Una hoja de 100 gramos se convirtió en un tiquete de avión que le permitirá a un costarricense viajar a lo alto hasta Austria, donde lanzará otro avioncito más

Por: Arturo Pardo V. 12 abril, 2015

El punto más lejano en la pista de aterrizaje marcaba los 30 metros. 30 metros que nunca dejaron de verse de largo.

21 aviones comandados por 21 no-pilotos alzaron vuelo (o pretendieron hacerlo) en la tercera edición realizada en Costa Rica de la competencia Red Bull Paper Wings, organizada por la marca de bebidas energéticas Red Bull.

Sería una mentira decir que todos aquellos avioncitos de papel alzaron vuelo, pues a algunos les hubiera ganado en fuerza y dirección una pluma cayendo sin rumbo.

Sin embargo sí hubo aeronaves que salieron disparadas como misiles desde que sus constructores los soltaron de sus manos. “Fiu”, silbaban.

Solo uno de aquellos 21 concursantes se dejó el esperado premio de la tarde del pasado miércoles: un viaje a Salzburgo, Austria, para representar a Costa Rica en la gran final mundial de Red Bull Paper Wings, a realizarse en mayo.

El preciado tiquete de avión tiene nombre: Damián Díaz, un estudiante de Diseño de producto, a quien, evidentemente, su diseño le salió bien productivo, tras lograr aventar su avión a una distancia de 14.9 metros.

Todos los aviones fueron construidos en el mismo tipo de papel, aunque hubo diseños de punta chata, otros alargados, algunos de punta fina o alas curvas.
Todos los aviones fueron construidos en el mismo tipo de papel, aunque hubo diseños de punta chata, otros alargados, algunos de punta fina o alas curvas.

“Me metí a Youtube a buscar ideas y me di cuenta de que tenía que hacer un avión fino que tuviera el centro de gravedad adelante”, dijo el estudiante de la Universidad Véritas, lugar donde se realizó la edición nacional del concurso.

Su preparación fue escasa, según aceptó, pero, como él mismo dijo, a su lado se aliaron no solo la aerodinámica sino también la suerte.

Esa fue la que le pasó de lejos a otros de los participantes, cuyas creaciones no superaron ni el metro de consolación en ninguno de los tres intentos que tuvieron.

Cerca, cerca, Cerca

La asistencia incluyó la inscripción de estudiantes de diferentes universidades, carreras y bagajes, sin que el conocimiento en origami fuera un requisito.

A cuarenta centímetros del ganador se quedó Luis Monge, casi como al pasajero al que le cierran la puerta de abordaje en la cara.

De tercero se ubicó Jonathan Cheung, un estudiante de Diseño de desarrollo de videojuegos. Tiene 22 años y aprendió a doblar aviones de papel el día anterior; aún así, no le fue nada mal.

Alfredo Gutierrez (de azul) falló en su intento de volar alto. Detrás suyo, Damián Díaz, se aprestaba para tocar la gloria con su avión ligero.
Alfredo Gutierrez (de azul) falló en su intento de volar alto. Detrás suyo, Damián Díaz, se aprestaba para tocar la gloria con su avión ligero.

El hecho de haberse subido al podio fue el respaldo a su talento y capacidad de improvisar, pues al último momento cambió el diseño de su nave cuando se dio cuenta que no podía pretender hacer una parábola en el espacio de techo poco alto.

Marshell Freeburn no ganó nada, pero no le fue tan mal tras probar tres diseños diferentes que aprendió a hacer desde pequeño cuando, junto con su abuelo, en Limón, construían papalotes y aviones empapelados. En cambio, Yeider Sánchez (quien ganó en Costa Rica en el 2012) pintaba como fuerte contendiente y su avión se perdió de camino.

Otros vuelos se desviaron, unos cuantos sufrieron aparatosos choques y algunos casi parecieron haber sido cancelados, mientras que unos pocos brillaron con su particular forma de volar.

En Austria la final se antoja complicada, pues el último récord (alcanzado el año pasado en el Hangar-7 del aeropuerto de Salzburgo) fue de un avión de papel que alcanzó los 69.14 metros. Este año, la mejor marca en competencias nacionales fue de 57.7 metros. en Canadá.

Con el tiempo a su favor, Damián Díaz todavía podrá aterrizar mejor su diseño para el avión de 100 gramos y, porqué no, hasta agarrar suficientes bolados volados.