Habitantes de Linda Vista crearon una obra inspirada en su comunidad

 17 junio, 2011
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Con un gran mural cerámico de 80 metros de largo, los vecinos de la comunidad de Linda Vista, en Patarrá de Desamparados, envían un mensaje de convivencia pacífica al resto del país.

Más de 100 personas, entre niños, adolescentes, adultos y adultos mayores, participaron durante cinco meses en el diseño y confección del mural Aquí vivo yo, aquí vivimos todos.

La obra combina cerámica y grafiti para plasmar en una pared de 2,5 metros de alto el pasado y presente de la comunidad, y exaltar valores como la convivencia, la diversidad y la inclusión.

Fueron los mismos vecinos quienes escogieron los temas y las imágenes que hoy decoran lo que fue una descuidada pared.

“Se organizaron talleres y reuniones con la gente de la comunidad en los que surgieron todas las ideas para el diseño del mural”, explicó Marco Elizondo, miembro del colectivo artístico Perro Cerámico, agrupación encargada de la realización de la obra.

Según Elizondo, el mural presenta varias escenas que recorren la historia de la comunidad desde sus inicios, en la década de los ochenta, hasta su estado actual y el papel del parque de la Libertad.

El proyecto es una iniciativa desarrollada por el parque de la Libertad –proyecto del Ministerio de Cultura– y Unicef. Fue financiado por el Fondo Naciones Unidas–España para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (FODM).

Historia de todos. Thelma Wilson tiene 71 años, es pensionada y desde hace tres décadas dejó su natal Puntarenas para instalarse en Linda Vista con sus hijos.

Ella se siente muy orgullosa de haber participado “pegando cuadritos de cerámica” en un mural que cuenta a las nuevas generaciones la historia de su comunidad.

“Linda Vista ha cambiado muchísimo. Cuando yo llegué aquí, esto era un charral, no había calles ni nada. Ni siquiera teníamos iglesia, oíamos misa afuera. Ahora tenemos salón comunal, delegación policial y muchas otras cosas”, comentó Wilson, quien, además, dijo sentirse muy a gusto de trabajar con gente joven.

“Son muchachos muy nobles y respetuosos. Uno se siente feliz de que se entretengan con pasatiempos sanos, en vez de andar en drogas y delincuencia”, expresó.

Uno de esos jóvenes entusiastas del proyecto fue Rándall Solano, de 17 años, quien dedicó varias mañanas a participar en la obra.

“Lo que más me llena es haber compartido con personas que uno ve todos los días, pero con las que nunca se relaciona. Hacer este mural fue como un punto de encuentro con gente de todas las edades”, añadió Solano.