El domingo, el famoso salón de baile cerrará, luego de 49 años de ser epicentro del bolero y el swing criollo. El dueño se va a descansar y los bailarines se preparan para el adiós

Por: Yendry Miranda 5 noviembre, 2014
Concurrido. Aunque parece un local pequeño, el salón La Pista tiene espacio para 600 personas. La propiedad, que incluye el salón de baile y un taller mecánico, fue vendida a una asociación solidarista; no se sabe el futuro del lugar. Jeffrey Zamora/LN
Concurrido. Aunque parece un local pequeño, el salón La Pista tiene espacio para 600 personas. La propiedad, que incluye el salón de baile y un taller mecánico, fue vendida a una asociación solidarista; no se sabe el futuro del lugar. Jeffrey Zamora/LN

“ No sé qué va a pasar el domingo, no lo imagino”, confiesa María Elena Chacón al borde de las lágrimas, mientras se limpia el sudor que le sacó la última cumbia. La Pista , salón donde ha bailado durante los últimos 40 años, cerrará sus puertas el 9 de noviembre; con esto, se irá un mar de recuerdos, pero jamás sus ganas de bailar.

Es domingo, son las 3 p. m. Afuera hace frío, pero, puerta adentro, La Pista es un hervidero de cuerpos urgidos de swing y bolero criollo.

El local de 49 años de historia es oscuro y sin ventilación. Abrió sus puertas en 1965 con el nombre de Happy Land, años después, con la apertura de la ruta 32, este centro nocturno cambió de nombre.

En cada esquina hay muebles y aparatos eléctricos que no funcionan, pero eso a nadie le importa; el gentío solo quiere bailar.

En el recinto tibaseño, la dinámica está definida: termina una canción y, de inmediato, todos regresan a sus asientos. Apenas el DJ lanza la siguiente melodía, las parejas (novios o esposos) son los primeros en dirigirse a la pista de baile, mientras los caballeros solos se deslizan de un extremo a otro, con el sigilo de quien caza a una presa.

Van con actitud ganadora. A ellos no les importa si es la más bonita o risueña del lugar, a ellos les interesa la que baila mejor.

En sus mesas, las damas son selectivas. Abanico en mano, las señoras se refrescan mientras llega quien que las haga sentirse, literalmente, las reinas del lugar.

La petición, a veces, es formal: “¿Vamos, machita?”, le dice un galán de pelo blanco y sonrisa pícara al extenderle la mano a una de las muchachas.

Otras veces no dicen nada, solo hay un gesto: ellos se acercan y levantan la barbilla, como quien dice “diay qué, ¿vamos?”.

Como juezas experimentadas, ellas les dan una mirada rápida de arriba a abajo y lista la sentencia.

Si dan el ‘sí’, dos pasos después se han unido al pelotón de bailarines, quienes, para ese momento, hacen vibrar la edificación. Las pocas que dicen ‘no’ esperan al indicado.

La música la pone un amigo de todos: Víctor Quesada. A él lo conocen por su trabajo en el recinto tibaseño, pero también porque es el DJ de Crepúsculos Dorados, bailes que hace la Municipalidad de San José cada viernes en el polideportivo de Aranjuez.

Amado. El salón abre a las 2 p. m. Los clientes frecuentes llegan media hora antes para asegurarse los mejores puestos. Jeffrey Zamora.
Amado. El salón abre a las 2 p. m. Los clientes frecuentes llegan media hora antes para asegurarse los mejores puestos. Jeffrey Zamora.

Como administrador de los ritmos, Víctor sabe que a los clientes les gusta la cumbia y el bolero, pero también es consciente de que a la muchachada hay que darle variedad y, por eso, los alterna con merengue, salsa, rock y pop.

¿ Rock o pop? Claro que sí. Quien va a este salón por primera vez se impresiona cuando ve a los señores bailando Have You Ever Seen the Rain?, de Creedence; You Can Do Magic, de America, y Candida de Tony Orlando & Dawn.

¿Cómo se baila esto? Sencillo: de la misma forma en la que se baila el bolero criollo: cachete con cachete, bien apretadito.

Los clientes son exigentes. Cuando sienten que ya hubo muchos ritmos ‘modernos’, van y le tocan el hombro a Víctor para que les ponga aquella cumbia colombiana o el bolero de la Sonora Santanera que tanto les gusta.

El sonido del güiro anuncia la llegada de uno de esos temas que pone al público en movimiento: Virgen de la Candelaria , de la Sonora Dinamita.

Casi todo el salón se pone a bailar esta cumbia: un paso adelante y otro atrás, mientras se brinca; los más experimentados bailan con dos mujeres. Aquello es una fiesta de nunca acabar.

Son las 5 p. m. y en La Pista parece haber cambio de turno: quienes llegaron a las 2 p. m. regresan a sus casas abrigados e, incluso, algunas con los zapatos en la mano; otros entran recién bañados, dispuestos a arrasar con sus pasos.

Entre ellos aparecen Wálter Cupido Morales y Carlos Alberto Primo Jiménez, dos conocidos bailarines de la vieja guardia, íconos del swing criollo.

Ambos parecen poseídos al ritmo de los éxitos de Simba Musical y Los Billos Caracas Boys.

Pasan las horas y, en sus brazos, vemos chiquillas en tacones altísimos, mujeres con minifaldas infartantes y señoras entradas en años, pero bailarinas de primera. A todos solo les importa bailar hasta que el cuerpo aguante.

Entre canción y canción quedan los saludos para las parejas y los cumpleañeros. Además, se les recuerda a los bailarines que La Pista cerrará sus puertas el domingo 9, con una fiesta llena de sorpresas y rifas. “Hasta Danilo (Vega, dueño del lugar) va a bailar”, dice Víctor desde el micrófono. La despedida comenzará a las 2 p. m. y se extenderá hasta las 2 a. m. del lunes.

Hay un poco de nostalgia en el ambiente, pero las lágrimas no están permitidas, esas vendrán cuando llegue la última pieza.