Riqueza natural. Nuestro país posee más de trescientas cuevas

 13 septiembre, 2015

Andrés Ulloa Carmiol aulloa.carmiol@gmail.com

Guillermo Alvarado Induni galvarado@ice.go.cr

Desde hace milenios, casi todas las religiones y las culturas han creído en un infierno o inframundo. En muchos casos, los portales construidos para conectar el mundo de los vivos con el abismo tenebroso fueron los cráteres de los volcanes (Masaya en Nicaragua, Hekla en Islandia, Etna en Italia, Ale en Etiopía...) o las cavernas (Xibalbá, el laberinto de ríos subterráneos en la península de Yucatán, o las del Peloponeso en Grecia).

En la mitología griega, varios gigantes fueron castigados y condenados a residir bajo el Etna, y los seres pagaban sus penas en un abismo sin fondo donde estaba el dios Hades: a su vez, dios del hades, el reino de los muertos y del inframundo.

Los romanos tomaron parte de esos dioses y los renombraron, así que la concepción grecorromana se adaptó posteriormente, en cierta forma, a las tres religiones monoteístas, que también se apropiaron de ideas de otras civilizaciones, particularmente la egipcia faraónica.

De allí nace la idea de que el castigo divino se localiza en las profundidades de la Tierra, bajo montañas que arrojan fuego y expelen hedor a azufre; o se sitúan en extensos laberintos subterráneos, donde el alma está condenada a vagar por la eternidad.

Las cuevas kársticas. Combinada con el dióxido de carbono (gas abundante en la atmósfera y los suelos), el agua forma ácido carbónico. Este se infiltra dentro de las rocas calcáreas disolviéndolas poco a poco y creando oquedades (grutas, cuevas, cavernas).

Papaya Gabinarraca, columna constituida de travertino, es una formación que se encuentra en la caverna Ganinarraca, en Venado de San Carlos.
Papaya Gabinarraca, columna constituida de travertino, es una formación que se encuentra en la caverna Ganinarraca, en Venado de San Carlos.

Sin embargo, al volverse a depositar el carbonato de calcio, forma bellas esculturas, como las estalactitas (que cuelgan del techo) y las estalagmitas (que se levantan del piso), las columnas (unión de ambas) y las cascadas de travertino (una roca calcárea porosa y bandeada). Todo este proceso geológico se denomina karstismo o karst .

En total, más de 300 cuevas y 25 km de pasajes subterráneos han sido reportados por grupos espeleológicos nacionales e internacionales. Empero, con seguridad, quedan muchas otras cuevas por descubrir y catalogar.

Varios ríos subterráneos y cascadas se adentran por cientos de metros, como si fuesen venas por donde corre uno de los más preciados componentes para la vida: el agua. Allí, aun en ausencia de la luz y de la fotosíntesis, pulula gran cantidad de especies animales, que se han adaptado a la oscuridad; incluso existen microorganismos capaces de obtener energía para sus funciones vitales a partir de compuestos inorgánicos (organismos quimiosintéticos o quimiótrofos).

Muchas de ellas son especies ciegas, aún no catalogadas. También, en épocas pretéritas, las aguas superficiales han arrastrado los restos óseos de especies animales, hoy día extintas, e incluso restos humanos: forman un mausoleo natural, repositorio de nuestro pasado.

Si hablamos en números, las cavernas más visitadas son las de Venado y las de Barra Honda , con unos 6.000 y 3.600 turistas al año, respectivamente.

La cueva más profunda es la Serpiente Dormida (Miramar de Abrojo, cordillera Costeña) a 172 metros bajo el nivel del terreno. El pasaje (túneles y cavernas interconectadas) más largo posee 3.872 metros (La Bruja, Rectángulo, Tururún y Corredores, en la Fila de Cal). Allí mismo está nuestro río subterráneo más largo (Guaimí), de 1.600 metros de longitud.

Lacsa se llama el lago subterráneo de mayores dimensiones de Costa Rica: 30 metros de largo, 15 de ancho y 10 de profundidad. El techo de la sala se encuentra a 20 metros de elevación sobre el nivel del lago.

Cavernas volcánicas. No todas las cuevas son calcáreas. En su transitar, las corrientes de lava pueden solidificar su superficie, pero su núcleo se conserva caliente y líquido, así que la lava continúa fluyendo dentro de este cascarón. Al derramarse en su avance, pueden dejar atrás los túneles de lava.

Un ejemplo lo tenemos en la localidad de Oratorio, por Cervantes de Cartago, donde la colada de mismo nombre, hace 17.000 años, dejó un túnel natural. Desgraciadamente, los lugareños lo fueron rellenando de basura, por lo que el gas metano se acumuló. Esto ocasionó la muerte de dos paisanos improvisados que intentaron explorar el túnel con una vela encendida.

Otros lugares muy hermosos, y unas de las maravillas del Irazú e incluso mundial, son las cavernas Los Minerales y la cueva Los Mucolitos. Están enclavadas en el flanco noroeste del coloso eruptivo. Es un sector de grandes acantilados volcánicos y fumarolas dispersas, casi inaccesibles y muy peligrosas, a menos que se disponga de equipo y experiencia en montañismo.

En tales cuevas se encontraron al menos 40 minerales de la clase de los sulfatos (sulfatos hidratados de cobalto, cobre, cinc, magnesio, sodio, hierro y níquel), carbonatos, silicatos y azufre nativo, varios de ellos reportados por primera vez en cavernas en el mundo.

Los minerales se presentan en forma de bellas estalagmitas y estalactitas, así como formando agregados cristalinos en las paredes de la cueva Los Mucolitos.

Sus colores vivos del verde agua marina, celeste, amarillos y blancuzcos recuerdan los colores con que el lago cratérico del Irazú ha cambiado a lo largo del tiempo. Al parecer, pudo existir una conexión subterránea entre el lago volcánico –hoy seco– y las cavernas: una nueva exquisitez que nos depara los ambientes volcánicos.

Patrimonio. También hay cuevas producidas por la erosión marina en los acantilados costeros, y por la acción persistente de las corrientes fluviales en nuestros ríos, que labran la roca, grano a grano, cristal a cristal...

Las debilidades presentes en las rocas (fracturas, fallas, contactos de capas) favorecen la penetración de los agentes erosivos en estos sectores y la creación de cavernas. Sobresalen el túnel natural de la playa Ventanas, las cavernas de la playa Guacalillo-Bajamar y las de la isla del Coco.

Más extrañas son las cavidades dejadas por los árboles al ser arrancados de raíz por procesos volcánicos, fluviales o gravitacionales (deslizamientos), transportados y enterrados a cierta distancia de su origen. Al descomponerse la madera, dejan oquedades, en algunos casos de dimensiones suficientes para que un ser humano pueda caminar en ellas.

Más de tres centenas de cavernas (calcáreas, volcánicas y por erosión) existen en Costa Rica. Algunas de ellas se encuentran dentro de parques nacionales, pero muchas otras carecen de protección.

Hay muchas riquezas biológicas, arqueológicas, geológicas y paleontológicas a la espera de ser descubiertas. Varias pueden ser aprovechadas dentro de un circuito de visita, acompañado de información técnica. Mucho camino se ha recorrido, pero todavía falta un largo trecho que lleve a proteger y aprovechar esta herencia natural.

En Costa Rica existen grupos sin fines de lucro dedicados a la exploración y la documentación del mundo subterráneo. Esta labor es realizada por el Grupo Espeleológico Anthros: http://www.anthros.org/

Andrés Ulloa es geólogo, realiza su doctorado en karstología en Eslovenia y es experto en espeleología.

Guillermo Alvarado es doctor en geología y miembro de la Academia Nacional de Ciencias.