Por: Irene Rodríguez 24 enero, 2015

En sus planes como maestro de escuela nunca estuvo el ajedrez, pero hace 16 años su director le pidió aprender este juego y enseñarlo en la Escuela Santa Lucía de Pejibaye de Pérez Zeledón.

A Fernando Solano no le gustaba el ajedrez. Hoy es un motor de su vida: tiene a cargo tanto el equipo de la Escuela Las Lagunas, en Pérez Zeledón, donde trabaja, como el grupo cantonal.

Sus alumnos son, en su mayoría, muchachos de zonas urbanomarginales a quienes lleva de la mano para ser buenos en el deporte, y para mejorar en los estudios y triunfar.

Su labor le valió el premio al Mérito Civil Antonio Obando Chan, otorgado a quienes destacan por su apoyo a los demás.

El jurado afirmó que es laureado “por la protección a la vida en virtud de su labor, impartiendo ajedrez con entrega, dedicación y constancia, desarrollando en niños de escuela rural marginal habilidades mentales vitales”.

Para Solano, quien nunca ha llevado clases de ajedrez, esta disciplina es algo que le gusta enseñar, pero no jugar: los triunfos de sus alumnos son suyos.

“El primer año clasificamos a la final nacional y cinco chiquitas viajaron al colegio Humboldt, en San José. Y todo sin recursos: no teníamos tablero y las fichas eran chapas de botella; las más grandes, como el rey y la reina, tenían más de una chapa pegadas con clavo y martillo”, recordó.