Autores revelan distintos detalles sobre los libros que fueron premiados

Por: Andrea Solano B. 5 febrero, 2015

Los caminos de la literatura son impredecibles y, al parecer, seductores. Los escritores costarricenses Esteban Ureña, Cirus Piedra y Karla Sterloff los recorren con audacia y su trabajo se vio recompensado con un premio Aquileo J. Echeverría en poesía, novela y cuento, respectivamente.

Aunque muy distintas entre sí, las tres obras tienen en común ser textos arriesgados e innovadores que se alejan de los moldes convencionales, según se desprende de las actas del jurado integrado por Gustavo Solórzano Alfaro, Victoria Gaitán y Flora Ovares.

Versos osados. El libro Minutos después del accidente (EUNED) es un poemario en el que Esteban Ureña explora temas como “el amor, el sexo, el lenguaje, la poesía como tal, el saber y la verdad”. El jurado estimó que este poemario “es conceptualmente denso y rompe con la tradición, como si quisiera hacer explotar la poesía desde adentro, mediante la parodia de textos y estilos y la provocación de los temas”.

Pero, según aclaró Ureña, esa no fue su intención. “No me propuse romper con la tradición en este libro; de hecho, varios textos critican la idea de que ‘romper con la tradición’ sea una tarea de la poesía y critican también la obligación de ser modernos a toda costa, tan característica de nuestra civilización occidental”.

El escritor reconoció que algunos colegas calificaron su obra como “atípica dentro del contexto actual”. “En general, me han hecho ver que el libro evita seguir una línea sentimental sobrecargada y que tampoco se adhiere a la retórica coloquial de los a veces llamados ‘poetas sucios’ de nuestro entorno”, explicó.

Imagen sin titulo - GN
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Relatos rabiosos. Los cuentos del libro La mordiente (Uruk Editores) de la escritora Karla Sterloff dejan oír su voz “rabiosa” ante un sistema opresor y una humanidad conformista. La obra merecedora del Premio Aquileo J. Echeverría en cuento reúne 13 relatos y “en todos ellos ronda la temática de la muerte, ya sea real o simbólica. Cada historia trata de contar un poco de esa pérdida constante que es la vida”, declaró Sterloff, quien, además de dedicarse a escribir, es psicóloga y docente.

De acuerdo con el jurado, Sterloff “maneja una prosa fluida y eficaz” y los cuentos incluidos en esta obra “logran entretener y a la vez provocar reflexiones; en ocasiones resultan un choque –debido a la crudeza de las situaciones narradas– matizado por el lirismo de sus finales”.

Para la autora, esta obra es una especie de “ajuste de cuentas” con el pasado. “En este libro hay muchas preguntas que me hago y las llevo a la literatura como un intento de encontrar otras perspectivas”.

También plantea una dualidad entre el mundo interior, privado, y el mundo exterior. “Ese espacio donde los supuestos opuestos convergen y trastocan nuestras vidas”, comentó.

Voces marginales. En su novela El diminuto corazón de la iguana , el escritor Cirus Piedra les da cabida a las personas que la sociedad rechaza y discrimina. “Es más o menos la intención del personaje principal escuchar ciertos gestos y gemidos de auxilio, y redimirlos en algún plano posible”, destacó el autor. Con esta obra, Piedra había ganado el Premio Editorial Costa Rica 2013.

“Yo creo que en el accidente que es la humanidad, el error épico en la evolución orgánica de nuestro planeta que somos, la solidaridad, la ayuda, el bien común y la empatía serán lo único que nos pueda salvar del olvido”, agregó el escritor.

El jurado reconoció “un novedoso uso del lenguaje” en esta obra. “Hice muchísimos ejercicios y mi mente poco a poco se fue amoldando a una nueva concepción de formas y movimientos. Todo está en la exploración del caos, la rebeldía y la herética”.