‘Pecado original’. La artista expone 17 monotipias de gran formato en la Galería Nacional

Por: Víctor Hurtado Oviedo 13 septiembre, 2015
1. Marcia Kahlo . Monotipia al trazo. 215 x 145 cm. Año: 2015.
1. Marcia Kahlo . Monotipia al trazo. 215 x 145 cm. Año: 2015.

Marcia Salas tenía una amiga concentrada en la actualidad de su propia cintura: se la medía luego de comer “de más” y exclamaba si pensaba que había crecido: “¡Qué pecado!”. Esta amiga no descubrió que ciertas insistencias hacen que uno sea pesado sin engordar. De tal obsesión ajena, Marcia conservó ideas que le han servido para ofrecer exposiciones que aluden al cuerpo humano y a ella misma.

Esta vez, en la Galería Nacional, Salas exhibe 17 monotipias al trazo en grandes formatos, algunas monocromáticas, y otras con colores. En todos los trabajos figuran personas: Marcia, su esposo, su hija y gente cercana a la artista.

Pecado original es la más reciente muestra de la serie formada por Virtudes y pecados (2000), La virtud de pecar (2002) y Pecados virtuales (2005), por la que Salas recibió el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría de Artes Plásticas. Para Marcia, el “pecado” es la tentación de comer.

¿Cómo ha hecho Marcia estas obras? Ella corta amplios trozos de pelón (entretela): un tejido duro usado en sastrería para dar, por dentro, consistencia a algunas piezas de vestir.

Salas esparce luego tinta de grabado sobre una tabla más grande que la pieza final y coloca el trozo de pelón encima de la mesa, como si esta fuese una hoja de papel carbón que “manchará” una hoja en blanco.

Con una punta de metal, sobre la tela, Marcia dibuja la figura, que no puede ver, pero que se va marcando por debajo del pelón al pegársele la tinta. Luego levanta el pelón y ve la obra hecha, que ya puede colorear con tizas pastel.

Salas no hace bocetos, sino que improvisa sobre el pelón; por esto son dibujos alla prima (expresión italiana por “a la primera”). La técnica es una monotipia ya que se produce un solo ejemplar.

“Durante diez años repetí algunos elementos, como la imagen frontal de los personajes y la posición fija de las manos; pero después quise variar: las figuras revelan ahora movimientos y las vemos desde varias perspectivas”, expresa Marcia.

Al entrar en la sala, la mitad izquierda equivale al hemisferio izquierdo del cerebro: la parte racional –nos dice–. El lado derecho de la sala representa el otro hemisferio: la parte emocional.

Marcia Salas es una artista que sabe dibujar –lo que ya es mucho en estos tiempos–, de modo que su trazo es firme, aunque algunas de sus figuras se hayan estilizado hacia lo ancho, como si las viéramos desde abajo: las piernas y las caderas amplias, y las cabezas pequeñas. Ella está en varias de las obras que hizo.

Marcia habla con buen humor de su sobrepeso natural: lo ha aceptado, lo ha convertido en arte y ha escrito sobre él: “Viéndome aquí unas libras de más, más hermosa, menos tonta, más abierta y sin vergüenza. Un pastel de pollo, un lomito asado, manzanitas, melocotones, ¡pecados sin igual!”.

En la primera obra, Huesos , la artista aparece como un esqueleto dentro de su silueta. A la par, Músculo la dota de tejidos . La suma de ambas imágenes deriva en La musa , donde Salas ironiza con parecerse a la Venus (1486) de Sandro Botticelli.

Marcia revela un gran conocimiento de la anatomía humana, desafío esencial para los auténticos dibujantes.

“En la UCR, mi profesor de dibujo anatómico fue Carlos Arroyo; también fui alumna de María Paz Zumbado y de Adrián Valenciano, entre otros maestros”, recuerda la artista.

“Yo soy sincera cuando hago estos trabajos, y por eso me retraté cansada o alegre si así me sentía. Unas veces me idealizo, otras veces no”, nos confía Marcia.

¿Qué es ese corazón? “Es un mango: me encantan los mangos de Paso Canoas, donde crecí. Me hacen recordar la naturaleza y la gente que conocí entonces”, expresa la artista. El mango volverá en trabajos siguientes.

Los juegos continúan en una divertida evocación del pecado original en el Paraíso Terrenal: Evo Arias (Mínor, esposo de Marcia) lleva una manzana que le dará a Adana Salas ; a su vez, ella corresponderá brindándole una sopa de frijoles.

En el centro, una obra es la síntesis: Contigo bailo la mascarada con maracas de cereza . Evo y Adana se sobreponen en una figura que parece tener cuatro brazos y cuatro piernas, como el mito platónico del andrógino: un ser que era mujer y hombre, pero que fue separado en dos personas de los sexos opuestos. Desde entonces, mujeres y hombres se buscan para restituir su unidad original.

En Divina familia , los cuellos de él y de ella se unen cual si fueran hermanos siameses: casi una restitución platónica.

“Me basé en un detalle de El jardín de las delicias, de El Bosco. Él añadió una lechuza, pero yo quise hacer algo más cercano y pinté un tucán”, detalla Marcia. ¿Y la sopa de frijoles?: “Viera qué bien que me queda”.

La consecuencia de la unión de Evo y Adana resultó Mi corazón es un mango , donde la mujer aparece embarazada, y el corazón-mango irradia sangre –más bien, dulzura– a la niña que se gesta: María del Mar.

El “hemisferio derecho” de la exposición se inicia con una hermosa monotipia en la que el personaje (la artista) aparece vestido con una pollera similar a las que regalan en Panamá a las muchachas cuando cumplen los 15 años. Marcia imaginó el diseño del vestido. “Yo nunca tuve una pollera, pero la tengo ahora, aunque sea de fantasía”, explica.

Marcia Kahlo es un homenaje a la pintora mexicana Frida Kahlo inspirado en un autorretrato de esta: Diego en mi mente (óleo de 1943). “Imaginé el traje que lleva, pero después supe que diseños similares hay en un lugar de México”, anota la artista.

La admiración de Marcia Salas por el óleo Las meninas, de Diego Velázquez, se confiesa en tres monotipias. Marcianina es la propia creadora, pero menos madrileña y más costarricense pues la guaria morada se centra en el pecho, y unos jocotes tronadores decoran el vestido. “La base de la enagua es también una brocha”, explica Marcia, y es cierto.

Labriega sencilla es un retrato “a la menina” de María del Mar, hija de Salas, acompañada de Frida , perra mascota de la familia. En Infantas Salas nos visitan la hija de Marcia y su sobrina, con manzanas, peras y Frida.

Aparte de los leves toques de color, los tonos sepias de las obras sugieren tiempos ya pasados, fotos de familia en las que están quienes ya no están.

Las ninfas alude al cuadro homónimo de 1899 del pintor austriaco Gustav Klimt, pero es más colorido: con naranjas, con alas... Marcia y su hija flotan en la alegría, más calurosa que el mar.

Con humor, Las tres Marcias recrea Las tres Gracias (1636), de Peter Paul Rubens, tema mitológico que también habían celebrado Rafael Sanzio en Las Gracias (1505) y Sandro Botticelli en La primavera (1478). Una Gracia de Salas aparece embarazada, y otra lleva lentes para el sol: o sea, una Gracia hace una gracia.

Por último, Árbol de los agradecimientos es una pintura-témpera alla Klimt sobre una pared: un mundo hipercromático, unas flores de papel, un tronco que se va por las ramas...

Marcia Salas (1967) ha ofrecido 21 exposiciones individuales y ha participado en 90 exhibiciones colectivas; asimismo, ha recibido nueve premios nacionales y tres internacionales.

Esta cuidadosa artista también hace grabados en metal y en madera. Dos de sus maestros del grabado fueron Rudy Espinoza y Alberto Murillo, recuerda la creadora.

Salas también hace pinturas: “Allí se me sale mi alma rural: caballos, vacas..., pero no de una manera realista”, describe, y señala a Rafa Fernández y a Fabio Herrera como dos de sus manes artísticos en sus comienzos.

El próximo año, en Düsseldorf (Alemania), Salas expondrá grabados de gran formato junto con otros artistas costarricenses.

La historiadora del arte María Enriqueta Guardia ha escrito:

“Esos autotrazos evidencian que Marcia es consciente de la importancia de la locura de crear, de lo bello de la existencia, de hacerlo conscientemente, y así disfrutar de los suyos, de la maternidad, de la sensualidad, de lo que la rodea y, sobre todo, de poder reírse de sí misma, y de la aventura que es vivir”.

La muestra de Marcia Salas es una lección de buen humor con trabajo en serio; una exhibición de firmeza en los trazos y de levitación en los motivos; un amor por los detalles en la inmensidad de los formatos... Gracias a Marcia Salas, el Museo de los Niños es un paraíso terrenal del arte.

Pecado original se expondrá todos los días hasta el fin de septiembre en la Galería Nacional (dentro del Museo de los Niños). Teléfono 2223-3551.