La Academia está atenta a los cambios del habla

 31 agosto, 2014

Estrella Cartín de Guier

D ice Gabriela Mistral que «la lengua es nuestra segunda posesión después del alma y quizás no tengamos otra sobre la tierra». En efecto, el lenguaje es el medio que hace posibles todos los logros y las conquistas culturales de la humanidad. Sin él, nada de lo que el ser humano ha inventado o pensado podría haberse preservado ni comunicado.

El lenguaje preserva la herencia cultural de la humanidad. Además, la lengua refleja la aventura existencial de una comunidad; toda la historia del grupo hablante va quedando plasmada en ella. Por esto, a la lengua se la ha llamado «biografía de las naciones», «espejo de la civilización», «depósito de la cultura», y, como dice Unamuno, «la lengua es la sangre del espíritu».

En su conservación le cabe gran responsabilidad al hablante. La lengua no es de las academias ni de los poderosos; pertenece a todos, en todos vive y para todos es. Dice Amado Alonso que «una lengua ha sido lo que sus hablantes hicieron de ella, será lo que hagan de ella».

Es deber ineludible de quienes dirigen una sociedad educar lingüísticamente al individuo, despertar su sensibilidad, persuadirlo de que asumirá más plenamente su calidad de ser humano si usa con mayor precisión ese valioso instrumento de manifestarse ante el mundo; igualmente, es su deber convencerlo de que quien no conoce su lengua vive pobremente.

Es misión sagrada de las academias de la lengua despertar a los dormidos e indiferentes al idioma; persuadirlos y enseñarlos a respetarlo y amarlo, a enamorarse de él. Su función es resguardar la lengua, mantener su unidad y dictar los códigos normativos.

Visión universal. En octubre del año pasado se cumplieron noventa años de la fundación de la Academia Costarricense de la Lengua, y durante este período se han experimentado grandes cambios.

Hoy, la Real Academia Española, junto con las veintiuna academias de América y Filipinas, que constituyen la Asociación de Academias de la Lengua Española, trabajan en pie de igualdad y tienen como principal objetivo «velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de los hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico». En la actualidad, las academias desarrollan una política lingüística panhispánica que implica la colaboración de todas en las obras que sustentan y expresan la unidad de nuestro idioma en su rica variedad.

Entre las obras de la Asociación que materializan dicha concepción están los grandes códigos normativos: el diccionario oficial, el Diccionario panhispánico de dudas , la Nueva gramática , la Ortografía y El buen uso del español , la más reciente, en cuya elaboración la Academia Costarricense desempeñó un papel relevante pues uno de nuestros colaboradores coordinó las observaciones formuladas por todas las academias.

Nuestra labor es quijotesca, desinteresada y nos alienta el amor a nuestra lengua y la convicción de estar contribuyendo al desarrollo cultural del país.

La autora es presidenta de la Academia Costarricense de la Lengua