Por: Yuri Lorena Jiménez 20 septiembre, 2015

¿Es Costa Rica uno de los países más felices del mundo? Pues eso dicen, depende de por dónde se vea.

Lo que sí se puede asegurar es que en esta tierra bendita gracias a los atributos de su naturaleza, realmente existen vergeles destinados a prodigar experiencias integrales de relajamiento para el cuerpo, mente y espíritu, que a la postre redundan en momentos felices, ya sea teñidos de euforia, ya sea teñidos de solaz.

Quizá sus nombres no sean tan rimbombantes entre la enorme oferta hotelera que existe a lo largo y ancho del país, pero una vez que se cruzan los portones de ingreso, aquello se vuelve un viaje sin retorno: en la despedida se tiene la feliz certeza de que uno no se va del todo porque, de fijo, volverá.

Por supuesto, uno regresa a su cotidianidad, pero renovado, cargado de buenas vibras y, sobre todo, con la capacidad de asombro desbordada por lo visto y vivido.

En colaboración con el Instituto Costarricense de Turismo (ICT), la Revista Dominical ofrecerá diversos reportajes de turismo temático en diferentes zonas del país entre los meses de setiembre y noviembre.

En esta ocasión, nos enfocamos en “Bienestar y Relajación”, dos conceptos cubiertos por todos los costados en los destinos elegidos.

Buena Vista Lodge y Borinquen están ubicados en las faldas del volcán Rincón de la Vieja, en Guanacaste, a una distancia de tres kilómetros uno del otro.

El primero en albergarnos fue Buena Vista Lodge, ubicado en (la dirección no puede ser más a la tica) “Rincón de la Vieja, Liberia, de la BK (Burger King) o de los semáforos de la Interamericana 13 kilómetros hacia el norte”.

Conforme se avanza desde la ciudad blanca hacia los verdes destinos, comienza el disfrute sensorial por la maravilla de poblados a la vera del camino; el paisaje típico natural guanacasteco y la rotulación que va guiando a los paseantes con elocuentes vallas que encienden las alertas –en el mejor sentido– de lo que nos espera.

Los saunas de ambos hoteles (en este caso, el del Borinquen) se hayan empotrados en media selva. Acá, los turistas holandeses Marloes Augustin y Arjen Selhorst preparan sus poros para el inminente “baño” de barro volcánico.
Los saunas de ambos hoteles (en este caso, el del Borinquen) se hayan empotrados en media selva. Acá, los turistas holandeses Marloes Augustin y Arjen Selhorst preparan sus poros para el inminente “baño” de barro volcánico.

Sin embargo, como ya se dijo, estos lugares constituyen todo un reto a la capacidad de asombro una vez que se cruzan sus umbrales.

Hay que decirlo: gran parte del atractivo en ambos estriba en las atenciones de su gente, la gran mayoría oriundos de cantones o poblados guanacastecos y cuya idiosincrasia pampera los convierte en anfitriones de lujo.

La oferta de Buena Vista Lodge se resume, según su propio enunciado, en un combo de adrenalina, relajación, protección ambiental y cultura.

El Borinquen, también con concepto de hacienda pero con un estilo más señorial, también dice mucho con su eslogan, “You are not dreaming” (“Usted no está soñando”).

Buena vida

Ubicado a 750 metros sobre el nivel del mar, Buena Vista Lodge lleva el nombre de la localidad más cercana; ambos se inspiran en las maravillosas panorámicas que se observan desde distintos puntos de la enorme propiedad.

Lo que originalmente fuera una gran hacienda ganadera cambió su actividad desde hace más de 20 años para dedicarse al turismo ecológico que aprovechara el ambiente rústico y conservara la idiosincrasia y cultura propias de la zona.

Y vaya que lo han logrado: tan vasta es su oferta que, conforme se van desgranando todas las opciones, es inevitable verse ante tremenda disyuntiva sobre qué elegir.

A estas alturas, debo confesar con algo de sonrojo que, 12 horas antes de iniciar este periplo turístico me percaté con estupor de que, en Buena Vista Lodge, las habitaciones no están provistas de televisión. También hiperventilé cuando vi que había un “tour orgánico” y una sesión de “cocina tradicional” en el programa.

En mi ceguera e ignorancia, estuve a punto de cambiar la gira con una compañera; ahora me erizo de solo pensar en lo que me habría perdido.

Tal es la conexión con la más pura naturaleza en toda esa región que, en la próxima estación de la gira, el exquisito Borinquen con sus villas que albergan el lujo más tradicional, sí hay televisor (no dominando las habitaciones pero sí hay). A esas alturas, ya había entendido que encenderlo era una suerte de sacrilegio.

De vuelta al Buena Vista Lodge ciertamente, las habitaciones –estilo cabaña, ubicadas a 50 metros del espectacular Mirador– o bien edificaciones de piedra con finos acabados rústicos, tienen lo justo y necesario para el sabroso descanso acompasado por los sonidos de riachuelos, lluvia, el viento entre el follaje o los animales silvestres que pululan en la región, tal y como ocurre con las áreas de descanso de su vecino, el Borinquen.

En todo caso, como se dijo, en ambos hay tanto que ver y tanto qué hacer, que recluirse a “ver tele”, así sea en la noche, es pecado capital.

De todas maneras, es casi imposible no llegar demasiado exhausto o sumamente relajado, depende de si se optó por actividades de aventura como canopy (regular o extremo), caminatas por senderos, puentes colgantes, paseos a caballo. Otro gallo canta si se elige la ida a las célebres cataratas de la zona, disponibles en los tours de ambos.

Destacable, en Buena Vista, una de las experiencias más sabrosas y que logra una extraña combinación de adrenalina con relajamiento, es el “Tobogán de la Jungla” o “Tobogán del Bosque”, el más largo del país dentro de una montaña, con nada menos que 420 metros de longitud y que se vuelve adictivo para quien lo prueba. Por algo se dice que se trata de uno de los toboganes de agua más buscados de Guanacaste.

El jacuzzi del Spa del Borinquen es una de las estaciones más mágicas del lugar, lo cual es mucho decir.
El jacuzzi del Spa del Borinquen es una de las estaciones más mágicas del lugar, lo cual es mucho decir.

Pero bueno, de una u otra forma todos los caminos conducen “a lo que vinimos”, pues es improbable, por no decir imposible, que algún visitante de Buena Vista Lodge o de Borinquen no caiga rendido ante la experiencia de sus aguas termales, sus piscinas de varios tamaños, spa, sauna y baños de barro volcánico, todo desperdigado bajo la sombra de la selva y cobijado por los ríos que nacen en las faldas del volcán.

Uno podría pasar ahí las horas muertas, retozando entre las aguas volcánicas que provocan la sensación de liviandad, pero entonces empieza a hacer hambre.

Nada, pues que a unos cuantos metros de las piscinas, también enquistados en la selva, ambos hoteles tienen sus respectivos restaurantes aledaños. Como quien dice, todo está fríamente calculado y a la mano.

Festín gastronómico

Y es que en lo concerniente a la alimentación también abundan las opciones que buscan satisfacer gustos y antojos que van desde la cocina tradicional hasta platillos gourmé exquisitamente decorados.

En el Buena Vista, siempre rodeados de bosque se encuentran los restaurantes Jaguar, Coati y Montaña. El primero cuenta con lo mejor de la gastronomía costarricense, con platillos elaborados con productos orgánicos. A tono con la filosofía del hotel, se contabiliza la huella de carbono que genera cada platillo y la información se les ofrece a los clientes con el fin de motivarlos a preferir aquellas opciones menos generadoras de GEI (gases de efecto invernadero). La meta es llegar a ser una empresa 100% carbono neutro.

El Coati, ubicado en las inmediaciones de la recepción, es más informal pero igual de acogedor.

El Mirador es punto y aparte; a unos 500 metros de la recepción, permite divisar el Golfo de Papagayo, la Bahía Santa Elena, la pampa guanacasteca y, por supuesto, el rey de esa selva, el imponente volcán Rincón de la Vieja. Extendido y acogedor, como el resto de las instalaciones, está provisto de televisor con cable, mesa de pool, futbolines y otros juegos de mesa. Cabe decir que, al caer el atardecer, todo se paraliza y la clientela se dedica a disfrutar de la imponencia de la naturaleza, en medio de un horizonte tornasol... mejor, imposible.

Conciencia pura

Entre lo más fascinante de estos lugares está la simbiosis que se logra entre el disfrute de una naturaleza que ellos mismos insisten en resguardar. Acá sobran los discursos y pasan a los hechos; es así como el ingeniero agrónomo Medardo Moscoso, experto en el manejo racional y sostenible de los recursos naturales e integración de hoteles al ecoturismo, dirige un recorrido guiado de una hora por los proyectos de autosuficiencia que tiene el Buena Vista y se inicia en la lechería con una breve explicación del ordeño manual de vacas y luego pasa al manejo integrado de desechos sólidos y líquidos (compostera y biodigestor).

Encuentre más información sobre este y otros destinos  en el sitio www.vamosaturistear.com

Moscoso, dinámico y autoconvencido de la urgencia de la sostenibilidad, entabla una entretenida y divertida charla interactiva a lo largo del recorrido, que incluye el laboratorio de jabones y cosméticos (donde se aprovechan desechos como el aceite de cocina sobrante) hasta llegar al taller de artesanías, reciclaje, producción de vegetales y plantas medicinales.

Borinquen, ensueño

Aunque son conceptos arquitectónicos diferentes, el Borinquen comparte con su vecino la variedad de restaurantes Rancho El Yugo, Casa Vieja y La Carreta y la excelencia del menú. Basta observar las altísimas calificaciones que obtienen ambos en el ranqueo de sitios especializados.

Imposible describir lo mucho y más que tiene este otro paraíso, pero no podemos dejar de citar El Establo, una edificación en la que los turistas se sienten como verdaderos sabaneros y donde suben a los caballos, con la guía adecuada, para descubrir la zona de una forma única.

¿Qué más? Solo ingrese a las páginas web y descubrirá estos territorios inexplorados, además de los precios, ofertas, tours de un día, paquetes especiales, etc. Encuéntrelos en los sitios www.buenavistalodgecr.com / www.borinquenresort.com

Su cuerpo, su mente y su espíritu se mimetizarán con la intensa vibra que parece emerger desde la tierra esencial. Se los dice quien, hasta hace poco, se jactaba con desidia: “a mí no me hace mucha gracia la naturaleza”. Por la boca muere el pez. Lo bueno es descubrirlo de una forma tan edificante, sabrosa y esperanzadora. revistadominical@nacion.com