Por: Fernando Chaves Espinach 20 enero, 2014
Julieta Dobles. Fotografía del 2006.
Julieta Dobles. Fotografía del 2006.

San José

La escritora Julieta Dobles ha consagrado su vida a la poesía. Por esa labor incansable fue escogida como la ganadora del Premio Magón 2013, el máximo galardón a la cultura costarricense.

Entre sus libros se encuentran Reloj de siempre (1965), Amar en Jerusalén (1992) y Hojas furtivas (2007). Seleccionamos tres poemas de distintos volúmenes de poesía para permitirle conocer mejor la creación literaria de Dobles. Muchos de sus poemas se concentran en el tema de la naturaleza, muchos de ellos en verso libre y con carácter narrativo.

De palabras

La palabra, tu palabra

es un barco certero hacia el deseo.

Lanza tan primitiva,

caricia tan urgente,

lindando casi con el rojo

mordisco de lo obsceno.

Tu palabra me sobresalta,

me desata, me incita.

Plenamente verbal,

me humedezco de esencias germinales,

y se activan mis manos,

mi cuerpo, mi palabra también

para dormir el aire con la tuya.

Tu palabra, furtiva entre mi oído,

moscardón malicioso,

me cosquillea el instinto.

Subleva mis silencios

y, exacerbada de penumbras,

nos acerca y nos une

en esa vieja danza

de los cuerpos deseantes y absolutos.

Tu voy y mi voz se están amando

entrecortadas, susurrantes,

plenas de excitaciones, de turgencias,

de alientos agresivos o ternísimos,

entre un silencio despeinado y gozoso.

Palabras que se tocan,

se muerden, se estremecen

sn esa enredadera de deseos

que es sólo aire empapado y aromoso.

Hacemos el amor también con la palabra.

Apuestas

Tú pones los silencios auspiciantes,

vestíbulo del ansia

en tu sonrisa de muchacho con soles.

Yo pongo la poesía.

Tú, esas manos de móvil expertez

que trazan tatuajes invisibles y ávidos

sobre el escalofrío de mi piel.

Yo pongo la poesía.

Tú, el beso,

puerta de mudos goznes al deseo.

Yo pongo la poesía.

Tú, las lanzas osadas y profundas,

sagradas armas, siempre nuevas

en la vieja irreverencia del amor.

Yo pongo la poesía.

Tú, esa ternura tuya,

sábana singular

que me rinde y me vuelca.

Yo pongo la poesía.

¿Y la música de los cuerpos,

perdurable en su hermosa brevedad,

triunfante cada día frente a la destrucción?

Ah, esa la ponemos los dos,

Tañedores expertos del deseo...

Lección indispensable

Deja así las almohadas,

no las cubras.

Ni despereces la colcha y su jardín

de estampados ansiosos.

En él hemos jugado a ser eternos,

a recoger las mínimas migajas del placer

con que la vida quiere agasajar

nuestra bella osadía.

No importa que lo sepan:

tú yo hemos pasado

dos horas de eterno regocijo,

y nos hemos amado

como si el tiempo nos perteneciera.

Ahora llega la noche.

Te bañas y despides,

con esa sonrisa que amo tanto,

placentera, feliz, cómplice, mía.

Aquí, donde nos hemos dado tanta luz,

uno en el otro.

Yo, fundida a la ternura.

Tú, con el halago tierno

de quien se ha vuelto experto de caricias.

Conmigo has aprendido

esa alta ciencia mutua del placer

y eres converso aventajado

en esta hermosa devoción del gozo.

Vuelve mañana, amado.

Que tenemos aún mucha materia

para aprender despacio y dulcemente.