Por: Gloriana Corrales 2 mayo, 2013
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“Si algo puede salir mal, saldrá mal... y en el peor momento posible”, apunta la más conocida de las leyes de Murphy. ¡Que lo digan las liberacionistas Annie Saborío y Elibeth Venegas!

El traje negro con fruncido en la solapa, que tan caro costó (unos ¢150.000, según Venegas), dejó de ser el atuendo perfecto cuando las legisladoras arribaron a las 8 a. m. al Congreso para disfrutar del desayuno de su fracción.

¡Sorpresa! Eligieron estrenar el mismo traje justo en el día en que las cámaras se amontonan como abejones de mayo en los pasillos de la Asamblea. Para peores, les tocó sentarse a la par.

“Diay no, llegamos muy bien vestidas las dos”, dijo la limonense Venegas para salir del apuro.

Según mencionó, ella llegó de primera, entonces fue a su compañera a quien le tocó deshacerse del traje de la prestigiosa casa de modas Kasper. “Las dos teníamos opciones y ella fue de una vez y se cambió”, explicó Venegas.

Las versiones no calzan. Según Saborío, su compañera no tenía plan B. “Ella no tenía otro, pero yo siempre tengo otro previsto por cualquier emergencia”, dijo.

Aunque Venegas asegura que ninguna de sus compañeros del partido se percató de la coincidencia, Saborío confesó que sí salieron vaciladas en el desayuno. “Nos decían ‘no se preocupen, no entren en esos detalles’. Pero, usted sabe cómo somos las mujeres”.

La bochornosa situación puso a correr a Saborío, quien debió mandar a traer a su casa una segunda mudada.

“Eso se da muy a menudo porque como son trajes negros y casi todas los mandamos a comprar o los compramos en tiendas similares, entonces ya se ha dado”, dijo.

Al menos, ambas legisladoras se lo tomaron con gracia y le dieron rienda suelta a la risa, sobre todo cuando se enteraron de que fue una de sus propias compañeras quien las cantó, pues la prensa no estuvo presente en el desayuno.

“Idéntico, idéntico”, sopló Julia Fonseca, otra de las verdiblancas. A ella también le tocó esquivar el tiro, pues llegó con un traje igual al que lució la libertaria Patricia Pérez el 1°. de mayo del 2012.

Fonseca se llevó el baldazo de agua fría días atrás, cuando se dio cuenta de que su compra –también de Kasper– fue cero exclusiva. Se empecinó y creyó que ponerse de acuerdo con Pérez bastaría para evitarles una verguenza. Nota para ella: la moda tiene una filosa memoria que no perdona.