6 septiembre, 2014
El telón pintado por Pablo Picasso en 1919 para el ballet “El sombrero de tres picos” será descolgado de la pared que lo ha alojado durante 55 años en el restaurante Art del hotel Four Seasons de Nueva York.
El telón pintado por Pablo Picasso en 1919 para el ballet “El sombrero de tres picos” será descolgado de la pared que lo ha alojado durante 55 años en el restaurante Art del hotel Four Seasons de Nueva York.

Nueva York

Esta medianoche, hora local, el telón pintado por Pablo Picasso en 1919 para el ballet “El sombrero de tres picos” será descolgado de la pared que lo ha alojado durante 55 años en el restaurante Art del hotel Four Seasons de Nueva York, para empezar su polémico traslado a la New York Historical Society.

La versión oficial: la pared del restaurante tiene humedades que ponen en peligro la obra, que será restaurada y expuesta en su nueva sede. La que aducen desde la New York Landmarks Conservacy y el restaurante, alojado en el edificio Seagram de Nueva York, es que los nuevos dueños del edificio siguen desmantelando la antigua colección de arte de la empresa de licores.

“Así es el progreso. La dirección del edificio quiere poner aquí otra cosa en vez guardar esta pieza de arte. Estoy triste porque se va después de haber estado 50 años. Mucha gente lo echará de menos pero no podemos hacer nada” , se queja a Efe Julian Niccolini, dueño del restaurante Art, que acoge pero nunca ha sido dueño de la obra.

Primero lo fue el propio Picasso, luego Phyllis Lambert, la hija del fundador de Seagram, la que la compró por 50.000 dólares en 1957 después de haber sido encontrada en la ópera de Montecarlo y posteriormente pasó a formar parte del conglomerado francés Vivendi, que compró en el año 2000 la marca Seagram's con su colección de arte incluida y que ya en 2002 anunció que subastaría cuadros de Rothko o Miró.

“No soy ingeniero de estructuras, pero creo que tarde o temprano veremos otra hermosa pintura en esta misma localización” , asegura Niccolini, quien recuerda que en 1974 el telón ya fue restaurado sin tanto aspaviento.

“Lo pusieron en el suelo, lo renovaron y lo volvieron a poner” , dice Niccolini que, por otro lado, reconoce que con la polémica su restaurante se ha llenado de curiosos que quieren ver esta obra de 5,7 x 6,1 metros.

El caso acabó en los tribunales: el nuevo dueño del edificio, Aby J. Rosen, se enfrentaba a la New York Landmarks Conservacy, que consideraba las filtraciones de humedad una excusa y apelaba a la fragilidad de la obra y los riesgos del traslado.

Finalmente llegaron al acuerdo de llevarlo al segundo piso de la New York Historical Society, donde se estima que se verá a partir de mayo y no sin antes invertir en un sofisticado sistema hidráulico para no dañarlo en el proceso. Un final tibio para una obra llena de historia.

Picasso pintó el telón de “El sombrero de tres picos” -una de las grandes obras del compositor español Manuel de Falla (1876-1946) - en 1919, cuando el artista malagueño se encontraba en la cresta de la ola.

Con el cubismo ya más que aceptado y después de casarse con la bailarina Olga Khokhlova, de la compañía Ballets Rusos de Serge Diaghilev, Picasso comenzó una peculiar relación con la danza, que le daba la oportunidad de cambiar el lienzo por el telón y ampliar las dimensiones de sus obras

Ya en 1917 había realizado el telón para el ballet “Parade” , en colaboración con su gran amigo Jean Cocteau, una de las máximas figuras del surrealismo, y que está considerada su pintura más grande.

Satisfecho con esta nueva disciplina, dos años después Diaghilev quiso que Picasso decorara la puesta en escena de su ballet español “ El sombrero de tres picos ” y en cuyo telón el pintor hasta se retrató a sí mismo oculto bajo sobrero y capa y fumando un cigarrillo.

Cuando Phyllis Lambert lo compró casi 40 años después, el lugar que eligió para colocarlo fue el restaurante del edificio más importante de su familia, que no en vano pasó a llamarse Art por haber sido diseñado por Philip Johnson y Mies van der Rohe, y contar con tres galerías que han mostrado trabajos de Warhol, Pollock o Miró.

Incluso la trama que vivieron con Mark Rothko al ofrecerle el contrato de colaboración artística más alto para un pintor de arte moderno se convirtió en objeto de un musical de Broadway llamado “ Red ”.

Pero hoy el restaurante no puede evitar estar de luto, pues “ Le Tricorne ” era la joya de su corona: un gran Picasso en un espacio público tan accesible que hacía palidecer, por ejemplo, a cuadros de Robert Indiana.

Lambert, al saber el derrotero de la obra que ella compró, solo pudo decir al New York Times: “Se me parte el corazón” .

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