Con mensaje Luchy Pérez y Kembly Aguilar dirigen una obra cargada de magia, sobre una chica que pone su felicidad ante todo

Por: Fernando Chaves Espinach 8 mayo, 2013

Un sombrero revolotea hasta caer en el sillón de la casa de Olivia. La prenda tiene el inesperado poder de cumplir sus deseos, así que la chica se dedica a pedirle cosas maravillosas, a pesar de quienes deseen que pida riquezas.

Con su llamado a regodearse en la magia de la vida cotidiana, Olivia y su sombrero mágico llegará a las tablas tras ganar en la categoría de Dramaturgia Iberoamericana para público infantil/juvenil de Escena Viva .

Esta producción, de la Compañía La Bicicleta , es dirigida Luchy Pérez y Kembly Aguilar, quien adaptó la historia del cuento Toribio y el sombrero mágico, de Annegert Fuchshuber . Tardó tres años en localizar al viudo de la escritora y lograr preparar la pieza.

¿Qué atrapó a Aguilar por tanto tiempo? “La sencillez del personaje y la magia que tiene la historia. Ella pide nada más para sus necesidades básicas, pero son las ideas de un soñador”, cuenta.

La obra es interpretada por Aguilar y por Kyle Boza, quienes operan los 7 personajes que aparecen en la obra.

Fantasía. Olivia y el sombrero mágico está teñida de magia por todas partes, incluso en la banda sonora creada por Jonatan Albuja. Esta música entreteje los sonidos de baterías, guitarras y flautas para dar vida al edificio de apartamentos en el cual reside Olivia.

En la banda sonora participan también Carolina Ávila (voz y guitarra acústica) y Gerardo Mora (batería y percusión).

Cada títere de una persona exige hasta 16 horas de trabajo, y se crearon unos 15 muñecos de papel maché para la obra. Luego de elaborados, deben pintarse y vestirse con ropa nueva.

“Queremos transmitir la importancia de las pequeñas grandes cosas. Los niños las tienen más claras y los padres necesitamos recordarlas. Es la oportunidad de traer a los niños para que se conecten con lo vital y que los papás compartan con ellos”, explica Pérez.

Para Pérez, la forma de integrar los diversos elementos del montaje consiste en colocarse en el punto de vista de Olivia, siempre tratando de conectarse desde lo mágico y no desde lo racional.

“Debe ser un público con una mente abierta a encontrarse con un personaje que no comparte su forma de ver”, señala Aguilar. “Mucha gente encontrará en Olivia una chica llena de utopías”, añade.

“A Olivia no le interesa cuadrar en la sociedad. Ella satisface sus necesidades y sus deseos sencillos y a veces la gente no entiende que con eso es feliz. Es una forma de encontrar felicidad en la vida día a día”, comparte Aguilar.

Es verdad que la obra es para los chicos, pero su magia esperar abarcar a toda la familia.