Al cerrar un 2015 intenso y lleno de conquistas o “rarezas” –como las llama él–, conversamos con el costarricense acerca de su año, su evolución como escritor, su “literatura menor”, sus lecturas y música.

Por: Doriam Díaz 6 diciembre, 2015
Luis Chaves es autor ocho libros, cinco de poesía, dos de narrativa y uno que ha cambiado de género literario. Además, sus textos forman parte de infinidad de antologías. Foto: Esteban Chinchilla para La Nación. Montaje: José Salazar.
Luis Chaves es autor ocho libros, cinco de poesía, dos de narrativa y uno que ha cambiado de género literario. Además, sus textos forman parte de infinidad de antologías. Foto: Esteban Chinchilla para La Nación. Montaje: José Salazar.

Luis Chaves deplora las sensiblerías ligadas al oficio de escritor y la solemnidad que le endilgan al acto de escribir. Y a él, que rehúye a los halagos grandilocuentes y siempre habla de la suya como una “literatura menor”, le tocó un 2015 soñado.

Gracias a una beca del Servicio Alemán de Intercambio Académico –muy codiciada dentro del gremio artístico–, ha residido este año en Alemania con su familia. Desde allí ha vivido un positivo efecto dominó en su trabajo: se convirtió en el primer tico en ser publicado por la editorial Seix Barral, la cual sacó como novela su libro Salvapantallas y decidió editar su poesía completa, así como Asfalto y 300 páginas ; además, logró ser el primer costarricense con un poema en inglés en las páginas de la revista Poetry . Fue invitado al Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Argentina), salió una selección de poemas traducida al esloveno, con el título Falsa ficción , y conquistó buenas reseñas en prestigiosos medios de comunicación, por solo mencionar algunas conquistas.

No es que Chaves, que no tiene ni un colocho de tonto, oculte sus logros; él no duda en agradecer este 2015 intenso, con tanta “rareza” junta, pero no se yergue sobre un pedestal ni cede ante el divismo. Lo toma como palmaditas en la espalda y sigue escribiendo cada vez que lo necesita y puede robarles tiempo a su esposa e hijas.

A unas semanas de volver a Costa Rica, esta conversación transcurrió entre Skype, ocho horas de diferencia y varios correos electrónicos.

–¿Cómo se ha tomado este 2015 tan intenso?

–Siendo muy agradecido, pero con los pies en la tierra también. Sabiendo que al final lo que yo hago es escribir; eso es lo que me gusta y lo hago por un montón de razones. Es muy bonito que pase todo esto, pero no tiene que ver con esos momentos de escritura y de lectura. Uno está escribiendo durante todo el día; ese momento de llegar a la computadora, al papel o al cuaderno de notas, es el último momento de lo que uno pasó pensando durante todo el día, la semana y meses. Está la otra parte, que es la de la experiencia familiar, la cual también ha sido muy enriquecedora. Me da muchísima curiosidad saber qué van a pensar mis hijas acerca de este momento. A la pequeña, que tiene cinco años, le va a quedar como una estructura; sin embargo, a la mayor, que tiene 10, sí le van a quedar recuerdos. No fue un paseo o una cama con un colchón de rosas; ha tenido momentos complicados, sobre todo la llegada, la incorporación, la integración; por otro lado, ha tenido un montón de cosas bonitas”.

–¿Ha cambiado durante este año escribiendo y viviendo en Alemania?

–Ha sido una experiencia lindísima; de otra forma, hubiese sido imposible decirle a la familia nos vamos a ir un año a Europa. Me siento muy privilegiado porque es una beca bastante codiciada y tuve la suerte de que me eligieran y de venir con la familia.

”Lo que he estado escribiendo este año, salvo esas crónicas –acerca de las vivencias en este año en Berlín–, tiene que ver con Costa Rica. Creo que para poder escribir algo donde esté Berlín como una parte central o muy presente, va a tener que pasar tiempo para que se sedimente eso en la cabeza. De hecho, unos bocetos que he ido engordando tienen que ver con Costa Rica, San José, Zapote, Heredia… No por estar aquí empecé a escribir otras cosas”.

–Aunque usted ha viajado muchísimo, ¿cómo ve a Costa Rica desde la lejanía?

–Una vez viví en Buenos Aires (Argentina) durante tres años (2003 al 2006). Sin embargo, acá se siente más lejos por muchísimas razones: el idioma, la cultura, un océano de por medio…, uno se siente bastante más lejos… En esa época en que viví en Buenos Aires, ya tenía un blog. Esta vez me sentí más lejos y, en un momento, aproveché, me dije: ‘paso toda la vida enfermo con las noticias, con los comentarios de las noticias y la gente en las redes y tal; voy a provechar’ y me he desconectado bastante. Tengo mucha comunicación con mi familia, leo algunos titulares y me entero de algunas cosas que son inevitables, pero sí me ha hecho muy bien por un año; es solo un año, ahorita en enero vuelvo. Uno se relaja un montón; es como irse a la playa, que uno se desconecta de todo, de las redes y de los pleitos. Decidí que voy a aprovechar para oxigenarme y enterarme de lo que me tenga que enterar con mi familia y mis amigos. Me ha hecho un poco bien desconectarme de la minucia, de la pelea, de los bandos, del blanco y negro, sobre todo en los últimos seis meses. Ya tomaré parte cuando llegue; por ahora, me ha servido desconectarme un poco.

–¿Cómo avanza la escritura de los proyectos que tenía en mente para este año en Alemania? Sé que escribe cuando siente la necesidad y cuando le roba horas a la familia.

–Sobre todo trabajé mucho en la primera mitad del año: crecieron más unas ideas que tenía; unas historias que habían quedado abiertas del libro de Salvapantallas. Luego, vinieron las vacaciones de las chicas y muchos viajes seguidos, por lo cual estos últimos meses he estado más en etapa de editar cosas que ya están hechas y de mucha lectura, que siempre es otra manera de escribir; la lectura es la manera en que todos aprendemos a escribir. Allí van; no tengo prisa. Este programa, además, tiene la ventaja de que te da todo esto (venir a estar un año en Berlín con la familia) y no hay que entregar un producto al final del programa; el programa de artistas en Berlín del DAAD es básicamente un año sabático: estar aquí, vivir Berlín y conocer a otra gente.

"Conforme uno comienza a hacerse más viejo, empieza a ser más crítico con lo que hace... Se vuelve menos autoindulgente".

–Bueno, y ahora tiene la crisis mundial a la par…

–El otro día estaba hablando con Mariajo, mi esposa, que, sin quererlo, va a ser un buen momento para devolvernos porque se está poniendo muy pesado el ambiente. De hecho, María José está trabajando con niños refugiados y ha visto más de cerca el tema. Además lo de los atentados, la situación de tensión de guerra…, todo está relacionado; se prendieron alarmas y los medios solo de eso hablan, entonces se genera más paranoia. Aquí hay muy poca presencia policial en las calles, pero en la escuela de mi hija ya hay un policía, que antes no había, porque es una escuela francesa-alemana.

Además, se devuelven en pleno invierno en Alemania y vienen a nuestro calorcito…

–Sí, creo que vamos a dejar los chunches e irnos para la playa… Vamos al calorcito, qué rico.

–Durante mucho años fue considerado la gran promesa, ganó una seguidilla de premios que demostró su trabajo y ahora está en momento muy sólido… ¿Considera que esto es un periodo de madurez o consolidación? ¿Cómo lo vive desde adentro?

– Me alegra que editoriales se interesen por mi obra porque eso significa un poco de mayor difusión y ver que una editorial que leía de niño ahora me está publicando, las traducciones al inglés, todas las posibilidades que están pasando… Me siento muy agradecido, muy contento. Tiene que ver con una necedad de mucho tiempo de esto que decidí hacer y por lo cual abandoné una carrera; me doy cuenta de que es algo que quería hacer y, de verdad, lo he sostenido mucho tiempo con las dificultades que implica. No me estoy quejando ni nada, pero fue una apuesta y significaba no hacer un montón de cosas. Abandoné un trabajo en economía agrícola, que era bastante estable; de ahí en adelante todo ha sido un subibaja en el tema laboral. Esto también tiene que ver con un temperamento mío muy de no ceder en ciertas cosas para siempre resguardar mi espacio para la escritura, para tener esa libertad de acción que he sentido necesaria para la escritura.

”No sé cómo haría como un trabajo de tiempo completo, que siempre es tiempo y medio, porque yo no soy una persona tan disciplinada para decir me levanto a las 4 a. m. y de 4 a 6 a. m. escribo, luego me dedico a la familia y al trabajo.

”El precio que he pagado es tener menos estabilidad laboral y económica, pero fue una decisión también. Empezaron a pasar estas cosas que no me van a resolver esto; ahora yo regreso y tengo que trabajar como todo mundo. Claro, siempre trataré de resguardar esos espacios, trataré de no trabajar tiempo y medio como hace toda la gente que conozco.

”Siempre voy a seguir escribiendo hasta que tenga ganas; uno no puede forzar el escribir y si se fuerza se va a notar. Mientras vaya a seguir escribiendo, lo voy a seguir haciendo.

”Para decir ‘ya se consolidó’, no sé… Siempre que escribo algo, me dan ganas de corregirlo; por eso, trato de no leer cosas publicadas porque ya las quiero corregir.

”Todo esto es un gran apoyo; son unas palmaditas (en la espalda) y uno siempre va a querer escribir mejor y leer más. Más bien me dan ganas de seguir haciéndolo; todavía tengo muchas ganas de estar en esto”.

–¿Qué es tratar de escribir mejor en sus estándares? Incluso, ha dicho que ahora es menos arriesgado que antes.

–A veces uno extraña esa frescura y ese arrebato que tenía hace unos 10 años; me acuerdo que escribía un libro en dos meses, decía está listo, le quitaba un par de cositas, lo editaba un poco y ya. Conforme uno comienza a hacerse más viejo, empieza a ser más crítico con lo que hace; lo que antes decía, este poema ya está listo; ahora lo guardo, lo vuelvo a sacar, lo reviso. Se vuelve menos autoindulgente. Sí hubo una frescura, pero ese tipo de escritura no se puede sostener.

”Uno siempre está queriendo escribir mejor; no sé exactamente qué es escribir mejor. Uno siempre tiene una insatisfacción; creo que a mí y también a muchas personas en otros campos, como a un ebanista, les pasa: tenés una idea que querés hacer, la llevás a cabo y, siempre decís, es muy parecido a lo que yo quería hacer, pero no es lo que pensé; entonces, hacés otra y allí vas; cuando te das cuenta, tenés seis o siete libros, 20 sillas o siete clósets. Tiene que ver con eso: cierta insatisfacción que te mueve a hacer mejor lo que estás haciendo”.

–¿Como evitar que esa insatisfacción y exceso de autocrítica lo lleve a la parálisis?

–A mí no me pasado, y seguramente alguien diría: le debería pasar ( ríe )… También hay otra cosa que he notado y no me pasó; hablo siempre de una literatura menor porque me gusta esa idea de trabajar desde las debilidades que uno tiene, desde saber cuáles son sus limitaciones.

”Mucha gente que he conocido se ha esperado años para hacer su obra maestra y eso es paralizante; eso es un peso… Yo no me puedo imaginar lo que es tener en la cabeza hacer una obra maestra en literatura, cine, música o cualquier cosa; creo que esto más bien te congela, te paraliza. Incluso, mucha gente que ha hecho obras maestras, en su momento no lo hicieron pensando que era una obra maestras; salvo algunos casos excepcionales, como James Joyce o Ezra Pound, y son unos genios. Es un punto de partida erróneo porque te comparás con otro montón de cosas y, entonces, no hacés nada. Uno puede hacer en la medida de sus limitaciones y aprovecharlas para hacer algo que sea bien tuyo, bien auténtico y bien hecho.

–¿Cómo se inserta en ese mundo literario que cree o propicia esos prejuicios sobre el escritor y el poeta de los cuales reniega?

–Soy muy reacio porque vengo de otro lugar, entré a la literatura por la puerta de atrás. Siempre me pareció una cosa muy afectada esa parte que tiene que ver con el maestro poeta y luego, está la otra, la de intelectualidad académica; me parece muy acartonado, no es lo mío.

”La verdad que cada quien haga y se desenvuelva en el medio que pueda: yo estoy al margen; de hecho, ese es un reproche que me hacen, de que nunca me meto de lleno en el mundo literario, pero, bueno, de por sí ya hay mucha gente allí; ¿para qué necesitan a uno más? Tengo amigos que no escriben, voy al estadio; tengo una vida, también tengo amigos que escriben, paso leyendo, voy a festivales.

” Me mantengo alejado de ese mundo. Siento que alguna gente piensa que todo gira alrededor de la literatura y de su mundo literario; y la verdad es que a la mayoría de la gente no le interesa, no le interesan los libros ni la literatura y la poesía, menos aún. Está bueno tener eso siempre presente, no desubicarse. Esto es importante, pero para mí y le pongo mucho cariño, pero allí se acaba . No hay que sacar de proporción las cosas; cuando uno está metido en ese mundo así (seña de cubre ojos de los caballos), puede sacar de proporción lo que uno hace”.

–Entonces, ¿qué es para usted literatura y poesía?

–Es una pregunta complicada. Yo no sé en qué momento le inoculan a la gente qué le interesa y qué no. Venimos de la misma familia, tenemos estímulos muy similares, pero a mi hermano, un tipo divino, supernoble, trabajador, no le interesa la literatura. Yo crecí en esa misma casa que mi hermano; aprendí a leer con mi abuela, leyendo titulares del periódico; luego leí todo lo que me encontraba impreso. No venía de un ambiente donde hubiera un estímulo particular para eso. Mi hermano tiene esta vida que está fuera del mundo literario y a mí me interesó; ¿por qué?

”En mi caso fue tan poderoso que después de que hice una carrera universitaria que iba por otro lado y, a la misma vez, llevaba esta vida de un nerd y ratoncillo de biblioteca que no le contaba a mucha gente lo que hacía. Toda la universidad hice triatlón y yo no iba a sentarme con los maes y decirles: qué pensás del Ulises de Joyce. Tenía ese mundo muy personal, a la vez que hacía esta otra vida de alguien que no parecería que tenía este otro interés tan en serio; fue tan en serio que me obligó a renunciar a esa carrera e irme moviendo hasta esa apuesta. Y aquí estoy; he publicado libros, me metí de lleno. Gracias a eso pude tener esta experiencia de un año con mi familia en Europa.

”No te podría dar una definición, pero te la estoy dando con todo lo que armo, pero no tengo una respuesta conceptual”.

–¿Qué le dejaron la economía agrícola y el triatlón al poeta?

–Me dejaron amigos y experiencias. Eso de mirar hacia atrás y decir: uy, me arrepiento de aquellos años que estudié; jamás, para nada, yo lo disfruté muchísimo, me cagué de risa en la Universidad. Con la vida de deportista, viajé muchísimo; con una selección de triatlón, yo iba a competir al extranjero; las primeras veces que salí en el periódico fue en la sección de Deportes. Incluso, he escrito cosas con experiencias que pasaron en esos años; no es tiempo perdido para nada. A mí no me pasó por la cabeza nunca estudiar literatura; aunque leía un montón. No siento que todos esos años que hice otra cosa los pude haber dedicado a la literatura porque ya lo estaba haciendo. La literatura no solo es leer libros; también es todo lo que uno ve, lo que uno escucha, lo que uno prueba y lo que uno vive; todo eso es la materia prima.

–Me dice que trabaja desde sus debilidades y limitaciones. ¿A cuáles se refiere?

–Con el paso del tiempo, con la dinámica de prueba y error, con la experimentación y exploración, o con la simple y llana observación (que en este caso es la lectura), uno va conociendo cuáles son los territorios donde o no puede o no le interesa entrar, o donde sabe que no tiene recursos ni herramientas para construir algo decente. Aunque me encanta, por decir algo, el hard-boiled, está fuera de mis posibilidades escribir una historia tensada a partir de ese tipo de tramas. Para explicarlo con la ortopedia del ejemplo: un jugador de baja estatura no entra a cabecear un corner entre los defensas altos, merodea los espacios abiertos.

–Restarle importancia o grandilocuencia a su obra, ¿a esto apunta cuando habla de “literatura menor” o hacer una “obra menor”?

–Hay una parte de esto que tiene relación con una pregunta anterior. Por ejemplo, no soy un filósofo ni un intelectual, se me escapa esa aproximación conceptual a los “grandes temas”, los “temas de peso”. La retórica me supera. Mi manera de entrar es tangencial, por las laterales. Uno llega mucha veces a los mismos lugares, al insight metafísico o filosófico tal vez, pero por otros caminos y con recursos diferentes.

”Pienso en esto: caminar por la sombra, hablar en voz baja, en la negativa a la estridencia y al dramatismo. Y pienso, sobre todo, el camino contrario a los lenguajes oscuros, crípticos; no porque todo el mundo tenga que elegir ese camino. Me alegra que exista ese amplio espectro de registros en la literatura; uno no puede practicarlos todos.

”No quisiera que esto se confunda con otra idea. Hay una dosis de violencia en lo que escribo: violencia en el lenguaje. El lenguaje es violento; y es sereno y sensible también. Está cargado del poder, que es el de comunicar las emociones y percepciones humanas. La imposición actual de la corrección política, del estamos-todos-de-acuerdo-en-las-causas-nobles, me parece que no tiene lugar dentro de la literatura; eso será para otros campos”.

–Es clarísimo que no pretende escribir una obra maestra. Entonces, ¿qué busca?

–Trabajo con lo cercano, con lo que conozco, y no es exactamente autobiográfico (David Shields habla de cómo todo es ficción); parto de ahí, pero luego todo se corre varios grados del eje.

”¿Qué busco? No lo sé exactamente ; en eso estoy todavía. Sé que todavía tengo ganas de escribir y seguir haciéndome esa pregunta”.

El poeta de 46 años no ha parado de dar recitales, entrevista, hacer vida en Berlín y escribir. Fotografía: Timo Berger para LN.
El poeta de 46 años no ha parado de dar recitales, entrevista, hacer vida en Berlín y escribir. Fotografía: Timo Berger para LN.

–De El anónimo a Salvapantallas , ¿cómo describe el cambio en su trabajo literario?

– Han pasado 20 años desde aquella primera publicación de autor; muy torpe y con un único valor para mí que fue el pivote entre la “vida de economista agrícola” y esa otra vida que estaba eligiendo y que todavía no sabía qué era. Lo que ha cambiado es lo que los años, el paso del tiempo, puede cambiar las cosas. Hay más horas de lectura sobre todo; la lectura es el verdadero taller de escritura. De todo lo que uno lee, ve, escucha, van quedando sedimentos, residuos (ojo, tanto de lo que a uno le gusta como de lo que no le gusta, tal vez incluso en mayor grado esto último) y todo eso influye en la manera en que luego se escribe.

–Es parte de la explosión poética que hubo a mediados de los años 90. ¿Qué se gestó durante aquella época?

–Para fines de los 90, con la revista Los amigos de lo ajeno, que coeditaba con Ana Wasjzczuk y que se distribuía en Costa Rica y Argentina, empezamos a publicar lo que en ese momento usamos como eslogan de la revista: otra poesía joven hispanoamericana (a la par del otro eslogan: la poesía no sirve para nada) . Nos gustaba todo lo que se alejara de la solemnidad, de la lírica llorona, de la poesía hecha en los recreos de la Facultad de Letras, del lenguaje críptico. Y para nuestra sorpresa, encontramos muchísimos autores. Empezamos un cruce muy enriquecedor con autores de muchos países latinoamericanos primero y, hacia el final (la revista vivió de 1998 al 2004), con escritores jóvenes españoles.

”Mucha de la poesía que publicamos ahí es de poetas que ahora tienen una obra considerable y notoria. Algo que también rescato mucho es que la idea de hacer cada número (con publicaciones amigas como Kassandra ) y armar las presentaciones, siempre giró alrededor de la alegría; presentamos números con peleas de lucha libre, con show de travestis en una disco gay, en bares como el Cuchifrito; no era parte accesoria a la revista, era también la esencia de lo que estábamos haciendo.

”Surgió por ahí la editorial Perro Azul, pionera de la edición independiente en Costa Rica. Inauguró la colección con un libro de Osvaldo Sauma (mi gran maestro y mi gran amigo) y, luego, con tres libros simultáneos que, además, presentamos juntos: El abominable libro de la nieve , de Mauricio Molina; La mano suicida , de María Montero, y el mío, Historias Polaroid . Fue el año 2000.

”Fue lo que me tocó hacer; era poeta joven con toda esa energía. Eso lo va retomando cada generación; cada una o casi todas hacen su parte. Ahora, tengo 46 años y los métodos que empleo o trato de emplear para esa alegría, esa provocación y esa búsqueda son otros, naturalmente”.

–¿Cómo ve el medio poético y literario nacional? ¿Qué le llama más la atención actualmente?

–Es imposible estar al tanto de todo lo que se publica, pero, en términos generales, veo mucha efervescencia, revistas, editoriales independientes, lecturas, hibridaje, colaboraciones con otras artes. Es decir, los mejores signos vitales posibles.

–Ha sido un gran lector. ¿Qué libros y autores le interesan? ¿Qué títulos hacen fila junto a la cama? ¿Qué tipo de lector es?

–Sé que mucha gente va a entender esto porque le pasa lo mismo: por favor, nunca me dejen con una tarjeta de crédito en una librería. Una buena parte de mi vida la he dedicado a la lectura. No sé si puede dar el caso de un escritor que no le guste leer, sería como el de un maratonista al que no le guste correr. Leer es otra forma de escribir.

”No soy metódico ni disciplinado. Tampoco me formé en la academia; entonces, no fui cubriendo movimientos ni periodos de forma ordenada. He ido un poco a lo que venga, a lo que me encuentro, a lo que me recomiende un autor en un libro. Esos encadenamientos que se inician precisamente en las hojas de los libros.

Varias veces le preguntan a no por sus libros preferidos o sus autores favoritos. Me cuesta mucho contestar eso, tanto que siempre respondo lo mismo: hoy puedo decir algunos; si me preguntan mañana, diré otros.

”Lo que voy a hacer es decirte lo que estoy leyendo en este momento y algunos de los libros que están en el escritorio. Emmanuel Bove (Francia), Carlos Pardo (España), Diana Henderson, Samanta Schweblin y Marcelo Díaz (Argentina), Robert Walser (Suiza), Lorrie Moore (EE. UU.)”.

"Sé que mucha gente va a entender esto porque le pasa lo mismo: por favor, nunca me dejen con una tarjeta de crédito en una librería. Una buena parte de mi vida la he dedicado a la lectura".

–La música, en especial el rock , es un elemento destacado en su poesía. Hábleme de la banda sonora de su vida… ¿Qué escucha? ¿Cuáles son los temas infaltables en Spotify, el iPod o el reproductor que use?

–Me gustan muchos géneros. Depende del momento: no es lo mismo poner una lista de reproducción para una noche con invitados en la casa, que música para el rato de escritura; también muchas veces escribo con el único sonido del ventilador diminuto de la compu. Rock , música clásica, polifónica, funk , jazz (me quedé en los clásicos, cuatro nombres y listo), algunas vertientes del folk ; cuando hay que bailar –no soy un experto, pero le hago la fuercita–, salsa por supuesto. A fines de los 90, en Cuba aprendí algo fundamental: el que no baila, no coge.

”No uso audífonos. La música la escucho en la casa o en el carro. En la calle, me gusta oír todo lo que viene de afuera. Y también creo que es importante ponerle atención a la voz interior, implacable a veces; los audífonos me impedirían oír lo que dice”.

–¿Qué extraña de Costa Rica? ¿Le da dado mal de patria? ¿Qué extrañará de Berlín al volver al país?

–Un año es muy poco para extrañar un lugar; por lo menos eso me pasa a mí . Uno pestañea y pasan seis meses; pestañea otra vez y ya hay que volver.

”Con las personas es diferente. Me alegra saber que dentro de poco veré a familia y otra gente querida. Por supuesto, me entusiasma la idea de ir al Eladio Rosabal Cordero a ver jugar al campeón. Y que la playa está cerca y la temperatura del mar es para seres humanos.

”De Berlín extrañaré a los amigos, y también la cobertura y confiabilidad de los servicios de transporte público.

–Tras este sabático, ¿cómo regresará esta familia que usted integra de Alemania?–

La experiencia ha sido intensa. En el libro contable quedaría del lado de los activos. Ha habido de todo, momentos difíciles, muchas dudas, aprendizaje; también cervezas enfriándose en el balcón, tardes extensas en el mantel del verano, las mujeres de la casa bañándose chingas en los lagos de Berlín, muchas cenas con amigos. Cosas así.

Respuestas rápidas

  • Una imagen de Alemania: Las semillas de los álamos suspendidas en el aire.
  • Libro recomendado del momento: Mis amigos , de Emmanuel Bove (no es que sea "del momento", es que lo leí en estos días y me encantó).
  • Autor nuevo o “fresco” a quien hay que seguirle la pista: Juanjo Muñoz Knudsen /Ana Luisa Mora F.
  • El tema de rock: Imperios o Ulises, de banda tica Monte.
  • Deporte actual; ¿hace ejercicio?: Soy cinta negra en regalarle la matrícula a los gimnasios.