Latido América. El programa radial de Randall Zúñiga tiene cuatro años de explorar las identidades musicales

 11 enero, 2015

Danny Brenes Brenes danny.brenes@nacion.com

Randall Zúñiga es un hombre tímido. Esto no quiere decir que sea de pocas palabras. Con un teclado o un micrófono enfrente, las palabras de Zúñiga son muchas: poesía, arquitectura, periodismo y, por encima de todas ellas, música. Mejor dicho: la música no va por encima de ellas, sino en medio, como una telaraña que mantiene unidos todos los otros puntos y da forma, en esa coherencia, al propio Zúñiga.

Randall es todas esas cosas a la vez. Casi siempre se las ingenia para mantenerlas en equilibrio. Los sábados, sin embargo, permite que se desborden. Cuando el reloj marca la una de la tarde, frente al micrófono y los controles de cabina de Radio U, a Randall lo sobrepasan la música, la poesía, el paisaje, la cultura. A esa hora, Zúñiga es el piloto de un viaje al corazón del continente.

La nave que pilota se llama Latido América y, montado en ella, explora la historia, la riqueza y las contradicciones que dan forma a los pueblos de nuestro continente.

El pasado 28 de diciembre, Latido América alcanzó una cifra histórica: 200 programas: todos ellos, emitidos de forma consecutiva, semana a semana, sin fallar una sola vez. Otro hito: el programa cumplirá su cuarto aniversario en la primera semana de febrero.

Para el momento en que este artículo se publique, Latido América acumulará más de dos centenares de horas al aire: esos son ocho días y medio de música continua. Son más de 2.000 canciones de toda suerte de ritmos, provenientes de todos los rincones de esta tierra y grabada en todas las épocas posibles.

Con certeza, Latido América es un archivo arqueológico, un registro de las muchas músicas que se escuchan, se componen y se viven en el continente americano.

Randall ingresó a la Universidad de Costa Rica en el 2003. Era un joven moreno, escuálido, carné A35838, de colochos negros y gafas infaltables. Durante un tiempo consideró, con seriedad, la posibilidad de estudiar arquitectura antes de decantarse finalmente por la comunicación colectiva.

Zúñiga accedió a sus estudios gracias a una beca de la universidad, la que a cambio le exigió cumplir con horas de trabajo (lo que los muchachos, toda la vida, han llamado “horas-beca”).

Su propia casa de enseñanza lo condujo hasta la cabina de Radio U cuando Randall apenas tenía 19 años y cursaba su segundo año de carrera. Una vez allí, se dedicó a programar música los sábados por las tardes.

Así nació el amor por la cabina, por el micrófono. “¿Alguna vez has hecho controles en una radio?”, me dice. “Podés preguntarle a cualquier persona que haya trabajado en el medio: te da una sensación particular que no encontrás en ningún otro lado”.

Randall se dedicó a crear ambientaciones e hilar temas mientras disfrutaba aquella soledad que se extendía por cinco horas; contaba con la posibilidad de decidir qué música se emitiría a través de la frecuencia durante aquella franja, aun cuando no debía hablar al micrófono ni formar parte de ningún programa en concreto.

“Era como hacer un viaje a partir de la música”, añade. El piloto del viaje era Randall. Él decidía las escalas y el destino.

Influencias. La música ha sido omnipresente en cada etapa de la vida de Zúñiga. Cuando era adolescente, se interesó en el rock hispanoamericano, lo que incluía a bandas como Soda Stereo, Héroes del Silencio, Caifanes y otras. Su menú musical lo dictaban emisoras como Radio Uno y la propia Radio U; su afición a la radio le permitió, poco a poco, ampliar su gama de gustos.

Programas como Cómplices , de la emisora universitaria, y Trovas , de Radio Nacional, le permitieron abrirse a este género, precisamente. La constante era el idioma: no sabía hablar inglés; entonces, se limitaba a la música en español.

La tecnología también formaba parte de sus hábitos de escucha. “Tuve mi primer discman a los 17”, dice. Antes de esto, su oferta se limitaba a una radio con casetera, con la que clonaba los casetes que sus compañeros de colegio le prestaban, y con la que grababa canciones que escuchaba en el dial.

Sin embargo, no todo fueron cintas de grabación en los casetes. También hubo discos de larga duración, de acetato: seiscientos de esos, en realidad –los discos de Nano–.

Nano se llamaba José Gordiano y estaba casado con Margarita. Vivieron en Coronado. Allí tuvieron varios hijos y a uno de ellos llamaron Randall. Cuando Randall entró a la adolescencia, ambos murieron. Nano y Magui se fueron en cosa de un año.

En cambio, Randall no se fue. Se quedó allí, en Coronado, con 14 años; sin padres, pero sí con un mueble repleto de joyas musicales, piezas históricas, contenidas en los elepés de José Gordiano.

El adolescente Randall movió ese mueble, tal cual, íntegro, hasta su cuarto y allí permanece hasta hoy. “Más que un homenaje, la música es una forma para mí de vincularme con la memoria de mi papá”, dice.

Los discos de acetato de Nano pasaron a ser los discos de acetato de Randall.

Imagen sin titulo - GN
Imagen sin titulo - GN

Evolución. Con los años, los gustos musicales de Zúñiga fueron refinándose. Su acercamiento a la música y a su trasfondo cambió. Además de la lengua, también eran constantes las temáticas de reivindicación social y, sobre todo, la poesía.

Así, más que renegar de géneros que hasta entonces no eran de su interés, encontró riqueza en las canciones y artistas menos probables; aquellos a quienes la masa, por lo general, suele ver de mala manera. Randall entendió que, si eso sucedía, era consecuencia de un problema esencial: la falta de contexto cuando se escucha música.

Para Randall, la gente se apresura en desestimar una canción sin permitirse escuchar y descubrir todo lo que ella esconde: todos los secretos que cuenta una melodía, todas las voces que se esconden en un mismo coro. La música es resultado de un proceso cultural, político, histórico. Es fácil encasillar cuando solo se raspa la superficie, cuando no se ve más allá.

Una vez que tuvo la oportunidad de escarbar a fondo, Zúñiga decidió hacerlo; como es un tipo generoso, escogió compartirlo con los demás. Eso es Latido América . Cada episodio implica una jornada de investigación para descubrir las conexiones sutiles, en ocasiones ocultas, que unen la historia de un pueblo con su música.

En septiembre del año pasado, uno de los episodios estuvo dedicado a la música del uruguayo Jorge Drexler y a la del canadiense Leonard Cohen, quienes cumplen años el mismo día, el 21 de septiembre.

En julio del 2012, Randall abordó las raíces bolivarianas del sur del continente y la memoria de la Gran Colombia.

Hace apenas unas semanas, el programa estuvo dedicado a la agrupación mexicana Café Tacvba y a las versiones que ha hecho de viejas canciones latinoamericanas; tiempo atrás, sonaron tangos de Gardel en versiones de música electrónica.

Dice Randall que la música, como cualquier otra forma de expresión humana, puede ser una herramienta de transformación social. En esa intención, entender el contexto es el paso número uno. “Hay que comprender las circunstancias para poder cambiar”.

El ejercicio de apertura a diversas formas y estilos musicales está ligado a los derechos humanos, a la tolerancia y a los cambios sociales porque, dice Zúñiga, hace que el cambio se inicie en uno. “No podés pretender un cambio en la gente si no cambiás vos primero”, afirma.

Pido a Randall que defina su programa en una sola frase. Piensa y dice: “Es una forma de vivir, de entender, de acercarnos, a las muchas identidades del continente. La música es una construcción humana, y habla de los seres humanos y de lo que hacen. La música es una forma de entendernos a nosotros mismos”.

El programa ‘Latido América’ se emite todos los sábados mediante Radio U en la señal 101.9 FM, y Radio UCR en el 870 AM. Además, puede encontrar ‘podcasts’ (grabaciones disponibles en Internet) de todos los programas en Internet en 89decibeles.com

....

Pasajeros del viaje

Solo el nombre del programa es una obra de arte, pero escucharlo refresca los oídos y la mente por la forma tan dinámica en la que Randall enlaza temáticas y música.

Alessandro Solís, periodista especializado en música.

Latido América nos pone en contacto directo con nuestras raíces. Es una invitación a recordar de

dónde venimos y a dónde vamos, particularmente si celebramos

nuestro patrimonio cultural.

Diego Delfino, director de 89decibeles.com

....

Sábados ideales

El programa Latido América se emite todos los sábados mediante Radio U en la señal 101.9 FM, y

Radio UCR en el 870 AM. Además, usted puede encontrar podcasts (grabaciones disponibles en Internet) de todos los programas en la dirección 89decibeles.com