El reconocido artista expone once nuevas pinturas en el Museo Calderón Guardia

Por: Víctor Hurtado Oviedo 3 mayo, 2015

El pacto del silencio costaba un colón y medio al niño Fernando Carballo . Con las monedas compraba la complicidad del portero de un cine y una entrada a películas de mayores que hoy harían reír por su ingenuidad. “Eran cintas mexicanas con rumberas, como Ninón Sevilla, Meche Barba, Rosita Forner y las Dolly Sisters, que bailaban con Pérez Prado: fueron mis primeras musas”, recuerda Fernando.

Los tiempos cambian, pero no los amores, y Fernando Carballo Jiménez parece que sigue dibujando aquellas musas bailables en sus cuadernos de colegio; mas las hojas se han tornado ahora once hermosas maderas de gran formato en la exposición Musas, que ofrece el Museo Histórico Calderón Guardia.

La muestra es una estilizada continuación de aquellos amores nacidos en los primeros años 50, cuando un portero amigo dejaba entrar al joven Fernando en el cine Cartago. Nos precisa:

–Cuando apareció Sophia Loren me quedé como en el otro lado del mundo: por muchos años fue mi modelo imaginaria. ¿Cómo olvidar a Greta Garbo, Marlene Dietrich, Silvana Mangano, Michele Morgan, Sarita Montiel...?

La musa original. El artista confiesa que la idea original de esta serie se la dio una entrevista de televisión que ofrecía la poetisa nicaragüense Gioconda Belli:

–Hace muchos años, en una empresa de publicidad de San José, trabajé con Gioconda. Yo era el director artístico, y ella era una creativa publicitaria muy eficiente. Cuando la vi en televisión, se me ocurrió hacer una serie de mujeres que se llamaría Poetisas , con una línea simple y algo de color.

Fernando pintó cuadros pequeños y luego pasó algunos a formatos grandes. Carballo trabajó sobre maderas que no se han pulido completamente, de modo que añaden un aire de naturalidad.

Carballo esparce primero pintura blanca, a manera de fondo; luego pone la tabla sobre una mesa horizontal y toma un recipiente de material plástico (como los que contienen salsa de tomate) lleno de una pintura negra industrial de esmalte.

Sin haber hecho un boceto, desde lo alto, el artista presiona el recipiente y hace que salga un chorro: con este traza las líneas del dibujo. A veces se producen pequeños puntos negros fuera de las líneas. Esta técnica se llama “dripping” (goteo).

Más adelante, el artista empapa esponjas con pinturas industriales (de pared) de varios colores. Logra algunos tonos especiales superponiendo dos colores, y el resultado ofrece matices más o menos intensos.

El poder de la mente. En pocos casos, como en Actriz II , Carballo emplea material acrílico para dar color al cabello, lo que, de paso, le otorga relieve.

Actriz II es la primera obra de la exposición que Fernando ejecutó. En el cuadro, el cabello es azul cobalto, inverosímil, y nos recuerda las nubes furiosas de los últimos cuadros de Vincent van Gogh. ¿Puede ser?

–Puede ser. El artista no es por completo consciente de lo que pinta. Uno trae años y años de ver arte, y, cuando trabaja, esa riqueza aparece sin preverla –sostiene Fernando.

Es cierto: un pintor siempre pinta con sus pintores. Los retratos de Fernando Carballo caminan –tomados de una mano imaginaria– con algunos trabajos de César Valverde por su festiva luminosidad, y de Rafa Fernández por su romanticismo de mujeres que están aquí cuando sueñan mundos que nunca visitaremos.

–Entonces, ¿no son retratos de mujeres reales?

–No. Son creaciones imaginarias. Todo lo tengo en la jupa.

Amigas es un cuadro de gran formato que presenta dos rostros de mujeres superpuestos parcialmente, de modo que podrían ser de una sola persona que ama al prójimo como a sí misma.

Orquesta es diferente: no trae musas, mas pone la música. En este cuadro de gran formato se asoman seis personas más una trompeta, un tambor y una guitarra, como en una noche de discoteca. Los trazos son prestos y nerviosos. El azul, como una música, se extiende por el fondo, mas los rostros son cálidos, rojizos y luminosos.

Carballo comenzó a ejecutar esta serie en noviembre pasado, y es la más reciente producción de este prolífero artista.

Ángeles y madonas. Luis Rafael Núñez Bohórquez, director del Museo Histórico Calderón Guardia, recuerda que Fernando Carballo ha recorrido mucho los caminos de la figura humana.

En sus inicios, el artista dibujó y pintó la serie de los Ángeles malditos , desnudos de un violento realismo, y continuó con los Ulamas (lápiz sobre papel), hombres que podrían pesar un mundo si no los sostuviese el vacío.

El artista y crítico José Miguel Rojas ha encontrado, en los primeros años (1972-1985) de la obra de Fernando Carballo, una “decidida inclinación por la figura humana –con preferencia por el desnudo–, resuelta en fuertes masas, ya desde entonces marcada por una fuerza expresionista”.

De entonces datan personajes desproporcionados, anchos, mirados desde abajo, fuertes, como tallados en piedra con piedra. Aquel estilo deformante no se ha perdido por completo en esta exposición pues las manos-marco se nos asoman exageradas. Empero, todo lo endulza la placidez de estas madonas sin Niño-Dios.

Luis Núñez señala la veta de erotismo que Carballo también ha seguido y perseguido, pero anota que, en esta vez –como en la muestra del 2014 en la Casa del Artista–, Fernando olvida el choque, la inquietante fealdad de sus viejos personajes, para levantar altares luminosos a la belleza que halla en los rostros femeninos.

–Estas pinturas también conservan aires del art nouveau –acierta otra vez Luis Núñez.

Espacio eterno. Fernando Carballo ha recibido numerosos reconocimientos durante sus 45 años de labor artística. Así, en 1978, a causa de una exposición que ofreció en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica, obtuvo el Premio Nacional Aquileo Echeverría en Dibujo.

El segundo Aquileo le fue concedido en 1982 por una muestra presentada en el Museo de Arte Costarricense (MAC). El premio reconoció el dominio de Carballo en la técnica de la pintura. Dos obras de esa exposición: Custodia y Retrato de familia, integran la colección del MAC.

En aquel momento, la novelista y entonces directora de dicho museo, Carmen Naranjo, escribió: “Un cuadro de Carballo es inolvidable. Este artista ha ganado un lugar señalado de prestigio en el arte costarricense. Carballo llena los espacios con el espacio eterno del ser humano”.

Fernando también fue el único representante de Costa Rica en la exposición itinerante Iberoamérica pinta (1997), auspiciada por la UNESCO, compuesta de obras de 63 artistas de 22 países. La exhibición visitó 29 capitales americanas, además de Madrid.

Música en imágenes. En el año 2008 se publicó el libro Fernando Carballo: 40 años de labor artística , que incluye fotografías de 85 obras. ¿En qué trabaja ahora?

–Pinto en telas de gran formato, con un gel indeleble y tinta de imprenta. Los motivos son solo mujeres, algo similares a los de mi primera exposición: Los espíritus del agua , pero en ese caso representé a hombres y mujeres.

Aquellanueva serie se expondrá a fines de año en el Centro de Estudios Brasileños.

In illo tempore , en aquel tiempo: 1954, Fernando bailaba mambo y ganó un concurso organizado en el parque central de Cartago –aunque usted no lo crea–. “Los de Cartago eran como troncos, pero a mí me encanta la música y bailaba”, confiesa este danzarín de los pinceles.

Esta vez, Carballo ha lanzado las monedas de sus varios estilos y han caído de lado de la contemplación de la mujer. Aquí no hay peso ni temores ante el mundo natural; ni siquiera hay tiempo.

Las damas de Fernando están vivas porque aún posan; es decir, porque nos han visto. Quedarán jóvenes en sus colores imposibles cuando ya nos hayamos ido del museo y de la vida.

La exposición permanecerá hasta el jueves 30 de mayo en el Museo Calderón Guardia (barrio Escalante, San José). Tel. 2222-6392

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