22 noviembre, 2015

José Pablo Ureña jpurena@gmail.com

“Todo lo gris se ve iluminado” es una de las observaciones sobre los colores que escribió el filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein a mediados de siglo XX. Lo hizo mientras buscaba la lógica que atraviesa el lenguaje que se refiere a los colores, más allá de las explicaciones físicas o psicológicas del fenómeno cromático.

Lo gris, ni blanco ni negro –por cierto, tampoco indefinido–, es una condición intermedia. Lo gris solo se ve iluminado porque no emite ninguna luz, pero también se podría ver lo blanco, lo luminoso, como un gris bajo ciertas condiciones. Incluso en el intento lógico no deja de existir una indeterminación. ¿Acaso no está la pintura hoy en una coyuntura de este tipo?

Aquella frase de Wittgenstein da pie al título de esta obra por su relación evidente con el tema representado, pero sobre todo por suscitar una reflexión sobre la actualidad de la pintura y su lugar frente a otras prácticas contemporáneas.

Este es un óleo sobre tela de gran formato (180 x 340 cm) que ejecuté recientemente. Mantiene una línea similar al resto de mi producción pictórica, con un notorio carácter hacia la pintura tradicional. Realicé esta obra a partir de una fotografía y la trabajé con un rango de 12 diferentes grises, dejando ausentes el blanco y el negro. Básicamente, tomé la fotografía en escala de grises y la interpreté de acuerdo a los tonos que había realizado previamente en óleo.

Aparte de las reflexiones sobre los colores, me interesa resaltar el tema representado: una imagen panorámica sumamente amplia sobre el centro de la ciudad de San José. Las primeras aproximaciones a este objeto de estudio datan del año 2013, y ubican a un espectador fuera de la urbe, en las alturas, como si estuviese en un umbral o una puerta de entrada.

El conocimiento de la ciudad a lo lejos ha sido el primer paso a fin de ingresar en una ciudad en crisis. Para esta obra decidí situarme en el último piso de las Torres de Paseo Colón, recién construidas. Estas aportan nuevos puntos de vista antes inimaginables para el ciudadano y responden a un “plan” para repoblar la ciudad.

El ejercicio de pintar el lienzo en blanco fue tan abrumador como la propia experiencia ante el panorama urbano, lo que confirma que la mirada no puede apresurarse; más bien, debe detenerse si quiere ir más profundamente en la interpretación del paisaje. Además, queda expuesto que la intensidad del panorama radica algunas veces en la acumulación, pero sobre todo en la imposibilidad de los mecanismos de la visión humana de aprehender la vastedad.

Me interesa que la pintura sirva como documento de la condición actual de la ciudad, sobre todo ahora, cuando parece que esa imagen panorámica podría empezar a transformarse.

Esta obra encabeza una serie diversa de pinturas al óleo, acuarelas y dibujos que forman parte de la exhibición Todo lo que se ve luminoso no se ve gris . El título también refiere al otro segmento de la frase del filósofo austríaco: se centra en la reflexión acerca del gris, la pintura como práctica actual y la construcción de la imagen panorámica. La exhibición se inaugurará este miércoles 25 a las 7 p. m. en la Galería Equilátero (Escazú).

Mi trabajo en pintura para el próximo año estará dedicado a entrar de lleno en el espacio urbano y a asumir la complejidad interna de la ciudad a partir de estrategias de pintura in situ .