Una ventanita distinta cultiva renombre por diferenciarse del típico negocio de comida rápida de barrio. Es –en esencia– una pieza más que amenaza con romper la monotonía gastronómica de la ciudad.

Por: Alessandro Solís Lerici 3 julio, 2015
La leyenda del Gran Bill es la estelar hamburguesa, con queso Palmito y barbacoa.
La leyenda del Gran Bill es la estelar hamburguesa, con queso Palmito y barbacoa.

Pasadas las 4 p. m., la estación del tren en barrio La California se comienza a llenar y una muchacha se acerca a La Ventanita Meraki a echarle un ojo al menú. "¿Qué tipo de comida venden aquí?", pregunta. "Mi comida", dice Paulo Valerios, el chef de esta parcela.

"Aquí todo es grande, antidieta", bromeó minutos antes el guanacasteco, conocido también como Chef Valerios, Vikingo o el chef detrás del menú de la primera encarnación del bar y restaurante josefino Stiefel Pub, del cual solía ser socio hasta meses atrás.

Hará cosa de dos meses desde que Valerios se sacó un menú del alma y quiso hacer su aporte a la cofradía no oficial de las ventanitas de venta de comida rápida, las cuales pululan en los barrios y en la ciudad, pero no con su marca.

Normalmente, si hay una soda de ventana, el menú es cuadrado. Que salchipapas, que empanadita arreglada, que tacos, que hamburguesas... Todo es normal. Pero en La California, el menú de esta ventanita se sale de toda norma.

"La idea era vender comida callejera del mundo pero con un giro tico", alega el chef, quien ofrece platillos clásicos de comida rápida con un enfoque auténtico. Por ejemplo, su hamburguesa más laureada –la llamada Leyenda del Gran Bill– se sirve con pan casero tipo pretzel, queso palmito, vegetales y salsa barbacoa.

Los clientes pueden ver el menú y pedir sus platillos desde la acera.
Los clientes pueden ver el menú y pedir sus platillos desde la acera.
"Aquí todo es grande, antidieta", afirma Chef Valerios. No miente: ninguno de sus platillos podría describirse como tímido.

Otros platos se preparan con ingredientes como chorizo estilo guanacasteco, rice and beans, queso Turrialba y hasta plátanos fritos para los nachos de la casa. Trece platillos salados y un postre conforman el menú, el cual incluye carne de res, cerdo y pollo, panes caseros y vegetales poco conservadores como la arúgula, las cebollas al vinagre y la quinoa.

"Esta ventanita es mi respuesta a los food trucks (o camiones de venta de comida) de Estados Unidos", revela Valerios. De hecho, él quería vender esta comida en un food truck, pero la burocracia se puso en el medio y nunca cedió.

De todas formas, Meraki marcha bien. Al principio solo abría en las noches, para atender a los clientes que salieran a los bares a la cercanía ("Yo sabía que había mercado, porque si usted va a las 3 a. m. a McDonald’s es porque está borracho", alega Vikingo), pero ahora también abre a la hora del almuerzo y su clientela crece al ritmo del tráfico de personas que todos los días transitan esa calle.

El presente marcha tan bien que el futuro podría traer sucursales de esta ventanita en otros puntos del país, pero Valerios deberá cuidar el alma. Después de todo, "meraki" es la forma griega de decir que algo está hecho con alma, creatividad y amor.

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La Ventanita Meraki: Ubicado en barrio La California, en San José; 75 metros antes de la Biblioteca Nacional, frente al paso peatonal de la estación de trenes del Atlántico. Horario: Martes, miércoles y jueves, de 12 p. m. a 9 p. m.; viernes de 12 p. m. a 2 a. m. y sábado de 5 p. m. a 2 a. m. Está cerrado domingo y lunes.

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