Por: Fernando Chaves Espinach 15 febrero, 2014
Activo. Rafael Ángel Herra es un autor prolífico. Diana López.
Activo. Rafael Ángel Herra es un autor prolífico. Diana López.

El nuevo poemario de Rafael Ángel Herra desea. Quiere que lo disfruten, lo toquen, lo investiguen y lo extrañen. Melancolía de la memoria es una colección de sensaciones que prefirieron hacerse palabras.

El nuevo libro, de Uruk Editores, es el fruto de tres años de trabajo, decantado en 94 breves poemas. “Están unificados bajo un título tal vez por coincidencia de temas, pero más que por ellos, por el estilo. El estilo crea un encadenamiento entre un poema y otro”, explica Herra.

Así, en el libro se exploran lo que el autor llama “lugares comunes”, pero tamizados por un estilo que se ha ido construyendo a lo largo de años de novela, cuento y poesía.

“Las características de estilo son varias: las principales son la ironía y la paradoja, que utilicé mucho y de muchas maneras”, amplía. “Por ejemplo, el doble sentido: el cello es al mismo el instrumento y un cuerpo. Tocar el instrumento es, al mismo tiempo, tocar el cuerpo. Esto parece lugar común, pero lo importante es cómo un tema ya tratado así encuentra una fórmula estilística, y ese ha sido mi cuidado”, ejemplifica el autor.

A prueba. Si bien se anuncia desde el título, la melancolía no abarca todas las vertientes del poemario. Es apenas uno de los sentimientos proyectados a través de los juegos verbales y metafóricos que propone Herra.

¿Por qué retornar con ellos a temas conocidos? “Ese es un misterio de la literatura”, dice Herra. “Hay una gran riqueza en estos lugares comunes. Es una forma de reconocerse a uno mismo y de reconocerse el lector en el texto; de encontrar una especie de empatía o de sentimiento común”.

Con esta propuesta del punto de encuentro, explora los temas del deseo, el amor, el olvido y el goce de la vida. Se trata de una expresión exigente: “Uno tiene que ser muy duro consigo mismo, particularmente en poesía. Puede ser más tolerante en ensayo, riguroso en la ficción e intolerante en la poesía con sus propios textos”.

“La poesía es muy delicada. Una palabra mal puesta echa a perder un poema. Hay que ser riguroso para lograr un texto bien redondo, bien acabado, con el ritmo, las imágenes y las sensaciones que provoca para que sea un poema bien armado”, considera Herra.

En la compleja elaboración de estos poemas se reflejan, admite Herra, dos cosas: el paso del tiempo y el valor de las lecturas. “Cuanto más escribe uno, más aparece la memoria del texto”, comenta.

Su propuesta es un reto; su resolución, un ejercicio del lenguaje.