Por: Jessica Rojas Ch. 30 abril, 2016

Las modelos no entendían el retraso de casi 40 minutos que se dio para comenzar el jueves por la noche en la segunda jornada del Mercedes-Benz Fashion Week San José , los nervios estaban a flor de piel momentos antes de dar sus primeros pasos en la pasarela, pero su experiencia las hizo manejarlos de diferentes formas.

Los movimientos al ritmo de la música electrónica, los últimos ajustes de los outfits y la revisión de los pequeños detalles las entretenían y dispersaban sus mentes mientras esperaban a que se diera el pitazo inicial.

La encargada de revisar de arriba a abajo a cada una de las muchachas era la diseñadora costarricense Cinthia Monge, quien fuera la encargada de presentar el primer desfile de la noche. En ella no se notaba ni un ápice de preocupación, porque confiaba plenamente en su arte y en el equipo que la acompañaba en el backstage .

Antes de salir a escena, las modelos son revisadas de arriba a abajo por los diseñadores y por varios asistentes para que todo esté bien.Foto: Luis Navarro.
Antes de salir a escena, las modelos son revisadas de arriba a abajo por los diseñadores y por varios asistentes para que todo esté bien.Foto: Luis Navarro.

“Estoy muy emocionada. La presión ya la puedo manejar porque hay experiencia, pero siempre es como si fuera la primera vez, hay una gran descarga de adrenalina”, fueron las pocas palabras que pudo expresar la artista antes de ver su trabajo desfilar ante el escrutinio de decenas de personas que se congregaron esa noche en el hotel Real Intercontinental.

La moda es una compleja industria, cada detalle es criticado al máximo y el desarrollo de los desfiles es un corre-corre detrás del escenario que los asistentes no ven cuando las modelos exponen los vestidos con su paso fluido y fuerte frente a ellos.

Pero, tras bambalinas todo es un caos que está bajo un perfecto control. ¿Contradictorio? No para los expertos.

A Monge, quien mostró Recorrido desigual , una colección compuesta por 18 salidas, no se le pasó ni el más pequeño detalle. Ninguna modelo salía a escena sin antes pasar por la última revisión; la diseñadora seguía su recorrido por la pantalla de un pequeño televisor dispuesto en la salida de las espigadas modelos.

A su alrededor, fotógrafos, coordinadores, más modelos, modelos de otros diseñadores, algunos colegas y hasta la prensa; estaban también pendientes de lo que pasaba afuera.

Los cambios de ropa entre una y otra salida se realizaban gracias a varias manos que caían como moscas sobre la modelo que regresaba al back . A veces eran hasta seis pares de manos trabajando al unísono para desvestir y volver a ponerle una nueva ropa a cada muchacha. Entre cada una podían tardar si acaso 40 segundos...¡Qué locura verlos trabajar!

Al cierre, los gritos, los aplausos y el beneplácito del público fueron la perfecta recompensa para Monge y su trabajo.