Publicamos el prólogo, escrito por el conocido autor mexicano, del libro que ganó el Premio Nacional de Ensayo, de forma compartida.

 21 febrero, 2016
Carlos Cortés fue seleccionado como finalista del Premio de Novela Rómulo Gallegos por su obra Largo viaje hacia mi madre (Alfaguara, 2013).
Carlos Cortés fue seleccionado como finalista del Premio de Novela Rómulo Gallegos por su obra Largo viaje hacia mi madre (Alfaguara, 2013).

Si algo sorprende en La tradición del presente , de Carlos Cortés, es la mesura y la lúcida distancia con que retrata un mundo que, como él mismo reconoce, parece haberse extinguido: esa Edad de Oro de la literatura latinoamericana que se extiende entre la publicación de Ficciones de Jorge Luis Borges y Pedro Páramo , y el Premio Nobel concedido a Mario Vargas Llosa en 2010. Más que como un periodista o un crítico literario –aunque destaque en ambas disciplinas–, Cortés se comporta como un arqueólogo capaz de desenterrar, limpiar, estudiar y exhibir esas reliquias de una civilización extinta, de ubicarlos en su contexto y de analizarlos con la pericia y el amor que solo puede tener alguien que ha dedicado su vida a esta apasionante empresa.

Conocí a Carlos Cortés en el que, para los escritores de mi generación, resultó un encuentro mítico: la reunión organizada por la editorial Lengua de Trapo y la Casa de América de Madrid en 1999 ,con motivo de la aparición de la antología Líneas aéreas . Yo acababa de publicar En busca de Klingsor y allí pude encontrar a quienes serían desde entonces mis compañeros de batallas: de Edmundo Paz Soldán a Alberto Fuguet, de Alejandra Costamagna a Fernando Iwasaki o de Rodrigo Fresán a Santiago Gamboa, por solo nombrar a unos cuantos. Entre ellos, Carlos destacaba por su sobriedad y su elegancia, así como por un humor sutil, casi británico, en medio de los excesos de tantos otros de los participantes. Poco después lo reencontré en San José de Costa Rica, un país al que me une un cariño especial, y desde entonces nos hemos encontrado en distintas partes del mundo, si bien no con la frecuencia que nuestra complicidad exigiría.

Tras leer sus novelas y textos periodísticos, sumergirme en La tradición del presente no ha hecho sino confirmarme la peculiar simpatía que me une con él: si no fuera poco creíble decir esto en el prólogo a un libro que incluye un ensayo sobre una de mis novelas, diría que se trata de uno de los más lúcidos y serenos ensayos literarios que he leído en muchos años. Igual que Cortés, yo también creo que la literatura latinoamericana –o más bien la narrativa latinoamericana– ha desaparecido en nuestros días. Nada queda de aquella sensación de hallarnos frente a una corriente colosal, en la cual era posible distinguir ciertos rasgos característicos –la imaginación, la fantasía, la crítica social, la ambición formal, la polifonía y los ecos del pasado–, como en ese periodo tan fecundo y tan anómalo encarnado por el boom y sus coetáneos.

Carlos Cortés fue seleccionado como finalista del Premio de Novela Rómulo Gallegos por su obra Largo viaje hacia mi madre (Alfaguara, 2013).
Carlos Cortés fue seleccionado como finalista del Premio de Novela Rómulo Gallegos por su obra Largo viaje hacia mi madre (Alfaguara, 2013).

Era inevitable que sea así. Después que una horda de visionarios modelase ese corpus –esa civilización – a lo largo de medio siglo, la decadencia o la extinción de sus principios resultaba inevitable. Ello no implica, por supuesto, que al desaparecer la literatura latinoamericana hayan desaparecido los escritores latinoamericanos; solo que estos ya no son claramente identificables, no defienden los mismos principios estéticos y políticos y no se asumen como portavoces o conciencias de América Latina, como ocurrió en el apogeo de García Márquez, Vargas Llosa y Fuentes.

Sepultados los colosos, queda, sin embargo, otro mundo por descubrir, por revelar: el de aquellos que, queriéndolo o no, han seguido sus pasos. Esas nuevas especies que encuentran en el boom su antecesor común y su principal fuente de conflicto, con Bolaño como máximo ejemplo. En este panorama movedizo, Cortés nos sirve como el mejor guía posible. Se trata de alguien que, en vez de tener una hipótesis preestablecida, como tantos otros estudiosos, prefiere desmenuzar con cuidado extremo tanto los fenómenos generales como las conductas y las obras de los escritores de la región: esas especies mutantes que todavía no hemos sido capaces de clasificar.

Tras revisar las obras de algunos maestros latinoamericanos y de insertar tres magníficos perfiles de tres extranjeros imprescindibles, Cortés se lanza a explorar otras regiones, en particular el desarrollo que, a lo largo de los últimos años, ha tenido la crónica. A continuación se detiene a reflexionar y especular sobre su propia zona geográfica –esa siempre inasible Centroamérica– para luego dedicar algunas de las mejores páginas de La tradición del presente a examinar, con idénticas dosis de celo y de destreza, de cariño y de cuidado, algunos libros y autores que le parecen indispensables a la hora de trazar el mapa de nuestro tiempo. Conviven en sus observaciones toda clase de especies, marinas y terrestres, anfibias y voladoras, con puntos particularmente agudos al revisar el papel de los clásicos del boom e insertar, entre ellos, esas voces nuevas o discordantes tan necesarias para escapar de los prejuicios.

Quien se adentre en La tradición del presente , no dejará de sentir un punto de nostalgia al constatar el esplendor de un mundo ido, pero a la vez se quedará con la esperanza de que el Nuevo Mundo que Cortés anticipa se alza ya, con fuerza propia.

*Este texto corresponde al prólogo del libro.

La tradición del presente. El fin de la literatura universal y la narrativa latinoamericana.

Autor: Carlos Cortés

Miami: La Pereza Ediciones, 2015.

Presentación: Miércoles 24, 7 p. m., la Casona Iluminada (barrio Amón, 120 m oeste de la Alianza Francesa).

Texto a la venta en Libros Duluoz y en www.amazon.com