. Es una lástima que tal llaneza no permeara el resto del espectáculo. En algunas ocasiones, no se debería subestimar la fuerza de un enfoque simple y directo para llegar –sin recovecos– a las profundidades de un tema complejo.

FICHA ARTÍSTICA

Dirección y dramaturgia: Minor Hernández Jiménez

Intérpretes: Maite Rojas Segura, Jonathan Alpízar Rojas, Daniel Astorga Arrieta, Melissa Williams Aguilar

Escenografía: Charlie Cordero

Diseño de iluminación y vestuario: COSA Lab Colectivo Escénico

Diseño gráfico: Enrique Valverde Get

Ilustraciones: Adrián Retana

Asistente de dirección: Sonia Hernández

Producción: COSA Lab Colectivo Escénico

Espacio: La Casona Iluminada

Fecha: 16 de julio de 2017

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