Muy espiritual El narrador encontró en su relación con Dios la paz para afrontar su insuficiencia renal y la idea de la muerte

Por: Gloriana Corrales 24 abril, 2014

En cuestiones de fútbol, el queridísimo narrador Manuel Antonio Pilo Obando podía lucir muchas veces desesperanzado; pero en asuntos de salud era más bien un optimista, con la mirada en el suelo y los pies sobre la tierra.

Consternados. “Ahora se vale llorar, sentir, porque el amigo y compañero partió, pero existe consuelo en saber que él está mejor”, dijo Salazar. Luis Navarro
Consternados. “Ahora se vale llorar, sentir, porque el amigo y compañero partió, pero existe consuelo en saber que él está mejor”, dijo Salazar. Luis Navarro

En la larga espera por un trasplante de riñón, el pastor de la iglesia Vida Abundante, Ricardo Salazar, no recuerda ni un solo instante en que percibiera nervios o tristeza en el ánimo de Pilo.

Incluso, la idea de un pitazo final de la vida era algo que había aprendido a asumir en completa paz.

“Sin duda alguna, él tenía claro que la posibilidad de la muerte es del 100% en todos los seres humanos. La pregunta es cuándo y cómo, y una pregunta extra es para dónde. Él tenía esas certezas de que un día le tocaría morir y que quería estar preparado, y creo que Pilo Obando estaba preparado”, comentó Salazar, quien se llevó una sorpresa al enterarse de que por fin había recibido el trasplante.

Dos días después, cuando supo que su estado de salud era delicado, puso en marcha un movimiento de oración por Internet junto a otras 5.000 personas.

El carismático relator llegó a Vida Abundante hace unos cinco años, cuando enfrentaba tiempos de sequía personal, familiar y económica, recuerda el pastor.

Obando se ganó tal cariño en la iglesia, que unos meses atrás, un miembro de esa congregación le ofreció un riñón. Cuando ambos estaban listos para someterse a la operación ese hombre –quien nunca quiso que se difundiera su nombre– afrontó un quebranto de salud que hizo imposible el trasplante.

Primero en la cancha. En 1978, Pilo narró el premundial juvenil en Honduras, mientras Salazar jugaba en la selección. Así fue como iniciaron su amistad.

“Ese don de gente que todo el mundo le conoció en aquella época, lo ejerció con un grupo de muchachos que estábamos haciendo nuestras primeras armas”, afirma el exfutbolista, quien luego jugó una década en Saprissa.