Tarea pendiente Nuestra historieta busca aún complementar sus estilos foráneos con un carácter nacional

 26 julio, 2015

Ana Cecilia Sánchez Molina

En medio de la diversidad de propuestas actuales, las publicaciones del llamado comic tico rompen con la tradición gráfica y temática pues recurren a lenguajes y estilos extranjeros, sobre todo de los Estados Unidos y el Japón. En 1997, Camaleón el Cómix se erige como el prototipo e inaugura el cambio al asumir el término estadounidense “comix”, cuya “X” (X-Rated) connota la rebeldía hacia el código de los comics.

Lo siguen K-Oz Comic , Plan 9, Neozaga Fanzine, la revista NeoZaga V2.1 (“versión 2.1”), Shonen Comics , la revista Fotocopia (son fotocopias grapadas), Ultracomics, E l Zarpe Comics, Zarpe A. C., Coin Comics, Otaku Mangazine, Animé Club, Shinto, Manga-K, etcétera.

En este impulso al comic , la firma Asesores Gráficos ha tenido su parte. Además de publicaciones y actividades dentro y fuera de su empresa-escuela, en 2007 lanza el Colectivo del Comic Costarricense, recopilación antológica de la historieta tica que congrega a 18 artistas noveles y veteranos (solo dos mujeres), con sus distintas propuestas, estilos y objetivos.

Aunque predomina el comic, aquel libro no se limita a él. En un país donde los caricaturistas suelen ser desconocidos, Roberto Guillén (cofundador de la firma) lo recuerda como un momento maravilloso, cuando fueron “elevados a la categoría de rock star gráficos ”.

Temas y pretextos. Los fans del comic y del manga ticos realizan encuentros periódicos, donde exhiben y veden sus obras. Los nombres de sus pequeños grupos, los títulos de sus revistas e historietas revelan la tendencia que los congrega y que convoca mayoritariamente a la juventud.

Como otras publicaciones, algunas logran impresiones que no consiguen sostenerse –por ejemplo, Ángeles de Acero (Ticomik , Fabián Rojas)–. Estas revistas suelen venderse en tiendas especializadas: espacios para “iniciados”, donde los personajes imaginarios y los fans se reúnen. El webcomic es frecuentemente la opción viable.

Entre las revistas impresas recientemente cabe destacar la serie de Venganza Environ , de Fabián Andrés R. –guionista– y Antonio Salazar –dibujante– (Silver Pincer Comics, 2014), y Sheder Adventures, el libro de Malkuth (2014), de Eleana Herrera, y su mundo de ocultismo.

En la eclosión de autores y publicaciones, muchas grupales, las obras suelen mostrar talento y manejo gráfico, no así en el ámbito literario: a menudo, el relato y la ortografía quedan debiendo. Las historietas parecen ser el pretexto para dibujar una historia, con frecuencia, insulsa o reiterada.

Como los comics y mangas que emulan, las creaciones nacionales suelen circunscribir sus temas a la violencia, la muerte y el sexo: lo que vende. Así, borran –ilusoriamente– las características locales y regionales para acceder al mercado global, comprador viable. En el contexto –y la descontextualización– actual, ¿es aún posible una producción “glocal” (global + local), según la terminología de Néstor García Canclini? En la actual tendencia, la animación incluida, parece que es más una marca de origen.

Reconocimiento foráneo. El trabajo de dibujantes y de empresas dedicadas a la publicidad y la animación digital ha sido reconocido en el extranjero: de calidad internacional, ha recibido premios y estímulos.

John Timms, Franco Céspedes y Daniel Mora ilustran historietas de los grandes sellos editoriales del comic a partir de los guiones que reciben. Asimismo, algunos estudios crean proyectos digitales destinados al mercado exterior, también a partir de guiones ajenos, o colocan sus producciones allí –incluidas las animadas–. El consorcio Costa Rica Animation Holding (CRAH) integra seis firmas y cuenta con el apoyo de PROCOMER y CAMTIC.

Como todo lenguaje y producción cultural, la historieta evoluciona con los medios y técnicas disponibles: montada sobre las tecnologías, profundiza su condición audible representada gráficamente y da rienda suelta al movimiento. Al igual que la impresa y digital, la historieta en movimiento (animación) es un relato en imágenes.

Participar en la industria mundial reconoce el talento del artista, pero no desarrolla +per se la producción nacional ni el ser profesional. Más allá del chonete y el Cadejos, debemos preguntar: ¿en qué sentido el comic tico sigue siendo tico? ¿Dónde queda registrada la huella nacional y dónde su aporte al desarrollo de una propuesta local, regional o mundial? Hace más de 500 años, los indígenas subvirtieron las imaginaciones colectivas y estamparon su huella en las catedrales.

Apoyo público y privado. Desde el 2011, Sarah, una propuesta de animación digital del CRAH, no ha conseguido financiamiento local para su desarrollo. Interesados en exportarla, Sarah sería una película de tema universal, pero el mercado nacional es muy pequeño para solventar los costos de producción.

Pese a la presión global, hoy parece existir un público nacional, un mercado que apoya la producción criolla. El éxito taquillero de Maikol Yordan de viaje perdido muestra que una comedia tica puede superar a grandes animaciones mundiales en audiencia, y que lo propio también convoca. En el ámbito musical, Malpaís es otro caso ejemplar. ¿Será posible que estos milagros ocurran con la historieta y la animación nacionales?

Parte constitutiva de la cultura, la historieta –fija o en movimiento– requiere apoyo y políticas concretas. Los esfuerzos individuales y grupales son poco amparados por las instancias públicas y privadas: son sueños sin suficiente espacio de tiempo y, por consiguiente, de dedicación de los soñadores –hombres en su gran mayoría– y de recursos económicos que les permita solventar los costos de edición, exhibición, distribución y venta de sus obras (revistas, libros, filmes, etcétera).

No obstante, la animación ha logrado un mayor desarrollo porque, además de los esfuerzos individuales, ha contado con el soporte de empresas dedicadas a la publicidad y la animación digital; pero la factura mundial le ha impuesto una fuerte tendencia en estilos y lenguajes foráneos.

Aunque no represente hechos históricos, la historieta –fija o animada– es parte de nuestra historia. La historieta nacional ya goza de una larga tradición entre el humor y la seriedad absoluta, el habla popular –a veces, dialecto pachuco– y la norma general, entre la política y el deporte, la educación y la aventura, los héroes y superhéroes propios e importados; con finales cerrados o abiertos, temas propios o universales; para un público local o mundial, infantil o adulto.

Como la novela, la historieta no busca un efecto único: teje los hechos en secuencia y narra en imágenes la realidad –o irrealidad– que plantea. Ya el escritor Julio Cortázar, quien coqueteó con la historieta, planteó: “[El comic ] es como un cine inmóvil, un relato en el que participan la imagen y la escritura, el guion con todo su contenido intelectual y los personajes representados por una pluma capaz de darles vida y conectarlos con la sensibilidad del lector-espectador”.

Hoy sabemos que la historieta es también un cine móvil, otro cine; pero siempre, un espejismo de vida.

La autora ha publicado los libros ‘Historia del humor gráfico en Costa Rica’ (Editorial Milenio, 2008) y ‘Caricatura y prensa nacional’ (EUNA, 2002).

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