La guerra prometida. Óscar Núñez Olivas ha publicado una magnífica narración histórica sobre la Campaña Nacional

 12 julio, 2015

Álvaro Rojas Salazar alvarors@hotmail.com

El sueño secreto de todo escritor de novelas históricas es hacer creer a los lectores que los acontecimientos que narra, esencialmente ficticios, son verdaderos. Su deseo consiste en hacer pensar que la historia fue tal y como él la cuenta. Darles voz a personajes más que conocidos en los libros de historia, llenar los espacios vacíos de una determinada época, mostrar los entretelones subjetivos de una guerra, imaginar la vida de ciudades olvidadas, reconstruir la geopolítica de una región, son todos aspectos que un narrador de raza no descuida.

No son muchas las guerras que se cuentan en la historia de Costa Rica; sin embargo, como para validar con ello la ley literaria que dice que la ficción se alimenta del conflicto, y que sobre las familias felices no se hace literatura, cada una de ellas ha dejado su herencia en textos de ficción.

La conquista española y las rebeliones indígenas tienen, entre las más destacadas novelas, a Asalto al paraíso , de Tatiana Lobo . La guerra civil del 48 dejó al menos siete novelas. La guerra de Coto de 1921, que se produjo por un conflicto limítrofe con Panamá, suscitó la crónica Coto , de José Marín Cañas y un capítulo en la novela Marcos Ramírez , de Carlos Luis Fallas.

De igual modo, la Campaña Nacional de 1856, que algunos consideran nuestra verdadera guerra de independencia, ha tenido sus aproximaciones literarias, pero, con la reciente y extraordinaria novela La guerra prometida (Editorial Alfaguara), del escritor y periodista Óscar Núñez Olivas, se publica la gran novela del 56 , de la que aún carece la guerra civil de 1948.

Con una narración ágil, diálogos fluidos y un estilo maduro y suelto, Núñez construye un mundo literario a partir de hechos y personajes que todos los costarricenses conocemos y que habitan nuestro inconsciente político.

En La guerra prometida se reconstruye el escenario completo de la invasión del filibustero norteamericano William Walker a Nicaragua, sus pretensiones de hacerse con toda Centroamérica (“Las cinco o ninguna” era su lema), y también la reacción de los gobernantes centroamericanos ante esta arremetida de un hombre que se creía predestinado y bendecido por la Providencia para llevar la luz de la raza blanca a una tierra de mestizos ignorantes, y para llevar las ideas y los intereses del sur de los Estados Unidos a una región que contaba con un paso interoceánico natural.

A fin de realizar su empresa, Walker se aprovechó de las luchas intestinas nicaragüenses entre los liberales de León y los conservadores de Granada, y se hizo acompañar de una banda de mercenarios, de expresidiarios, y de aventureros contratados en muelles y cantinas estadounidenses, quienes soñaban con encontrar tierra y fortuna en estos lugares lejanos.

Así era el ejército de Walker, improvisado, busca monedas y avaricioso, pero su estrategia no era aventurada: estaba incrustada en la lucha de fuerzas de la política norteamericana de esa época. De haber llegado la guerra a feliz término para los filibusteros, otro gallo hubiera cantado en la vida de mucha gente: de ahí su importancia capital en la historia de Centroamérica.

Esta obra es una novela de guerra, y en ocasiones parece una crónica de combates con descripciones precisas de táctica militar, pero es una novela de acción en la que, sin embargo, se construyen con profundidad las personalidades de personajes históricos como William Walker y Juan Rafael Mora Porras.

De la misma manera se hace con extraordinarios personajes secundarios y ficticios, como Nicasio Pérez, el campesino de memoria superdotada que le sirve a Mora como agente de inteligencia. Pérez le detalla con precisión las conversaciones que escuchaba en los salones que albergaban a sus enemigos políticos, como su cuñado, José María Montealegre, y Francisco María Yglesias, quien lo acusaba de ser amigo de los masones. Nicasio aparece tan real como el mismo Walker o como su amigo en el campo de batalla, Juan Santamaría.

En La guerra prometida , tan vivos son los personajes que protagonizan la épica, como emocionantes son las batallas entre costarricenses y filibusteros , o son tristes las descripciones de los efectos de la peste del cólera.

La novela narra las vidas de Walker y Mora en capítulos intercalados que llevan el nombre de las ciudades en las que transcurre la trama; en ellos se cuenta lo que piensan y hacen estos hombres atravesados por el poder y a quienes parece mover el destino, a veces a vencer, a veces a fracasar.

Walker odia a Mora y tiene razones para ello. Este mestizo soberbio –tal y como él lo llama– no lo reconoció como presidente de Nicaragua y frustró todos sus planes de extender el dominio y la ideología sureña y esclavista a las cinco repúblicas centroamericanas.

En la novela de Núñez, Juan Mora Porras es un cafetalero rico; un político mañoso, valiente y tenaz; un líder indiscutible que es amado por su gente y odiado por sus rivales, hombres a quienes él se ha encargado de dañar.

Mora es presentado como un héroe libertador, quien, sin embargo, cae en desgracia por su adicción al poder. Esta lo lleva a ser fusilado en Puntarenas a manos de sus enemigos de siempre, que compraron, con monedas de traición, a los más altos mandos del ejército del que Mora había sido comandante en jefe.

La misma hambre de poder lleva a William Walker a caer fusilado en Honduras. Ambos murieron intentando recuperar lo perdido, lo que no vuelve. Sus vidas paralelas, enfrentadas por el lugar que ocuparon en la geopolítica de sus países, son ambivalentes, trágicas y épicas, cercanas y distantes.

Con sus muertes acaba la novela, que al final es solo un invento de Óscar Núñez . Sin embargo, los lectores nos la creemos como si fuese el más veraz de los documentos históricos que se hayan escrito sobre la guerra contra los filibusteros del siglo diecinueve.