La exposición ‘Territorios’ propone un recorrido por las formas en las que los artistas de Costa Rica confrontan el espacio que habitan, desde siglo XIX hasta la actualidad

Por: Fernando Chaves Espinach 13 agosto
El triunfo de la Clorofila I, II y III (2008), tres acrílicos sobre tela de Rolando Faba, parte de la colección del MAC.
El triunfo de la Clorofila I, II y III (2008), tres acrílicos sobre tela de Rolando Faba, parte de la colección del MAC.

Un juego mental: desde la cancha fracturada del futbolín impracticable de Joaquín Rodríguez del Paso, se patea una bola imaginaria que atraviesa el ventanal del museo –con coloridas intervenciones de Federico Herrero en el vidrio– y aterriza en la cancha montañosa que Priscilla Monge instaló en el jardín. La bolita rueda y se pierde. El espectador se queda entre adentro y afuera, aquí y allá.

Tal juego improbable se puede imaginar porque, entre las obras de la exposición Territorios (en el Museo de Arte Costarricense, MAC), cientos de líneas invisibles conectan 50 piezas que, en inusual encuentro, recorren más de un siglo de arte en el país y borran los límites entre ellas.

En el espacio de la sala, las miradas tan diversas y tan vívidas de estos artistas cuestionan las fronteras de su territorio, tanto el geográfico como el íntimo, lo miran con el asombro del descubrimiento o con la furia de la inconformidad.

Territorios es una revisión de la colección del MAC planteada por la curadora de la institución, María José Chavarría; la lectura estará en exhibición hasta noviembre.

De los 50 trabajos, 45 son de la colección del museo, lo cual ofrece una oportunidad para repasar algunas de las obras y autores más significativos desde fines del siglo XIX hasta ahora, con fotografía, pintura, instalaciones, escultura y obra gráfica.

Por otra parte, el enfoque en los “territorios”, interpretados de distintas maneras a lo largo del tiempo, permite contrastar voces, establecer nuevas relaciones y volver la mirada a expresiones que claman por nuevas lecturas.

El barco rojo (1988), de Rolando Garita, una cromoxilografía parte de la colección del MAC.
El barco rojo (1988), de Rolando Garita, una cromoxilografía parte de la colección del MAC.

Es una forma, a la vez, de conocer de manera distinta lo que resguarda el MAC. “La idea es sacar parte de la colección por lo menos una vez al año. En Territorios hay 50 obras; la colección es de 7.000. Un ejercicio así nos permite estar dándole vuelta a lo que tenemos guardado”, argumenta Chavarría.

Casitas en duda

Dos conceptos orientan la exposición Territorios : territorio y espacio. Jugando con sus interrelaciones y posibilidades semánticas, la exposición abre con algunas de las primeras fotografías del paisaje costarricense –esas incipientes visiones de “nuestro territorio”–, pasa por los paisajistas de inicios del siglo XX, las escuelas y tendencias nacionalistas y modernas, exploraciones de espacios más bien íntimos, populares o públicos, y críticas a ellos.

Así, de fotos de Manuel Gómez Miralles pasamos al Domingueando de Tomás Povedano (quizá el paisaje tico por antonomasia) a las caricaturas ácidas de Emilia Prieto; del plácido y elegante cementerio vallecentralino de Dinorah Bolandi, a los sobrecargados rincones de mercado fotografiados por Victoria Cabezas.

Este acercamiento a la colección ha sido un interés particular de María José Chavarría, quien asumió el puesto de curadora del MAC en enero del 2016. A ello se sumó la visión de Sofía Soto-Maffioli, quien se convirtió en directora de la institución pocos meses después. Su proyecto conjunto más notorio en ese sentido ha sido el Salón Nacional de Artes Visuales, inaugurado en marzo de este año con obras nuevas de una treintena de artistas.

Pero la colección misma del MAC, con casi 7.000 piezas ofrece amplio terreno por recorrer. “Propuse hacer una serie de revisiones temáticas de la colección, exposiciones que se puedan ir cambiando, tal vez año a año, que nos permitan, por medio de un filtro como un tema específico, repasar la colección e ir sacando obras que pueden no ser muy conocidas”, explica Chavarría.

“Tenemos 50 obras en la exposición y casi todas son de la colección, pero hay algunas invitaciones, sobre todo con obras más contemporáneas”, detalla Chavarría.

“Esto se debe a que la fortaleza colección del museo está desde el siglo XIX hasta la década de los 80 y principios de los 90, entonces no tenemos tanto en obra más actual. Fue un ejercicio muy interesante porque nos permite ver muchas cosas, como, por ejemplo, ciertos artistas que ahora no están porque no necesariamente trabajaron este tema (y si cambiamos de tema aparecerán). Buscamos obras que fueran menos conocidas, poner en diálogo obras que no habían estado juntas en otros guiones”, explica.

En Territorios , apreciamos cómo la geografía costarricense fue primero registrada por extranjeros (como Nathaniel Harrison Rudd o Alexander Bierig), luego revalorizado por artistas que encontraban en el paisaje un material dúctil para sus visiones personales (Teodorico Quirós, Francisco Amighetti), y luego se expande hasta llegar a lo íntimo, lo popular y lo público, los espacios donde uno se reconoce como ente que habita un territorio o lo cuestiona, lo hace estallar.

MejenGo (2004/2011)es una pieza de Joaquín Rodríguez del Paso (en préstamo, de la Colección Christian Lesko). Al fondo, Inversión histórica (2009), de Sila Chanto (en préstamo, de la colección de la familia de la artista).
MejenGo (2004/2011)es una pieza de Joaquín Rodríguez del Paso (en préstamo, de la Colección Christian Lesko). Al fondo, Inversión histórica (2009), de Sila Chanto (en préstamo, de la colección de la familia de la artista).

La exposición se plantea en cinco secciones (que no interrumpen el orden cronológico): los territorios geográficos, los puntos de encuentro, los lugares íntimos, el espacio metafórico y los espacios críticos.

“Si me hubiera centrado solamente en la definición geográfica, hubiéramos tenido una exposición de paisaje, y no era mi interés. Creo que ya el paisaje se ha estudiado en diferentes momentos, han habido exposiciones que han compartido distintos museos”, dice Chavarría.

“¿Cómo enfrentarse a un tema que es tan fuerte dentro del arte costarricense pero que también se puede expandir un poco más?”.

'Bar Coronado', de la serie 'Pictografías' de Cinthya Soto.
'Bar Coronado', de la serie 'Pictografías' de Cinthya Soto.

Territorio abierto

En el 2013, Chavarría había explorado parcialmente el tema del territorio desde una perspectiva más reciente, Construcciones/Invenciones: De la Suiza Centroamericana al país más feliz del mundo , en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (donde ella era curadora).

Por otra parte, un antecedente a este tipo de acercamientos a la colección del MAC muy notable fue Las posibilidades de la mirada , inaugurada en el 2003 y revisada en el 2005, que cuestionaba mitos y conflictos de “lo costarricense” en la plástica nacional. Esta ansiedad constante del arte local por explorar los límites del territorio (el simbólico, el geográfico, el político) ha sido fértil para la curaduría: evoca, con obvias distancias, líneas de investigación de proyectos como Mayinca , de Luis Fernando Quirós y Rolando Castellón, o hasta el Estrecho dudoso de Virginia Pérez-Ratton.

“Esta exposición no pretende ser sobre el territorio en el arte costarricense, porque si fuera así hubiera tenido que traer media colección de los Museos del Banco Central, del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo... Estoy partiendo de la colección del MAC y estoy haciendo pequeñas invitaciones para actualizar la mirada sobre ella. Pero no tiene esa otra pretensión”, dice Chavarría.

Pero Territorios explora sus propias sendas. “Me interesaba incluir la cuestión de los espacios populares y públicos. Por otro lado, no podés dejar tu espacio íntimo, tu propio territorio, algo que habla de vos mismo”, dice Chavarría.

Chacarita (1970), óleo sobre plywood , realizado por Jorge Gallardo; forma parte de la colección del MAC.
Chacarita (1970), óleo sobre plywood , realizado por Jorge Gallardo; forma parte de la colección del MAC.

De esta manera, resulta muy sugerente contrastar, en la misma sala, un Tugurio (1974) de Felo García, una de esas indagaciones de lo que nos rodea en el mundo físico, con una obra de intensa complejidad emocional, interna, como el Microcosmos a través del círculo , del mismo año, de Lola Fernández. Los unen preguntas comunes: ¿Cómo puedo habitar este territorio; cómo representarlo y verme en él? ¿Cómo vivo “aquí”?

Con obras de artistas como Javier Calvo (la serie Los nublados del día ) y Sila Chanto ( Inversión histórica , exhibida en las bienales de Venecia y Cuenca), se incorpora también la crítica a las construcciones nacionalistas desde el poder, la mitología de un país que lucha por su autodefinición como “territorio” que se diferencia de otros.

“El territorio es una plataforma de cuestionamiento que te permite entrar y salir desde muchos lugares. Es un espacio desde el que se permite cuestionar”, explica la curadora.

En una de las paredes, cuelga una obra muy sugerente, un Horizonte (1975), de Carlos Poveda. Es una línea discreta, una mancha en el vasto espacio vacío. Podría ser un paisaje o una impresión del interior. Podría ser una respuesta o una pregunta, un límite o una puerta de salida. O solo el horizonte de un paisaje memorable, en un rincón del territorio.

La exposición ‘Territorios’ estará abierta hasta noviembre. El Museo de Arte Costarricense está en el parque metropolitano La Sabana, en San José. La muestra puede visitarse de martes a domingo, de 9 a. m. a 4 p. m. La entrada al público es gratuita. Si desea más información, ingrese al sitio http://www.musarco.go.cr.